Tengo un problema familiar: la fiesta de 15 de mi hija, dijo un economista durante una exposición ante empresarios y despertó risas cómplices en el auditorio. El orador no se quejaba del costo del festejo, sino de la dificultad para presupuestar cuánto, efectivamente, le iba a salir y para evaluar qué proveedores ofrecían precios lógicos.

En otra escala, la minera brasileña Vale admitió que abandonó el proyecto de potasio en Río Colorado porque alcanzó un costo de u$s 11.000 millones, cuando la estimación inicial daba u$s 5.900 millones. La causa, la inflación y las variaciones en el tipo de cambio, explicó Murilo Ferreira, CEO de Vale.

Entre las proyecciones para organizar un modesto evento familiar y aquellas para un emprendimiento de megaminería, se encuentran los planes de inversión de las pymes, que enfrentan las dificultades de prever el futuro en un contexto de incertidumbre generado por la inflación. A diferencia de las multinacionales, no disponen de las espaldas financieras de las casas matrices para endeudarse frente a subas de costos inesperadas. Simultáneamente, sus planes de inversión superan los montos de cualquier plan familiar e involucran la creación o el sostenimiento de puestos de trabajo.

Un informe de la Fundación Observatorio Pyme enfatiza que la inflación no sólo reduce el poder de compra sino que también perjudica la organización de la actividad industrial de las pymes. La imposibilidad de prever la evolución de precios y costos lleva a la economía a un estado de renegociación permanente de los contratos, que afecta a las empresas menos integradas verticalmente, es decir, las pymes que, por definición, hacen uso intensivo de materias primas, partes y componentes externos a su propio proceso productivo, sostiene el estudio. Dificulta la planificación de inversiones y aumenta la incertidumbre sobre la sostenibilidad del nivel de actividad, agrega. Más allá de la presión por las subas en los costos de producción, la frecuencia de renegociación de precios con clientes y proveedores que impone la inflación repercute en la postergación de toma de decisiones de gestión productiva, aun entre empresarios con expectativas de mayor nivel de actividad para la propia firma, concluye. El contexto contractual y de negociación seguiría este año.

El economista que se quejaba del festejo de los 15 de su hija es Tomás Bulat, quien abordó los aspectos económicos y financieros del manejo de empresas en épocas de inflación en el marco del Congreso Económico Argentino. El problema no es el aumento sistemático y generalizado de precios que conlleva la inflación, sino que no es estable ni universal, enfatizó. Las dificultades aparecen porque no se sabe si el aumento de un precio puntual será a una tasa constante o variable; las subas no son simultáneas y los precios no varían en la misma proporción. Esto produce variaciones en los precios relativos; desfasajes intertemporales de ajuste de montos en cada sector (algunos suben sus precios antes, otros demoran más) e incertidumbre sobre los valores futuros clave: rentabilidad, flujos y costos financieros y valuaciones de activos y pasivos.

Las distorsiones se agudizan cuando la inflación es alta. Por caso, mientras que, con niveles de inflación de entre 4% y 6% anual, una variación de precios relativos de 50% hace que el precio de un producto suba 3% en tanto otro aumente 9%; con niveles de entre 25% y 30% anual, una variación relativa de 50% hace que algunos suban 15% y otros, 45%.

Las distorsiones tienen múltiples orígenes, no sólo el proceso inflacionario. Algunas se deben a que hay trabajadores bajo convenio y otros fuera que obtienen aumentos salariales diferentes; a que se distancian las subas de precios de aquellos productos que tienen controles del Gobierno respecto del resto; se dificulta el traslado de los incrementos de costos a precios y se pierde rentabilidad; impactan en el impuesto a las Ganancias, se dificulta presupuestar y fijar objetivos de venta, se complica el análisis de la evolución del negocio y la comparación con la competencia, describe Nelson Pérez Alonso, presidente de la consultora Claves.

La economía argentina tiene dos problemas de precios: la inflación y las distorsiones de precios entre diferentes bienes y servicios, incluyendo los salarios, considera Marcelo Capello, presidente del IERAL de Fundación Mediterránea. Las distorsiones afectan a las pymes, que suelen tener menor capacidad de previsión y compensación que las empresas grandes, agrega y apunta que las principales son: la distorsión cambiaria, la de costos laborales -65% superior a los de Brasil en dólares- y el impacto del impuesto a las Ganancias en la negociación salarial.

Cambiar de estrategia

Las expectativas de inflación, que, según el último relevamiento de la Universidad Torcuato Di Tella, se sostienen en 30% anual, generan conductas defensivas en el empresariado para defender el poder de compra de los flujos y mantener el valor de los stocks. Incluso, hay quienes se animan a sostener políticas agresivas para tratar de obtener ganancias financieras ante las oportunidades que ofrecen las alteraciones en precios relativos asociadas a la inflación.

Hay posturas más conservadoras que involucran estrategias defensivas, como fijar los precios de la mercadería en función del costo de reposición del producto vendido y no en base a sus costos históricos; acumular en activos físicos (es preferible no vender a hacerlo con pérdida) y acelerar la rotación de la mercadería para reducir los tiempos entre la compra de los insumos y la venta del producto.

Lo importante es que las ganancias que vienen de la eficiencia de la producción no se pierdan por una mala gestión financiera. En situaciones de alta inflación, los ingresos de las operaciones financieras de una firma comienzan a ser más relevantes que las ganancias originadas por la producción del bien. De nada sirve haber minimizado costos de producción si, luego, los clientes demoran meses en efectivizar el pago de una compra, como pasa con las pymes que venden productos de consumo masivo en supermercados.

Para cuidar el flujo de caja, se deben definir estrategias para mantener los ingresos reales constantes y que los costos no terminen erosionando la rentabilidad. En cuanto a los ingresos, la política de fijación de precios de los bienes debe apuntar a garantizar la reposición y generar liquidez. Además se deben buscar alternativas financieras de corto para la liquidez.

En cuanto a los costos, se sugieren pautas de subas concertadas con los proveedores y un manejo de stocks con lógica financiera y no productiva.

En la toma de decisiones se suman riesgos porque estamos en un escenario inestable, dice Esteban Giganti, gerente Comercial de Polo Hotel Resort & Spa, que este año proyecta superar los $ 10 millones en facturación. Todo lo que es materia prima implica extensa y larga negociación con los proveedores. Es el único modo para manejar el negocio porque los incrementos en los precios no son trasladables al precio final, agrega. Por su parte, José Such, gerente Comercial de Bahía Blanca Viviendas, una firma que en 2012 facturó $ 56 millones, comparte su estrategia: Presupuestamos en base a una estimación de la demanda y a previsiones inflacionarias del costo de los productos. Amortiguamos la inflación con los beneficios que recibimos de otras unidades de negocios.

Para mejorar la administración financiera, Pérez Alonso recomienda a las pymes los sistemas de gestión y control. Igualmente, no es optimista respecto de la posibilidad de sacar tajada financieramente. No se puede lograr que el resultado operativo se torne positivo por el financiero ya que los resultados financieros, en general, son negativos por tasas que no compensan la inflación, agrega.

Para proteger los stocks, hay que apuntar a mantener los valores de los activos y a licuar los pasivos. Para ello, se debe optar por inversiones de bajo monto y rápido retorno, reducir el plazo de los activos a cobrar y tener activos de rápida salida. Para licuar pasivos, la teoría indica que dbe instrumentarse una estrategia financiera que propenda al endeudamiento en la moneda inflacionaria a tasa fija y al mayor plazo posible -líneas de difícil acceso para las pymes-, a cancelar pasivos en moneda extranjera aprovechando los precios relativos atrasados y a adelantar pagos de compras futuras.

En tanto, para compensar el costo organizativo asociado a un alto nivel de inflación, Pérez Alonso sugiere a las pymes trabajar asociativamente, a través de cámaras, para definir políticas sectoriales, agruparse en procesos logísticos y desarrollos comerciales, además de profesionalizarse para poder leer las tendencias y anticipar amenazas.

La inflación genera incertidumbre productiva y oportunidades financieras, recorta el horizonte de planeamiento, produce beneficios o pérdidas significativas en períodos cortos y obliga a renegociar precios y plazos de entrega. Contar con personal capacitado para afrontar estos desafíos puede ser la clave entre perder o ganar en 2013.