- Tomar productos, servicios o negocios que hoy existen, y jugar a buscar otros segmentos de clientes, atendiendo otras necesidades

- Agregar funcionalidad a productos emocionales, o emocionalidad a productos funcionales. Un tapón de bañera es funcional, pero si le imprimimos el escudo de fútbol o un personaje infantil se convierte en emocional, generando nuevos mercados.

- Preguntarse por qué hay un grupo de personas que no compran el producto o servicio y tratar de generar nuevas soluciones. Respondiendo a la pregunta: ¿Por qué hay niños que no toman leche? a alguien se le ocurrió ponerle un polvo sabor chocolate para que sea más sabrosa.

- Aplicar soluciones de otras industrias o mercados a la industria en la que se encuentran. Viajar (física o virtualmente) es un buen disparador de ideas. Forzar negocios o productos con objetos, palabras encontradas en el diccionario, para encontrar nuevos usos, funciones o diseños. Alguien forzó amistad con Internet y creó Facebook.

Fuente: Diego Pasjalidis