La idea de que la inversión pública en infraestructura es un motor para el crecimiento es algo que domina la agenda nacional y eso se evidencia en este período de la campaña electoral. Pero mirando más de cerca, sin embargo, hay poca evidencia científica que vincule el auge de la inversión pública al crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI). Tampoco que tenga efectos significativos en el potencial de crecimiento en el largo plazo. De hecho, lo que se observa al estudiar diferentes casos en países con ingresos bajos y medios es una disminución en el crecimiento económico después de un gran gasto en infraestructura.
El controversial estudio es parte de un trabajo publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y escrito por Andrew Warner. Según el autor, la investigación muestra que en la mayoría de los casos, estos ciclos de inversión son financiados con una emisión de deuda y basados en pobres estudios técnicos, que fallan en determinar los costos y los plazos.
Más allá de eso, muchos proyectos muestran problemas de corrupción o bien son cooptados por grupos de interés. El estudio también muestra que al invertir grandes sumas, el sector público acaba alejando a los inversores privados, en un fenómeno conocido como crowding out.
Estas evaluaciones muestran que las inversiones públicas son más propensas a tener éxito si los gobiernos no actúan como en el pasado, toman en serio las cuestiones técnicas y toman cuidados durante el proceso de decisión para que los intereses de los agentes no distorsionen la asignación de la inversión, concluye el autor.
Para llegar a estas conclusiones, Warner seleccionó episodios de auge en inversión pública y testeó por medio de herramientas matemáticas si el crecimiento fue mayor después de estos eventos. El estudio se centró en cinco casos, tres de los cuales comprueban la tesis (Bolivia, México y Filipinas) y dos que la contradicen (Corea y Taiwán), aunque su éxito no sea tan profundo.
Según el autor, es difícil encontrar un ejemplo donde una fuerte inversión pública sea seguida por la aceleración del PBI. Si hay una cosa que está clara en los casos estudiados, sucede todo lo contrario, dice el texto. En el caso de Etiopía, donde varios indicadores mejoraron en la última
década, es muy difícil establecer una causalidad directa.
El rápido crecimiento de Corea del Sur y Taiwán comenzó antes de los impulsos provenientes de la inversión pública, que, según el autor, fueron modestas en comparación con el tamaño de las economías. Y los casos de crecimiento constante, como China y Vietnam, fueron provocados por la abolición de los controles de precios en el sector agrícola y no precedidos por cambios en este tipo de inversiones.
¿Todo esto indicaría que los gastos en inversiones de infraestructura y de capital público no son productivos? Según el autor probablemente no, pero los resultados obtenidos en el estudio son un golpe a la idea de que las grandes inversiones públicas tienen impacto positivo en la economía por sí mismas, además poner en duda la importancia de los incentivos y externalidades positivas que motivan y subyacen a los discursos a favor este tipo de inversión.
El autor también dedicó su trabajo a investigar si los movimientos del sector público llaman a mayores inversiones en el sector privado (crowding in) o simplemente los ahuyenta (crowding out). Y la evidencia encontrada sugiere esta segunda opción ya que los booms públicos muestran una asociación con las caídas de los gastos privados como porcentaje del PBI. Este efecto se observa también en el largo plazo.
Según el estudio, el aumento de la esperanza de vida, las menores primas de riesgo en los mercados y una mayor amplitud del sector financiero son los vectores asociados con el aumento de la inversión privada. La profundidad del sector financiero está más fuertemente asociada con mayores tasas de inversión privada que con el crecimiento económico, escribe, y señala que otras dos variables, como la inflación y el aumento de las exportaciones tienen una baja correlación con la inversión privada.