Una batalla. Con ese tenor calificaba François Hollande, tiempo antes de coronarse presidente, los primeros 100 días de mandato. Ni el período de gracia que regaló la opinión pública -monstruo al cual dice no temer- pudo detener el trajinar del discreto presidente, que ha mostrado por ahora tenacidad para afrontar la crisis económica que aqueja al Viejo Continente. Sin ser un líder carismático que otras generaciones conocieron, pero con una impronta laboriosa, Hollande suscita la esperanza de un país expectante tras el quinquenio del saliente Nicolás Sarkozy.
"El cambio es ahora". El leit motiv de su carrera presidencial se volcó en acción inmediata, tras la discreta ceremonia de traspaso de poder.
El flamante mandatario comenzó la tarea de reflotar el país en el concierto mundial preparando la Cumbre de la Unión Europea (UE), el encuentro con Barack Obama -a quien avisó del retiro de tropas en Afganistán - y el despliegue de puentes conectores con las economías desarrolladas.
El mismo día de su asunción, Hollande voló a Berlín para limar asperezas con la canciller alemana ngela Merkel, a quien había cruzado durante la campaña a raíz del pacto fiscal acordado a fines de enero por 25 de los 27 países de la Unión Europea. Alemania, principal acreedora de fondos de la zona euro, impulsó un polémico convenio que obligará a los países a contener el déficit fiscal y someterse a las sanciones del Banco Central Europeo (BCE) en caso de infracción. Sin embargo, luego del breve encuentro mantenido en Berlín, comenzó a vislumbrarse una flexibilización en la posición rigorista de Merkel, que entiende debe mantener el tono de cordialidad para encontrar una salida en conjunto a la crisis.
Para Marcelo Scaglione, especialista en Estrategia y Desarrollo Internacional, graduado de la École National d'Administration (cuna de líderes como Chirac, Jospin, Juppé, y el mismo Hollande), "Francia acepta el ajuste, pero sostiene que no puede pensarse sólo en recorte, sino que hay que generar medidas de crecimiento y empleo, porque si no se ingresa en un círculo vicioso de recesión que no acaba más".
Avalan esta tesis Italia y España que, a pesar de ser gobiernos de técnicos liberales y conservadores, salen beneficiados con la posición del socialista. La promoción de medidas anticíclicas (es decir, contra el ciclo alemán) suena más dulce que sólo echar mano a las tijeras, coinciden los especialistas.
Melisa Galvano, investigadora del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI), subraya la voluntad de una recuperación económica basada en el crecimiento y desarrollo. "Sin ir mas lejos, es el segundo presidente socialista luego de Mitterrand que defiende un sistema económico que tenga presente los aspectos sociales", arriesga.
Si bien existe una tirantez ideológica entre el líder de izquierda francés y la canciller democristriana alemana, Andrés Fink, especialista en Relaciones Internacionales de la UCA y la UBA, señala que "hay que distinguir las medidas que son pour la gallerie, donde están los anuncios resonantes, y las verdaderas medidas y movidas entre países, que tienen otra lógica".
La mayoría rescata el común acuerdo entre Merkel y Hollande para ajustar el déficit, promover la integración y fomentar el consumo.
En esta línea, el socialista promueve que haya créditos con tasas coherentes a la realidad fiscal de la región. "Esta generación de deuda haría que los países que hoy están pagando tasas de 7 ú 8 por ciento puedan endeudarse a niveles similares a los que maneja su balance económico y así mantener, por lo menos, el equilibrio presupuestario", señala Scaglione. Según reveló el Tesoro Francés, los galos ya se aventuraron en este camino, al tomar deuda por 4000 millones de euros y 2000 millones de euros (a vencer antes de fin de año) a tasas negativas.Con el sello HollandeTras la urgencia internacional, Hollande se hizo tiempo de atender la situación puertas adentro. A juicio de Bruno Lopistéguy, director de la Alianza Francesa en Buenos Aires, "Hollande es un hombre respetable e íntegro que traerá muchos cambios positivos para Francia y para su divulgación en el mundo".
Aunque falta para demostrar lo primero, Hollande ya logró lo segundo: el francés ganó los diarios cuando decretó, a poco de asumir, una reducción del 30 por ciento en su sueldo y el del nuevo gabinete.
Según publicó Le Monde, los 19 varones y 19 mujeres que forman el gabinete que dirige Jean-Marc Ayrault acordaron un "pacto ético" a fin de evitar conflictos de intereses: rechazar invitaciones privadas, devolver regalos cuyo valor supere los 150 euros, y elegir el tren como transporte prioritario son algunos de las nuevas medidas de austeridad impuestas en el Gobierno.
Este paquete compone la "agenda del cambio", como denominó Hollande al primer año de gestión. "Gobernar de otro modo" es la propuesta sin tapujos del socialista, quien pretende cambiar el aire enigmático que mantuvo en la campaña, atento al cerco que impone Bruselas y las grietas de la anterior administración.
Por lo pronto, se concretaron algunas medidas que buscan paliar la caída del poder adquisitivo: el salario mínimo aumentó un 2 por ciento en julio, y aunque el valor es anecdótico, atiende a reactivar el consumo. Además, se dio a conocer que los trabajadores mayores de 60 que hayan tributado desde los 18 podrán jubilarse con una pensión superior a la actual en 8,5 puntos.
La "agenda del cambio" también prevé sancionar una "ley de finanzas rectificativas", que ponga al país en la senda de la reducción del déficit a un 3% del PBI en 2013 y que genere el deseado equilibrio fiscal hacia mediados de 2017.
El paquete fiscal incluye la reducción del IVA del 21,2 al 19,6%, beneficios impositivos a quienes reinviertan utilidades, endurecimiento en el cobro del impuesto a las ganancias a las grandes sociedades (que ya no podrán deducir como en la era Sarkozy), y una suba del 75% en las cargas a los individuos que cuenten con más de 1 millón de euros en su patrimonio. Empero, la iniciativa del socialista de reducir las exenciones a los impuestos sobre las herencias rebotó la semana pasada en el Senado.La relación con la ArgentinaEn cuanto a su política exterior y más allá del vínculo con sus vecinos eruopeos, todo indica que en la relación del gobierno francés con su par argentino se mantendrá el statu quo. Para Galvano, "no existen indicios claros para pensar en cambios", mientras que Fink echa mano a la figura del "tren que va por los dos rieles" para graficar el estado de la relación. "Por un lado está el riel ideológico, por el que Francia va a mantener un acercamiento con países latinoamericanos de tendencia similar. Pero por el lado del riel económico sí podría haber un rechinar", dice.
La alarma se encendió esta semana ante la intención de Hollande de convocar al G-20 para fijar un tope en los precios de la soja, que elevó su cotización por la sequía en los Estados Unidos y hoy supera los u$s 600 la tonelada.
La medida afectaría al país, que espera una remesa de dólares provenientes de la oleaginosa. A pesar de ello, desde la Cámara Franco Argentina (CCIFA) coinciden en que no habrá sobresaltos en lo inmediato.
De aquí a junio de 2013 quedará el debate sobre la transición energética, el voto extranjero, la creación de un Banco de Inversión para financiar pymes y la reforma previsional. Pero los primeros 100 días ya han marcado la tónica de lo que François Hollande busca, según predica públicamente, en tiempos de cinturones apretados: gouverner autrement, es decir, gobernar de otra manera. z we