Ya los números de esta cosecha gruesa están jugados. En lo que queda de abril y mayo, obtendremos -si las cosas y el clima no cambian demasiado-unas 21 millones de toneladas de maíz (ya se avanzó el 28% de la cosecha y la estimación inicial era de 29 millones), 45 millones de toneladas de soja (se avanzó el 14% de la cosecha y 51 millones era la estimación) y 3,6 millones de toneladas de girasol (ya casi con el 99% de la cosecha finalizada y se calculaban 4,3 millones).

Son 14,7 millones de toneladas menos de producción en la cosecha gruesa 11/12 respecto a lo estimado.

Sabemos lo que significa que un país basado en la producción primaria agroindustrial para mover su economía tenga esta caída por las razones que sean. A los números nacionales y a las economías provinciales en general no les importa si esta baja -con la consiguiente disminución de ingresos para los productores y la cadena en general, y obviamente las arcas del estado, se debió a un problema climático u otra razón. La verdad y la realidad -por más que la soja siga subiendo- es que al país le dejan de ingresar miles de millones de dólares, que de alguna manera se deben recuperar, o por lo menos, tratar de compensar. Esta será función del Ejecutivo.

En estos días toda la cadena productiva está analizando que harán para la campaña de siembra de fina, que comienza a fines de mayo o principios de junio en las provincias productoras como Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba y estos deben ser algunos de los interrogantes: ¿qué pensará un productor, por ejemplo del S.O. de la Provincia de Buenos Aires, trigo dependiente, ante la disyuntiva de volver a hacer trigo, cuando todavía no pudo vender su cosecha de diciembre? ¿Cómo hará el productor del SE de Buenos Aires sus números, si desde hace casi 6 años tiene problemas para comercializar en forma normal su producción? ¿Seguirán vendiendo los pocos novillos que tienen, a buen precio pero con poco peso, para pagar sus costos y obtener algo de renta, porque con su trigo anterior no puede hacer nada, ni ganar plata? Pensará en invertir menos - bajar el nivel de tecnología de cultivos adquirida con los años- ya que su costo de producción por hectárea no compensará lo que vaya a obtener? ¿Hará más Cebada (cultivo que viene aumentando casi un 25% por año), porque puede vender mejor esta producción? ¿Comenzará nuevamente el camino ascendente de la colza, cultivo que puede y quiere entrar en la rotación y cuya producción se exporta en su totalidad a la UE y Asia? ¿Qué hará el productor de maíz, que invirtió casi u$s/ha 600 promedio y que en algunas zonas, con suerte, obtendrá u$s/ha 200 en el mejor de los casos? ¿Qué pasará con la producción de maíz, cultivo donde cada vez más las empresas invierten en mejorar la tecnología del cultivo para ofrecer a los productores, y nada se habla de su comercialización estancada y para nada promovida? ¿Qué decisión tomará la cadena productiva sobre el maíz, cultivo que tiene una posibilidad de reconvertirse en carne, a través de carne vacuna, pollos, cerdos?

¿Alguien habla del biogás y el etanol que se obtiene con este cultivo? ¿Se habla sobre cómo hacer un plan ordenado de generación y originación de biocombustibles y alimentos, pensando en estas dos posibilidades, si que una perjudique a la otra? De todo esto no se habla... ¿porqué? Entre otras cosas simplemente porque -otra vez- la soja comenzó a subir y da una caricia a los números estatales, algo a los números de los productores que gracias a las últimas lluvias de febrero y marzo vieron mejoras en sus próximas cosechas, y porque China, entre otras cosas, comienza a comprar nuevamente bien.

Ahora, luego de los cimbronazos que nos dejó esta sequía, no podemos darnos el lujo de no hablar de los temas que nos preocupan desde hace cinco años. Siempre habrá una coyuntura complicada que aleja de la agenda los temas prioritarios del sector Agroindustrial.

Los casos de posible corrupción investigados, los graves problemas de los trenes, el traspaso del subte, la reforma de la carta orgánica del Banco Central son temas importantes que se instalan y de los que se habla en forma permanente desde hace meses. ¿Quién no está de acuerdo en que falta inversión en infraestructura general o en que estamos ante una crisis energética de las más graves en los últimos 50 años? Pero no debemos descuidar al sector que siempre aporta sus utilidades e invierte en el país en forma permanente y es el motor de todas las economías de las provincias de este país. Una nueva cosecha está en proceso, y una nueva siembra comienza en dos meses... De nada sirve una baja de retenciones a la carne procesada, cuando se sabe que lo que se debe hacer es abrir la totalidad de las exportaciones, no solo de carnes, sino de granos y lácteos. Esta sola medida lograría equilibrar los mercados y dar transparencia.

La ganadería espera resoluciones de largo plazo, lo mismo el sector lechero que necesita imperiosamente cobrar más por litro de leche producido ya que sus costos se han elevado mucho. ¿Qué pasará con los insumos importados que tanto se utilizan en la agroindustria, con la maquinaria agrícola, sus repuestos, sus componente importados que deben estar en el país en estos meses?

El tiempo del análisis pasó, y se debe pensar en la acción, la resolución, la motivación y fundamentalmente en hacerle fácil las cosas a los que quieren producir más y mejor en el país.

Es necesario apoyar con acciones reales y no anuncios que nunca se concretan, a toda la cadena agroindustrial. Si ya tenemos un Plan Estratégico Agroalimentario anunciado y lanzado, se debe mostrar al sector el cómo se va a implementar, para poder seguirlo y apoyarlo. De no ser así erderemos por nuestra culpa las oportunidades que el mundo nos da todos los días, y que otras países están aprovechando.