La última semana de junio dejó una sucesión de señales que, leídas en conjunto, sugieren que la Argentina empieza a reconstruir su vínculo con los mercados internacionales de capital. El riesgo país descendió a 415 puntos básicos, con una baja del 5,25% en apenas cinco ruedas, y se consolidó en niveles que hace un año parecían lejanos. En paralelo, una empresa energética nacional dio un paso que ninguna compañía del país se animaba a dar desde hacía más de un lustro. La combinación de ambos hechos define el pulso de una semana en la que lo argentino y lo global parecieron, por una vez, alinearse.
El acontecimiento más significativo fue el de Genneia. La generadora de energía renovable presentó una solicitud para realizar una oferta pública inicial de acciones en la Bolsa de Nueva York, donde cotizaría bajo el símbolo GENN. Con ese movimiento se convertiría en la primera empresa argentina en salir a bolsa en los Estados Unidos desde 2019, poniendo fin a una sequía de más de seis años en los que ninguna compañía nacional se animó a buscar financiamiento en el principal mercado de capitales del mundo. La decisión de una firma del sector de las energías renovables no es casual, ya que se inscribe en el mismo impulso que atraviesa a todo el complejo energético argentino.
Ese complejo, precisamente, volvió a dar muestras de su vigor. La producción de petróleo alcanzó en mayo los 903.700 barriles diarios, lo que representó un incremento del 19,6% interanual y marcó un nuevo récord histórico para el país. El dato confirma el papel cada vez más central de los hidrocarburos no convencionales, dado que el yacimiento de Vaca Muerta explicó por sí solo el 69% de esa producción. La formación neuquina se consolida así como el corazón de la expansión energética que sostiene buena parte de las expectativas de crecimiento y de generación de divisas de los próximos años.
El frente exportador agrícola, en cambio, mostró un panorama más matizado. Durante junio, las empresas del complejo aceitero y cerealero liquidaron 3007 millones de dólares, lo que implicó un crecimiento del 12% respecto de mayo, pero una caída del 18% en la comparación con junio del año anterior. En términos acumulados, el sector lleva ingresados 13.378 millones de dólares en lo que va de 2026. La lectura es de un flujo todavía robusto en la comparación mensual, aunque por debajo del ritmo del año pasado, lo que introduce un matiz de cautela en un frente que suele ser determinante para la oferta de divisas del país.
En materia de actividad, sin embargo, apareció una señal de alerta que conviene no minimizar. El estimador mensual de actividad económica registró en abril una caída desestacionalizada del 1,5% respecto de marzo, aunque en la comparación interanual mantuvo un avance del 1,6%. Al observar el primer cuatrimestre completo frente al mismo período de 2025, el crecimiento acumulado fue del 2,1%. El retroceso mensual recuerda que la recuperación económica sigue siendo irregular y que los promedios acumulados conviven con meses de contracción, un patrón que se viene repitiendo a lo largo del año.
El mercado cambiario reflejó esa combinación de fortalezas y tensiones. Los dólares financieros mostraron subas en la semana, con el contado con liquidación avanzando un 1,74% hasta rozar los 1.567 pesos y el dólar bolsa trepando un 1,66% hasta los 1.522 pesos. El dólar oficial minorista, en tanto, se movió de manera más contenida. En el plano de las tasas, la de referencia mayorista en pesos cedió y el índice bursátil Merval, medido en dólares, retrocedió cerca de un 2% en la semana, en una toma de ganancias que no alcanzó a opacar la mejora del riesgo país.
El telón de fondo internacional resultó particularmente favorable. Los principales índices de Wall Street cerraron la semana con avances generalizados y en zona de máximos, con el S&P 500 subiendo un 1,75%, el Dow Jones un 1,97% y el Nasdaq un 0,72%. Ese clima de apetito por el riesgo se reflejó también en un dato contundente sobre el estado de ánimo de los grandes capitales. El mercado global de fusiones y adquisiciones alcanzó un récord histórico de 2,85 billones de dólares, un 50% más que un año atrás, impulsado por el auge de las megafusiones y liderado por los Estados Unidos, que concentraron más de la mitad de las operaciones. Que semejante volumen de transacciones se concretara pese a las tensiones geopolíticas habla de una confianza corporativa que trasciende el ruido de coyuntura.
En el terreno de las materias primas, el petróleo continuó su descenso, con el Brent cerrando en torno a los 72 dólares por barril, en línea con la distensión que siguió al acuerdo entre los Estados Unidos e Irán para frenar los combates en el estrecho de Ormuz y retomar las negociaciones. El oro, en cambio, siguió su marcha ascendente y superó los 4.180 dólares por onza, sostenido por su rol de refugio. En cuanto a la política monetaria estadounidense, el mercado descontaba en esos días una elevada probabilidad de que la Reserva Federal mantuviera su tasa de referencia en el rango vigente, aunque una porción no menor de los operadores ya anticipaba un eventual endurecimiento.
Dos noticias adicionales completaron el panorama global de la semana. Por un lado, el mercado laboral de los Estados Unidos mostró una estabilidad inesperada, con una creación promedio de 92.000 empleos mensuales en lo que va del año y una tasa de desempleo que descendió al 4,2%, aunque esa baja se explicó en parte por una menor participación laboral vinculada a jubilaciones y a la reducción de trabajadores inmigrantes. Por otro, la plataforma de criptoactivos Binance quedó fuera del mercado europeo tras no obtener licencia, luego de que la autoridad de mercados recomendara bloquear su aprobación por antecedentes en materia de lavado de dinero.
El balance de la semana deja una imagen alentadora para la Argentina, aunque con matices que conviene no perder de vista. La caída del riesgo país, el regreso de una empresa nacional a Wall Street y el récord de producción petrolera dibujan un país que empieza a reconectarse con el financiamiento y la inversión internacional. Al mismo tiempo, la caída mensual de la actividad y la liquidación del agro por debajo del año pasado recuerdan que la recuperación todavía es despareja. El contexto global, con los mercados en máximos y un apetito por el riesgo que no cede, ofrece una ventana de oportunidad. Aprovecharla dependerá, como casi siempre, de que la macroeconomía local logre sostener el orden que hizo posible esta mejora.