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El comercio electrónico en Colombia creció casi 20% en 2025, llegó a las 700 millones de transacciones y movió $145 billones. Los números son buenos. El diagnóstico de María Fernanda Quiñones, presidenta de la Cámara Colombiana de Comercio Electrónico (CCCE), es otro: el sector todavía no maduró, y las razones tienen más que ver con el Estado que con el mercado.

“El comercio electrónico no es un canal. Es un activador de desarrollo económico”, dijo Quiñones en diálogo con El Cronista Colombia. “Y si eso no se entiende desde la perspectiva de política pública, es muy difícil implementar acciones en todas las líneas para mejorarlo.”

La distinción no es semántica. Cuando el sector se lee como canal, la política pública se reduce a entregar herramientas: una página web, un marketplace, un QR. Cuando se lee como ecosistema, el problema es otro: conectividad real, apropiación digital, acceso al crédito productivo, logística en regiones, protección al consumidor. Todo junto, articulado, o no funciona.

Según datos de la propia CCCE, Colombia tiene el 77,8% de su población conectada a internet, por debajo del promedio regional, y solo uno de cada cuatro colombianos usa servicios financieros en línea con regularidad. Menos de la mitad realizó o recibió algún pago digital en 2024.

Las mipymes que se digitalizan y retroceden

El 97% del tejido empresarial colombiano son mipymes. Muchas se digitalizaron durante la pandemia y se volvieron a ir porque vieron la digitalización como un costo, no como una inversión. Abrieron canales digitales pero no integraron inventarios, proveedores ni la articulación con el canal físico. “No tenemos una digitalización que permita sacarle toda la eficiencia al canal digital”, dice Quiñones.

¿Quién es la ruta de digitalización de las mipymes? Los marketplaces. Y ahí aparece otro problema: cuando el Estado interviene sin entender los modelos de negocio, los daña. “Cuando me dicen que Mercado Libre tiene que responder cuando un consumidor está bravo, en lugar del vendedor, me desnaturalizan el modelo de negocio. Y si Mercado Libre se va o encarece, las mipymes pierden su ruta de digitalización.”

La geografía suma otro obstáculo. El comercio digital está concentrado en las urbes, pero hay ciudades con desarrollo importante en infraestructura portuaria y vial, como Barranquilla, donde ese avance no se traduce en crecimiento del e-commerce. “Eso no se compadece con el crecimiento que debería tener esa zona en comercio digital”, dice Quiñones, para quien la única forma de abrir esos mercados es con intervención pública. “El privado se preocupa por desarrollar las redes que le son eficientes a él. Es el Estado el que tiene que abrir nuevas oportunidades.”

Daniel Edo Ruiz

El IVA al comercio transfronterizo: un pañito de agua tibia

Desde enero de 2026 rige en Colombia el IVA del 19% para compras transfronterizas que superen los USD 50, bajando el umbral anterior de USD 200. Para el gobierno de Gustavo Petro es recaudación. Para Quiñones, es una solución insuficiente a un problema mal diagnosticado.

En el centro del debate está el de minimis, un principio del derecho aduanero internacional que establece un umbral de valor por debajo del cual las importaciones quedan exentas de aranceles e impuestos. La modalidad fue pensada en los años noventa para traer medicamentos urgentes o repuestos industriales, no para gestionar el volumen del comercio transfronterizo moderno. “Eso ya está reevaluado. Australia la retiró, Europa la retiró, Trump la está retirando. ¿Por qué? Porque ya no funciona para las dinámicas comerciales actuales.”

El agravante colombiano es específico: la interpretación del Ministerio de Comercio sobre el TLC con Estados Unidos dejó sin IVA todo lo que ingresara por esa vía por debajo de USD 200. “El TLC no dice eso en su literalidad”, afirma Quiñones, y el resultado es que los envíos chinos empezaron a triangular por Estados Unidos. “Estamos reventando el país de paquetes que no pagan IVA. Inditex paga IVA. Falabella paga IVA. Mercado Libre paga IVA. Y compiten contra eso.”

El decreto que redujo el umbral a USD 50 no resuelve el problema porque el ticket promedio de Temu y Shein es de USD 30. Los que superan esa cifra simplemente dividen los pedidos. “Tenemos un problema de contrabando complejo y de disparidad de cancha para el comercio que apostó al país.”

Pagos digitales e inteligencia artificial: dónde está la oportunidad

Quiñones es optimista sobre los pagos digitales en Colombia, aunque con matices. Bre-B, el sistema de pagos inmediatos del Banco de la República, podría ser la autopista hacia la cotidianidad digital: que pagar el pan o la droguería se haga por el mismo canal que hoy se usa para transferencias entre personas. “Estamos muy concentrados en el P2P, y eso no es comercio electrónico”, dice, y agrega que la CCCE está en conversaciones con el Banco de la República para avanzar en la medición y diferenciación de esas transacciones.

Sobre inteligencia artificial y comercio electrónico, el diagnóstico va a contracorriente. En un país con bajo nivel de digitalización, la IA no es una amenaza sino un atajo que permite hacer el catch-up digital de forma más rápida y económica. “Para un entorno empresarial tan poco digitalizado, la inteligencia artificial aparece como una ruta para digitalizarse de forma más económica.” El riesgo, dice, está en el legislador: “La aproximación legislativa que se tuvo en este período a la inteligencia artificial fue monstruosa. Una lluvia de proyectos de ley de gente que no entiende lo que está regulando.”

¿Cuándo sabremos que el sector llegó a donde tiene que llegar? Para Quiñones la respuesta es una cifra: la participación del e-commerce en el comercio minorista total. Hoy Colombia está en torno al cinco por ciento y la región promedia entre el 13% y el 15%. “Esto es un país que vive del comercio, no de la industria. Cuando lo digital penetre los intercambios de todos los días, ahí vamos a ver la madurez real.” El próximo gobierno tiene la oportunidad de entender eso desde el principio. El anterior, concluye Quiñones, no lo logró.