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Entre el 2 a 1 a Inglaterra en la semifinal y la final que se le escapó a la Argentina con España en el alargue, empezaron a aparecer en las redes caras que no eran de acá: extranjeros que alentaban a la Selección argentina y hablaban del asado con un fervor que los argentinos, a esta altura, reservan para pocas cosas. Olga Romanenko (@olka_hola, 163.000 seguidores en Instagram) es una de ellas: este año vivió por primera vez “la locura de alentar junto a los argentinos”.
A ella se le suma el estadounidense Joe Thompson (@foodtraveltoilets, 173.000) vino por la carne. “Llegué por primera vez en febrero de 2026 sin mucho plan más que comer todos los bifes que pudiera”, recuerda.
Por su lado, Dominic Hilton (@dominichiltonwords, 97.200), un columnista inglés que ahora también produce contenido, había vivido en varios países cuando se le presentó la posibilidad de probar suerte acá. Olga, que es rusa y tiene 31 años, llegó en mayo de 2024 con su marido, también ruso, y buscaba una sociedad abierta “donde se respete la libertad de expresión y sea seguro ser una misma”.
Olga y Dominic usan casi la misma frase para lo que sintieron al llegar. “Desde el primer momento me sentí como en casa”, dice ella. “Creo que el primer día ya supe que lo nuestro iba a funcionar”, dice él, y agrega que quedarse simplemente pasó: “Me sentía tan en casa que pensé: ‘Bueno, si esta es mi vida, estoy muy bien así. ¿Dónde más querría estar? ¡Este país lo tiene todo!’. Y es perfecto para un escritor”. Joe, de 42 años, pasó tres semanas, volvió a Estados Unidos sin poder sacarse la ciudad de la cabeza y en junio se mudó. “Lo que aprendí es que este país es mucho más que los bifes. Lo que hizo que este lugar fuera tan especial fue la gente.”
A la pregunta de qué les gusta, Dominic contestó con una lista que cualquier argentino firmaría: “Los bidets. El asado. El mejor helado del mundo. La mejor mujer del mundo”. Olga habla del “efecto Argentina”: “Acá aprendí a relajarme, a vivir más tranquila y a sonreír mucho más. Y el mate y el asado ya son parte de mi vida”.
Joe se fue por otro lado: “Los argentinos todavía tienen lo que la mayoría de los países perdió, el tercer lugar: el club, el bar, la plaza, la mesa donde la gente se junta sin ningún motivo comercial”. Cuenta que una mujer que conoció en un show de magia lo invitó a las pocas semanas a su cocina a probar su primer guiso de lentejas. “Eso ya no pasa en casi ningún lado, y no creo que los argentinos se den cuenta de lo raro que es”.
Contar la Argentina puede ser un trabajo
Olga sale a conversar con gente en la calle mientras aprende el idioma, “a veces sale divertido y con errores, pero recibo muchísimo apoyo”, y es monotributista que trabaja con marcas locales: “Busco que las colaboraciones sean naturales y alineadas a lo que le interesa a mi comunidad”. También creó su propia marca de ropa para perros.
Joe, que suma unos 470.000 seguidores entre Instagram, TikTok y Facebook, se hizo viral con sus videos sobre los sándwiches de miga, que llegaron a La Nación, 0223 y Noticias Argentinas. “La mayor parte de lo que gano viene de colaboraciones con marcas. Me encargo de todo yo, sin agencia”, explica. Este año trabajó con AXION Energy y con Sernatur, el organismo de turismo de Chile, que lo llevó a cubrir las Fiestas Patrias. Dominic casi no hace acciones comerciales.
No todos tienen exactamente los mismos planes, en cuanto al futuro: Dominic no tiene planes de irse. Olga quiere quedarse para siempre, en cuanto resuelva el tema de los documentos, y mientras tanto aprende a andar a caballo. Joe a principios de septiembre volvió a Estados Unidos y hoy vive en Nashville con su familia.Había dicho públicamente que quería hacerse argentino, y lo decía en serio.
“Cada vez que me sentaba a comer con alguien, en cada asado, la gente hablaba de su familia y después me preguntaba por la mía. Todas las veces”, cuenta. Conoció a los padres y a los hijos de amigos que, asegura, van a serlo para toda la vida, y en algún momento entendió cuánto extrañaba a los suyos. “La Argentina fue la que me hizo darme cuenta.” ¿Vuelve? “Algún día. Todavía no sé cuándo.”
