Se cumplieron 50 años del derrocamiento de Arturo Frondizi, un presidente elegido por el pueblo al servicio de la integración y el desarrollo argentino. En 1957 Argentina se encontraba, como ahora, dependiente de las exportaciones primarias: productos sin gran elaboración industrial y con poco empleo de mano de obra calificada. Con el dinero obtenido de las exportaciones no alcanzaba cubrir los gastos de los productos importados. Las importaciones de combustibles representaban el 21% del total de las importaciones. Dinero que podía ahorrarse para invertir en la capitalización del sistema energético e industrial. Pareciera suceder que la historia vuelve a repetirse.
Si no cambiamos de rumbo, en dos años las importaciones de combustible superarán aquel 21% de 1957. Según datos oficiales del Indec, las importaciones de combustible ya representan el 12% del total de las importaciones. Pero en 2009 eran sólo el 6,7% del total. En el 2011 el crecimiento de las importaciones en petróleo y derivados ha sido preocupante; 125 %., u$s 9.400 millones vs. 4400 del 2010).
¿Cómo afecta a los trabajadores? La respuesta inmediata la tienen los petroleros. Hay menor exploración y producción en los pozos, menor envío a las refinerías, disminución de trabajo, suspensión de personal, desocupación, y caída de los comercios locales. Demás está decir las derivaciones y los conflictos sociales que esta situación puede generar en las provincias argentinas.
El gobierno de Frondizi libró una batalla para superar una estructura económica caduca. Buscó y logró el aumento de las inversiones productivas. Buscó y logró el autoabastecimiento de energía con la explotación de sus fuentes. Buscó y logró la tecnificación del agro con la producción de maquinarias y equipos industriales. Pero Frondizi no sólo planteó un programa técnico-económico, sino que tuvo un claro contenido humanista de justicia social. Así proclamó en 1957 a los trabajadores: Si el proceso nacional sigue el curso necesario, el incremento de la riqueza nacional permitirá que los trabajadores eleven su nivel de vida. Lo cual no significaba que lo sindicatos puedan cesar en el planteamiento de sus reivindicaciones sino que lo harían desde nuevas bases. Porque la suerte de los trabajadores está necesariamente ligada a la marcha del país. Este sólo podrá ser independiente, soberano y libre en la medida en que se integre su economía, industrializándose.
Sin embargo, desde1955, luego del derrocamiento de Perón, los trabajadores y sus dirigentes sufrían una dura realidad. Los sindicatos y la CGT estaban intervenidos y muchos peronistas encarcelados. Frondizi reconocía las preocupaciones de los trabajadores la capacidad para comprender el sentido de la marcha de la historia y el fervor para realizarla. Sin embargo, su gobierno tuvo numerosas protestas, e incluso huelgas revolucionarias, con carácter destituyente, como la de los obreros del frigorífico Lisandro de la Torre (1959). Al año siguiente el Plan Conintes habilitó a las Fuerzas Armadas para reprimir las huelgas y protestas obreras. Pero los militares querían que Frondizi tomara medias mucho más drásticas. Según sus propias palabras: se insistió en la sanción de bandos que nunca lograron arrancarme, por los cuales se disponía la implementación de la Ley Marcial que debería concluir al fusilamiento de trabajadores. En octubre de 1960, sindicatos peronistas e independientes formaron una Comisión de 20 miembros, para exigir la devolución de la CGT. Finalmente, el 16 de marzo de 1961, Frondizi cumplió con la entrega de los bienes e instalaciones de la CGT a la Comisión de los 20, integrada por las 62 Organizaciones peronistas. De este modo el presidente cumplía con uno de los puntos del pacto -que nunca reconoció- con Juan Perón. Es que el ambiente político y militar no era nada propicio para acuerdos con los sindicatos peronistas. El Comandante en Jefe del Ejército, general Toranzo Montero, consideró la devolución de la CGT como una vergonzosa entrega a los delincuentes de la dictadura depuesta. Hubo planteos militares y renuncias en el gobierno, pero en este punto no se volvió atrás. Quizá porque, como había sostenido Frondizi en un mensaje dirigido a los obreros: Las conquistas ya logradas son irreversibles.