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Más de 100 años pasaron desde que se inauguró el Palacio Barolo, uno de los primeros rascacielos de Buenos Aires.
El edificio, ubicado sobre la Avenida de Mayo, fue construido por encargo de un empresario italiano y durante décadas estuvo destinado principalmente a oficinas por su ubicación cerca del Microcentro porteño.
Con el paso del tiempo, algunos de sus espacios comenzaron a utilizarse para otras actividades. Hoy se realizan visitas guiadas, funciona un restaurante en el roof top del piso 16 y se organizan eventos privados.
Miqueas y Tomás Thärigen están al frente de estos emprendimientos, que fueron desarrollando durante las últimas dos décadas, con una inversión acumulada estimada en más de u$s 300.000.
Actualmente, emplean a 45 personas y reciben alrededor de 8000 visitantes por mes, entre quienes participan de los recorridos turísticos y quienes concurren al restaurante en altura.
Las inversiones para “rescatar” al Barolo
En 2004, Miqueas llegó a Buenos Aires desde Mar del Plata para estudiar Medicina en la UBA. Mientras cursaba la carrera, comenzó a trabajar como cadete en la administración del Palacio Barolo, donde observó que muchos turistas extranjeros se acercaban interesados en conocer el edificio.
Ese mismo año, le pidió autorización al consorcio para organizar visitas guiadas. Los primeros recorridos comenzaron en marzo, dos veces por semana, y estaban a cargo del propio Miqueas.
Con el tiempo, la actividad comenzó a crecer y las visitas fueron incorporadas en guías internacionales de turismo. También se sumaron recorridos nocturnos, que incluían el encendido del faro.
En 2010 se incorporó su hermano Tomás, quien se hizo cargo de las visitas durante los tres meses que Miqueas estuvo de viaje. A su regreso, decidieron continuar juntos.
En los primeros años recibían alrededor de 200 turistas mensuales en los períodos de mayor demanda. Actualmente, el promedio alcanza los 4000 visitantes por mes.
Las inversiones dentro del Palacio Barolo
Con los años, comenzaron a adquirir algunas propiedades dentro del Palacio. Actualmente, cuentan con espacios en la planta baja y en los pisos superiores.
El primero fue un local donde anteriormente funcionaba un centro de fotocopias. Allí instalaron un espacio de atención para los turistas, manteniendo materiales y colores similares a los originales del edificio.
En 2015 compraron una oficina en uno de los pisos superiores, donde posteriormente desarrollaron el Salón 1923, un restaurante ubicado en el piso 16, con vistas a distintos puntos de Buenos Aires.
Durante las obras encontraron planos originales del arquitecto en los que ya figuraba un restaurante con acceso a las terrazas. Sin embargo, ese espacio nunca había llegado a funcionar como tal.
Recientemente incorporaron un sector reservado, con una ambientación inspirada en el Art Déco. Los hermanos también acondicionaron otras oficinas para realizar eventos. Una de las remodelaciones, correspondiente al ‘Espacio Barolo’, demandó alrededor de u$s 20.000.
En marzo de este año invirtieron aproximadamente $25 millones en el restaurante. El lugar permaneció cerrado durante las obras, que incluyeron mejoras en la cocina y trabajos de pintura.
Según estimaron los hermanos, la facturación aumentó alrededor de un 60% a 70% desde que comenzaron a realizar eventos privados.
En cuanto a las visitas guiadas, una parte de lo recaudado se transfiere al consorcio y equivale aproximadamente al 30% de las expensas del edificio, según explicaron.
Un edificio de más de 100 años
El Palacio Barolo fue construido por encargo de Luis Barolo, un empresario italiano que llegó a la Argentina en 1890, instaló una de las primeras hilanderías de lana peinada del país y también se dedicó al cultivo de algodón en Chaco.
La construcción comenzó en 1919, bajo la dirección del arquitecto italiano Mario Palanti, y demandó cuatro años de trabajo. El edificio fue inaugurado el 7 de julio de 1923, cuando Barolo ya había fallecido.
Ubicado sobre la Avenida de Mayo, tiene aproximadamente 100 metros de altura, 22 pisos y dos subsuelos. En el momento de su inauguración fue el edificio más alto de Buenos Aires y mantuvo ese reconocimiento hasta 1935, cuando se inauguró el edificio Kavanagh.
El diseño está inspirado en La Divina Comedia, de Dante Alighieri. La distribución del inmueble representa las tres partes de la obra literaria: el Infierno, en los niveles inferiores; el Purgatorio, en los pisos intermedios; y el Paraíso, en la parte superior.
En la cima se encuentra un faro que originalmente podía observarse desde distintos puntos de la ciudad.
Tras la muerte del empresario, sus herederos conservaron la propiedad durante varios años hasta que la vendieron a Santiago Glusberg. El nuevo propietario dividió el inmueble en unidades independientes, que posteriormente comenzaron a venderse por separado.
Actualmente, pertenece a distintos propietarios que integran un consorcio. Algunos utilizan las oficinas para sus propias actividades, mientras que otros las alquilan a terceros.
En 1997, el Palacio Barolo fue declarado Monumento Histórico Nacional.