

Tras años de cuestionamientos por la limitada capacidad ofensiva en sistemas no tripulados, las Fuerzas Militares de Colombia dieron un paso que redefine su estrategia en zonas de conflicto. Por primera vez, el Ejército activó en operaciones reales un componente de drones de ataque.
La decisión representa un giro frente a críticas previas de expertos en defensa que advertían una desventaja tecnológica frente a grupos armados organizados. Ahora, un pelotón adscrito a un Batallón de Movilidad y Maniobra opera con cuatro aeronaves no tripuladas diseñadas para impactar estructuras criminales como disidencias y el ELN.
El despliegue se produce en regiones apartadas del país, donde el control territorial ha sido históricamente complejo. Con esta medida, Colombia se suma a la tendencia global de integrar tecnología aérea ligera en escenarios de confrontación irregular.

Cómo funcionan los nuevos drones de ataque
La información conocida indica que se trata de cuadricópteros equipados con mecanismos de liberación de munición desde una altura aproximada de 30 metros. Estos dispositivos permiten la caída vertical de granadas de mortero calibre 60 mm, con un alcance de afectación estimado entre 15 y 20 metros.
Aunque los detalles sobre modelo, procedencia y sistema técnico permanecen reservados, se descarta que correspondan al DRAGOM desarrollado por la industria aeronáutica nacional, ya que ese sistema emplea munición de 80 mm. El mecanismo de liberación, sin embargo, guarda similitudes con el diseñado por la industria militar estatal y previamente probado.
Munición nacional y retos doctrinales
Las granadas utilizadas son fabricadas por la industria militar colombiana en distintas versiones operativas y de entrenamiento, lo que facilita la logística al coincidir con el mortero de 60 mm ya extendido en unidades del país. Existen variantes inertes para prácticas y entrenamiento especializado.

También se producen versiones de alto explosivo para operaciones tácticas. Diseñadas para neutralizar objetivos protegidos o en campo abierto. El sistema comparte compatibilidad con el mortero ligero de 60 mm en servicio nacional.
Analistas en defensa señalan que el siguiente paso será integrar drones dedicados a reconocimiento y adquisición de blancos, elemento clave para maximizar la efectividad de este nuevo componente tecnológico en el campo de batalla.










