Una startup argentina busca hacer negocios con uno de los activos del sector automotor: los datos. La empresa se llama Volanti y fue fundada por Matías Supervielle -hijo de Patricio Supervielle, chairman del banco homónimo- junto con Federico Viarnés y Martín Erlich.
Desde hace dos años en el mercado, la compañía desarrolló una plataforma que utiliza inteligencia artificial para procesar y unificar información comercial y de posventa de concesionarias. Según explica Supervielle, gran parte de los datos de los clientes se cargan manualmente y permanecen fragmentados entre distintos sistemas.
“Los concesionarios recopilan muchos datos que, al ser cargados de manera manual, presentan errores. Nosotros hacemos, primero, una limpieza profunda de esos datos y después el sistema empieza a hacer predicciones”, señala el fundador.
El software analiza historiales de mantenimiento, compras, cambios de vehículo y frecuencia de visitas de los clientes para anticipar comportamientos futuros. Por ejemplo, determina cuándo un cliente probablemente necesite volver al taller o cuándo podría existir una oportunidad comercial.
“Cuando llega ese momento nosotros nos ocupamos, no solamente de hacer esas predicciones, sino también de ejecutarlas. De esa manera, acompañamos al cliente por todo el proceso, hasta que se convierta en una oportunidad real y una venta para el concesionario”, sostiene.
Según indica Supervielle, la startup ya trabaja con el 15% de las concesionarias del país y proyecta duplicar esa participación durante el próximo año.
Además, desde su fundación hasta la actualidad, recaudó u$s 500.000 de smart money de inversores ángeles, puntualmente, de emprendedores argentinos que fueron aportando capital a la startup como Jaime Macaya (cofundador de Checkars) y Frank Martin (fundador de Restorando).
Supervielle trabajó en Bain & Company y en Kavak, donde participó en la expansión operativa y en el desarrollo de herramientas de pricing. Por su parte, Viarnés fue director de producto en Buenbit, mientras que Erlich lideró operaciones y producto en Rappi, Wise y Crabi.
El esquema de ingresos fue mutando con el negocio. En lugar de adoptar el clásico modelo de licencias mensuales, la startup decidió vincular sus ingresos a la actividad comercial que genera dentro de las concesionarias. “No cobramos una licencia fija por uso, sino que nuestra monetización está atada a la conversión que logramos y a los productos que vendemos”, dice.
Para este año, la startup proyecta facturar alrededor de u$s 1,5 millones. Además de expandirse dentro del mercado local, la compañía busca sumar nuevas unidades de negocio dentro de las concesionarias.
“Empezamos a tomar de manera proactiva las conversaciones entre los clientes y los concesionarios desde el inicio. Además, nos estamos expandiendo a nuevas áreas del concesionario, como la venta o la gestión de carteras de plan de ahorro, la venta de seguros”, apunta.
“La intención es generar la mayor cantidad de impacto posible en esos negocios que hoy en día están golpeados por la macroeconomía y la baja de volúmenes y de ahorro, y la falta de crédito para la venta”, cierra.