El 14 de octubre Brasil tuvo el primero de los cuatro debates presidenciales previstos entre Aécio Neves y Dilma Rousseff, de cara a la segunda vuelta electoral el 26 de octubre. Este evento fue transmitido por la cadenas Bandeirantes y alcanzó el máximo rating televisivo en el prime time.

Para la primera vuelta hubo en Brasil seis debates presidenciales que, de acuerdo a lo que establece la ley electoral, incorporaron a todos los candidatos en condiciones de competir por la presidencia. Allí se referían a la presidenta Rouseff como candidata Dilma y, en varias ocasiones, los protagonistas intercambiaron frases con humor en medio de la tensión y la rigidez propia de estos eventos.

Desde hace varias elecciones, en Brasil los debates presidenciales son un hito insoslayable de la campaña. Bajo diversos formatos, los candidatos recorren los principales temas de la agenda pública, incluyendo cuestiones económicas, de distribución y derechos sociales. Y cada debate alcanza una audiencia similar a las principales novelas que dominan el prime time de la noche. Otros países de la región también han establecido el debate presidencial de manera irrenunciable.

La Argentina es una excepción (también Uruguay, Bolivia y Venezuela). En nuestro país el cálculo táctico de los candidatos, especialmente si hay uno que lleva una ventaja considerable sobre el resto, ha primado sobre la cultura política de realizar debates. Nunca en la historia argentina se llevó a cabo un debate presidencial. Es curioso, sobre todo porque se trata de un país que todos los días debate la política en el prime time de los programas de interés general.

O quizás esa sea precisamente la razón principal por la que hasta ahora no ha sido posible lograr un debate presidencial mejor producido, profundo en los intercambios y con foco en los grandes temas del desarrollo argentino.

La cultura política local en relación a los debates está entrampada en un mal equilibrio, producto de la conjunción de una oferta política tacticista al extremo y una demanda social incipiente pero no protagónica.

Los políticos libran una batalla por minutos de exposición frente a grandes audiencias. El objetivo de ganar conocimiento prima sobre la aspiración de proyectar un determinado posicionamiento frente a los grandes temas nacionales. Hasta ahora, en la opinión pública no ha habido una clara manifestación de expectativas de debate entre los candidatos a presidente. Aquellos que se han negado a debatir no tuvieron repercusión electoral negativa, como ocurre en otros países con mayor tradición de debates. En suma, el debate presidencial en la Argentina no ha alcanzado la categoría de bien público de interés público.

La elección de 2015 augura un escenario de paridad entre varios candidatos. Al mismo tiempo, la culminación de un periodo político de larga permanencia abre la puerta a una discusión profunda sobre la agenda de desarrollo que el país requiere.

Ambos factores configuran un escenario propicio para que los candidatos expongan ante la sociedad y en clave diferenciada sus prioridades y visión de país que encarnan.

Para apuntalar este objetivo, la iniciativa Argentina Debate (www.argentinadebate.org) promueve una gran coalición multisectorial para mejorar la calidad del debate sobre desarrollo en la próxima elección presidencial.

Los presidenciables tienen la oportunidad de ser protagonistas de un nuevo equilibrio en la oferta política. Al mismo tiempo, Argentina Debate buscará generar condiciones de demanda ciudadana que permitan celebrar la consecución de hito de cultura democrática el año próximo.