El papel de la política fiscal en el control inflacionario no cambió de forma significativa pasado el primer semestre del año. El gobierno registró el superávit primario más bajo de la serie histórica en los primeros siete meses de 2014.

Los analistas consultados indicaron que la contribución de la política fiscal es hoy neutral o ligeramente negativa, es decir que obstaculiza un poco el trabajo del Banco Central. El ente monetario, a la vez, trabaja con una métrica diferente para calcular cómo las cuentas del gobierno golpean el comportamiento de los precios.

Lo que preocupa a parte del mercado es que el próximo gobierno, cualquiera sea, tendrá que enfrentar el dilema fiscal. El esfuerzo que se necesita para mantener estable la relación deuda y Producto Bruto Interno (PBI) aumentó y el riesgo de no conseguir ese apriete fiscal es un rebajamiento de la nota de crédito soberano del país, que sería consecuencia, justamente, de ese deterioro deuda/PBI, que vendría con un aumento del costo de financiamiento de la deuda, según economistas y especialistas en cuentas públicas.

Pare revertir ese escenario sería preciso tener un plan claro para cambiar de ruta y señales de que se está caminando en ese sentido.

La relación deuda/PBI viene deteriorándose desde comienzos de 2014, entre otros factores, por la caída del crecimiento, que es un denominador en esa ecuación. En julio, la deuda líquida sobre el PBI (que considera las reservas internacionales) subió a 35,1%, la más alta desde abril de 2013. Considerando la deuda bruta (que excluye reservas más operaciones que están comprometidas), la relación subió a 59%, la más alta desde julio del año pasado.

Por las cuentas del equipo de Kapitalo Inversiones, el año cerraría con un déficit estructural de cerca de 0,5% del PBI, desde un resultado promedio positivo de 0,8% del PBI en 2013. Lo que indica una política fiscal expansionista y que no ayudó al BC en el control de la inflación (impulso fiscal positivo). Pero eso ya está en la cuenta, lo que importa es la visión prospectiva.

Según el socio y gestor de Kapitalo, Carlos Woelz, para llevar la variable fiscal al nivel necesario para estabilizar la relación deuda/PBI y que no aumente el costo de financiamiento del gobierno, el superávit primario tendría que llegar a cera de 2,5% del PBI. Es decir, que la distancia entre la política actual con la considerada de equilibrio pasó de un esfuerzo medido a través del superávit primario de 2% a 3% del PBI.

En las cuentas del Itaú, el superávit primario necesario para que la política fiscal abandone el modo expansionista es de entre 2% y 2,5% del PBI. El superávit primario tendrá que subir para que el país mantenga el investment grade, dijo el banco.