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Hace más de un siglo, John D. Rockefellerel primer multimillonario en dólares de la historia— dejó una de las declaraciones más citadas del capitalismo moderno: “Creo que el poder de hacer dinero es un don de Dios”. Esa frase no fue un eslogan ni una provocación: fue la síntesis de una filosofía personal que guió tanto la construcción de su fortuna como el destino que le dio.

La cita completa va más lejos. Rockefeller sostuvo que ese don divino imponía una obligación concreta: ganar dinero, seguir ganándolo y destinarlo al bien de sus semejantes “según los dictados de su conciencia”.

La declaración fue recogida en God’s Gold (1932), de John T. Flynn, quien entrevistó al magnate. En ella, Rockefeller no separaba la acumulación de riqueza de la responsabilidad moral: las presentaba como dos caras de la misma misión.

¿Qué hay detrás de esa frase?

La convicción que expresa la cita no era retórica. Rockefeller era bautista practicante y desde los 16 años —cuando consiguió su primer empleo como contador— ya destinaba el 6% de sus ingresos a donaciones. Para los 20, ese porcentaje superaba el 10%. Su fe no fue un adorno de su éxito: fue el marco dentro del cual interpretó cada decisión financiera.

Esa visión lo llevó, en paralelo a la construcción de la Standard Oil, a convertirse en el mayor filántropo de su tiempo.

Donó más de u$s 530 millones en vida —equivalentes a unos u$s 11.500 millones en valores actuales— y fundó instituciones que aún existen: la Universidad de Chicago, la Fundación Rockefeller y el primer centro de investigación médica del mundo. Para Rockefeller, ganar y dar no eran actos separados: eran la misma obligación.

Rockefeller no separaba la acumulación de riqueza de la responsabilidad moral: las presentaba como dos caras de la misma misión.Wikimedia Commons

¿Por qué esa idea sigue siendo relevante?

La frase de Rockefeller condensó una tensión que el capitalismo nunca ha resuelto del todo: ¿la riqueza extrema es un logro individual o una responsabilidad colectiva? Su respuesta fue clara. El poder de hacer dinero no era un mérito personal sino un don recibido y por eso mismo exigía ser devuelto. Esa lógica anticipó décadas de debate sobre filantropía, desigualdad y el rol social de los ricos.

Por qué la cita sigue siendo citada hoy

  • Fue dicha por el hombre que definió lo que significa ser multimillonario en Estados Unidos
  • Vincula riqueza con obligación moral en un solo enunciado
  • Anticipa el modelo filantrópico que luego adoptaron Carnegie, Gates y Buffett
  • Sigue siendo referencia en debates sobre desigualdad, impuestos y responsabilidad corporativa

El legado de Rockefeller es controvertido: construyó su fortuna con prácticas que el gobierno declaró monopolísticas en 1911. Pero la frase sobrevive a ese debate porque toca algo más profundo: la pregunta sobre qué se hace con el poder económico cuando se tiene, y si acumularlo sin devolver algo es siquiera legítimo.