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Durante siglos, América Latina fue leída como territorio de extracción: oro, plata, petróleo, soja. Hoy empieza a ser interpretada de otra manera: como un espacio de conexión. En un escenario global marcado por crisis logísticas, cuellos de botella marítimos y disputas geopolíticas, la región recupera valor por una razón estratégica: su capacidad para acortar distancias entre mercados.

Mientras el comercio mundial busca rutas más seguras y rápidas, un país de la región avanza con una obra que mueve millones de toneladas de tierra y reconfigura el mapa del transporte global. No es un canal de agua. Es un corredor terrestre que une dos océanos y promete convertirse en uno de los nodos logísticos más importantes del continente.

Se trata del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, un proyecto que ya comenzó a cambiar la lógica del comercio en el hemisferio.

México construye una de las rutas más grandes del continente

Ubicado en el punto más angosto del territorio mexicano, el Istmo de Tehuantepec conecta el océano Pacífico con el Golfo de México a través de una franja de poco más de 300 kilómetros. Allí se está construyendo una red integrada de infraestructura que incluye ferrocarriles modernizados, carreteras, puertos ampliados y polos industriales.

El Istmo de Tehuantepec conecta el océano Pacífico con el Golfo de México a través de una franja de poco más de 300 kilómetros. Imagen: archivo.

A diferencia del Canal de Panamá, por donde pasan barcos, este proyecto funciona como un “canal seco”: los contenedores se trasladan por tierra en trenes de carga pesada capaces de mover miles de toneladas en tiempos competitivos.

El eje central es la rehabilitación del histórico Ferrocarril del Istmo, adaptado ahora para soportar ejes de hasta 27 toneladas y operar con estándares internacionales de logística.

Por qué esta ruta puede competir con el Canal de Panamá

La saturación del Canal de Panamá, sumada a las restricciones por sequías y al aumento del tamaño de los buques, empujó a las grandes empresas a buscar alternativas terrestres confiables. En ese contexto, el Corredor Interoceánico aparece como una solución concreta.

Entre sus características principales se destacan:

  • Extensión aproximada de 303 kilómetros entre Coatzacoalcos (Veracruz) y Salina Cruz (Oaxaca).
  • Capacidad para transportar carga industrial, energética y contenedores de gran volumen.
  • Creación de Polos de Desarrollo con entre 80 y más de 500 hectáreas cada uno, destinados a parques industriales, centros logísticos y manufactura.
  • Conexión directa con rutas marítimas hacia Asia, Estados Unidos, Europa y Sudamérica.

Esta combinación transforma al Istmo en algo más que una vía de paso: lo convierte en un nuevo centro de producción, ensamblaje y distribución.

El impacto en América Latina y el comercio global

Más allá de México, este proyecto redefine el rol de América Latina en el comercio internacional. Ya no solo como exportadora de materias primas, sino como plataforma logística y territorial clave para el intercambio entre continentes.

El corredor puede:

  • Reducir tiempos de tránsito entre Asia y la costa este de Estados Unidos.
  • Ofrecer una vía alternativa ante bloqueos, crisis climáticas o conflictos geopolíticos.
  • Impulsar el desarrollo del sur-sureste mexicano, una de las regiones históricamente más postergadas del país.
  • Posicionar a América Latina como articuladora de flujos globales, no solo como proveedora.