A veces, hay palabras que funcionan como el Aleph, “el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”, del que escribió Jorge Luis Borges. En este caso, eso es Tucumán. En su capital, San Miguel, cuna de la República, a metros de la casa donde se firmó la histórica acta, reposan los restos de Juan Bautista Alberdi. Hoy prócer venerado por Javier Milei, en Las Bases, el ilustre tucumano instó la necesidad de firmar “tratados de amistad y comercio”, el, definió, “medio honorable de colocar la civilización sudamericana bajo el protectorado de la civilización del mundo”.

Tucumán. Allí, en la localidad de Colombres, Scania instaló una planta que, el 26 de marzo, cumplirá 50 años. Una de las razones de la visita que la semana pasada hizo a la Argentina su CEO, Christian Levin. No la única, por supuesto. El año pasado, la filial, con 2939 unidades de más de 200 caballos de fuerza vendidas, volvió a estar entre los 10 mayores mercados mundiales de la fabricante sueca de vehículos pesados.

Está donde debería estar. Siempre debería estar ahí”, asegura. “La Argentina siempre fue ‘el próximo mercado de América latina que debería crecer’ y no lo ha sido. Nos decepcionamos una y otra vez. Ahora, empezamos a ver lo contrario”, afirma.

Formado en Economía, se declara “fan del libre comercio”. En tal sentido, es optimista con las oportunidades que abre el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Así como lo es con la Argentina.

Por un lado, por Milei, a quien desea conocer. “En Europa, hay una visión equivocada sobre él. Se mira más su estilo y menos lo que hace”, observa. “Lo que tienen aquí es un desafío tremendo. Muchos han intentado arreglar a corto plazo todo lo que hace la vida muy desafiante en la Argentina y que el país nunca alcance su potencial. Y, ahora, parece que tienen un tipo que, realmente, será exitoso. Es mi suposición”, dice.

Su intuición también tiene sustento: horas antes de la entrevista, dialogó con uno de los economistas más cotizados de la City, quien describió sus escenarios para la economía local a corto, mediano y largo plazo. “Fue muy bueno oír esas proyecciones”, pondera Levin. Ese analista es Ricardo Arriazu, profesional nacido, precisamente, en (otra vez) Tucumán.

¿Qué lo trajo a la Argentina?

Estuve muchas veces antes. Ahora, hay muchas razones para estar aquí. Primero, porque celebramos 50 años como empresa. En segundo lugar, porque nuestro equipo hizo un trabajo deslumbrante: 2025 fue nuestro mejor año histórico en la Argentina. Estoy muy orgulloso de lo logrado aquí. Además, para mí, la Argentina siempre fue “el próximo mercado de América latina que debería crecer”. No lo fue. Y hemos estado decepcionados una y otra vez. El marco político nunca pudo poner el foco realmente en los negocios. Ya sabe: en crear crecimiento, empleos, en ser capaz de tener un buen sistema de seguridad social. Pero, ahora, empezamos a ver eso. Por eso, también tenemos ganas de invertir en la Argentina. Queremos ver que este crecimiento ocurra.

¿Por qué?

Durante años, hemos sido tan fuertes en este país… Pero el mercado fue tirado abajo por el sistema político. Y vimos cómo lo opuesto pasó en Chile, en Perú, en Colombia… Brasil también tiene sus temas pero, incluso ahí, ha ido mejor. Eso no es justo. Realmente, amo ver a la Argentina subir al siguiente escalón. Eso es lo que creemos.

¿Ese ambiente más pro-negocios es la diferencia principal con sus visitas anteriores?

Oh, sí, sí. Es realmente promisorio. La Argentina parece estar lista para dar un paso al frente y capitalizar todos los activos que tiene.

Mire al mundo ahora mismo: se está moviendo hacia la electrificación. ¿Qué necesita? Litio, cobre. Necesita gente educada. Necesita servicios en el entorno digital. Y la Argentina tiene todo eso. Pero no fue capaz de explotarlo. Ahora, empiezo a ver que las inversiones ocurren. Lo veo en minería, donde somos muy fuertes con nuestros camiones.

No hay razón por la cual Chile sea el único que explore la roca muy rica que tienen. También veo la apertura al mercado de capitales. Es extremadamente importante para nosotros: siempre estamos sometidos a los temas de balanza comercial entre Brasil y la Argentina. Nunca pudimos entender por qué eso es algo inteligente. Simplemente, daña a ambas economías. Ahora, eso se fue. Con lo que podemos mover libremente bienes. Todavía no dinero (se ríe). Pero la dirección es buena.

“La Argentina siempre fue ‘el próximo mercado de América latina que debería crecer’. No lo fue. Y hemos estado decepcionados una y otra vez. El marco político nunca pudo poner el foco realmente en los negocios. Ya sabe: en crear crecimiento, empleos. Pero, ahora, empezamos a ver eso. Por eso, también tenemos ganas de invertir en la Argentina. Queremos ver que este crecimiento ocurra”.

El último plan de inversiones para la planta de Tucumán se anunció hace tres años, por u$s 27 millones. ¿Ya definió uno nuevo?

Somos la única empresa de nuestra industria con un sistema global de productos. No tenemos un producto A, uno B y uno C. La marca Scania siempre debe ser máximo nivel. Mientras continuemos invirtiendo en desarrollo de productos (lo estamos haciendo más que nunca), habría también industrialización aquí. Significa que la próxima vez que tengamos una nueva caja de cambios, o nuevos ejes traseros, haremos nuevas inversiones en Tucumán. Eso ocurrirá. Seguro.

¿En cuánto tiempo será eso?

Los pasos más grandes se dan con las generaciones de producto. ¿De cuánto es la vida de un motor? ¿Siete, ocho años? ¿Diez, a lo mejor, en una caja de cambios? Si pensamos en lo próximo, es el vehículo eléctrico. Habrá mucha tecnología viniendo a todos los próximos sistemas de transmisión. Pero abrirse a los mercados es el camino correcto para la Argentina. Eso incrementa las posibilidades de que industrias como nosotros inviertan en el país. Como aprendí esta mañana, el gran punto es la moneda. ¿Podemos confiar en el peso? Si sí, habrá más inversiones viniendo.

Por lo que dice, la decisión es que Tucumán siga especializada en partes.

Por el momento, sí.

La fábrica nació siendo de camiones, produjo el último hace más de 20 años y, en los últimos tiempos, dos grandes rivales decidieron hacer vehículos en el país. ¿Por qué para Scania no es competitivo el montaje de la unidad terminada?

Lo que tuvimos tiempo atrás en Tucumán fue una factoría de CKD. Fabricabas el camión en otro lugar (Brasil en este caso), lo separabas en grandes componentes y los despachabas en grandes cajas de madera a donde tenías líneas de montaje chicas, en las que ponías las piezas juntas de nuevo. Buscabas un producto súper, altamente competitivo, con el que tratabas de minimizar el tiempo y el dinero gastado. Pero rompías todo eso, lo embarcabas y lo volvías a construir. Puro desperdicio. Sí: creabas algunos empleos locales. Es lo que quiere el país, ¿no? Por eso, tuvimos 25 de esas factorías en el mundo. Pero, también, es la razón por la que nuestros clientes pagaban un precio más alto. Porque alguien tiene que cargar con los costos. ¿Qué bien le hace eso a la Argentina? La hace menos competitiva en el mercado global.

¿Cómo encaja eso en el sistema global de producción de Scania?

Si crees en el libre comercio, y yo soy fan del libre comercio, cada uno hace mejor lo que está capacitado para hacer mejor. Significa, para nosotros, capitalizar las inversiones que hacemos en diferentes países. Espero que el mundo vaya de nuevo en una dirección donde haya menos de estas factorías de CKD. Que las inversiones vayan a lugares donde hacemos las cosas bien y no a otro lugar. Por lo tanto, veo más producción de componentes en la Argentina que tener una fake factory (sic) sólo porque los políticos piensan que están creando unos pocos empleos. Pero eso es un juego lose-lose: el país tiene productos mucho más caros y eso es, por lejos, peor que crear estos pocos empleos. Típicamente, los países en desarrollo tienen estas factorías. Están en el Sudeste asiático y en África. No las tenemos más en América latina. Las tuvimos. Pero, si el país se desarrolla y se abre al comercio, eso desaparece.

La Argentina está dando esos pasos. Están el acuerdo con los Estados Unidos y el de la Unión Europea con el Mercosur.

Estamos muy felices con la firma del acuerdo del Mercosur y Europa, después de más de 20 años de negociaciones. Ridículo que haya llevado tanto tiempo. Pero, realmente, es un buen acuerdo. Es una pena que sean los europeos los que hoy retrasan la aprobación en el parlamento; es una forma de demorarlo. Pero se aprobará, por supuesto. El reloj está corriendo.

¿Lo ve como un hito?

Absolutamente. Mire a nuestra operación en Tucumán. Fabricamos cajas de cambio, ejes traseros y partes de transmisiones. Hoy, las enviamos a Europa con un arancel alto. Eso significa que lo que hacemos en esa planta sólo lo usamos para la producción en América latina. Pero en Europa nos pasa lo mismo. Ahora, podemos decir: “Se abre un flujo acá”. Significa que podremos tener mayor flexibilidad entre sitios de producción, gastar menos cápex y usar ese dinero para mejorar nuestro desarrollo de producto, invertir en concesionarios, en expandir nuestras operaciones… Para eso es bueno el comercio, ¿no? Es un win-win desde esa perspectiva.

“Si crees en el libre comercio, y yo soy fan del libre comercio, cada uno hace mejor lo que está capacitado para hacer mejor. Que las inversiones vayan a lugares donde hacemos las cosas bien y no a otro lugar. Por lo tanto, veo más producción de componentes en la Argentina que tener una fake factory (sic) sólo porque los políticos piensan que están creando unos pocos empleos. Pero eso es un juego lose-lose: el país tiene productos mucho más caros y eso es, por lejos, peor que crear estos pocos empleos".

¿No abre el Mercosur como mercado para camiones íntegramente producidos en Europa o China, donde recientemente tienen una planta?

No seremos capaces de enviar vehículos completos desde Europa. Ese nunca fue el plan. Mover y enviar camiones a lo largo del mundo es una mala idea. No tiene sentido fabricar un camión en Europa y mandarlo a América latina. Pero la posibilidad de enviar componentes, para nosotros, es muy valiosa. Desafortunadamente, tendremos que seguir esperando siete, 10 años, ¿20? (se ríe), antes de ir arancel cero. Pero eso, ciertamente, beneficiará. Es un inicio realmente bueno. Debería implementarse rápido. No deberíamos tener miedo. Hay mucho miedo. En ambos lados.

¿Por qué cree que está se miedo?

En el agro europeo, en Francia, temen que, de repente, toda la carne venga a Europa de Brasil y de la Argentina. Eso no ocurrirá. Y, al mismo tiempo, hay también miedo aquí de que perderán muchos sectores industriales que no son competitivos. ¿Qué ocurrirá? Lo planteo de esta forma: habrá muy buena carne viniendo a Europa y eso es bueno para Europa. ¿Habrá muchos vehículos y autopartes yendo a la Argentina? Sí. Algunos de esos sectores en la Argentina no serán competitivos porque han sido protegidos durante mucho tiempo.

Será algo duro.

Quizás sea duro de decir: es mejor dejarlos morir. Es mejor haberlos interrumpido, como a los viejos granjeros de Europa que no están generando productos competitivos para los consumidores. Dejarlos crujir y utilizar los recursos del país hacia lo que ustedes hacen bien. Invertirlos de manera que den buenos retornos. Sé que el miedo es difícil de manejar a nivel político. Por eso, existe el compromiso de ir dando pequeños pasos. Veremos que funcionará ya, en el primer par de años. No esperemos a otros 10 o 20. Cuando hacemos una inversión, miramos los grandes mercados: China, Mercosur, Europa. Y buscamos que esos mercados tengan buenos acuerdos de libre comercio. Con estos tres grandes hubs, estamos relativamente protegidos de las barreras de comercio que inició Trump y que se están expandiendo alrededor del mundo.

“¿Con el acuerdo Unión Europea-Mercosur habrá muchos vehículos y autopartes yendo a la Argentina? Sí. Algunos de esos sectores en la Argentina no serán competitivos porque han sido protegidos durante mucho tiempo. Quizás sea duro de decir: es mejor dejarlos morir. Es mejor haberlos interrumpido, como a los viejos granjeros de Europa que no están generando productos competitivos para los consumidores. Dejarlos crujir y utilizar los recursos del país hacia lo que ustedes hacen bien. Invertirlos de manera que den buenos retornos".

Volviendo a la Argentina, el país volvió a ser uno de los 10 mayores mercados mundiales para Scania…

(interrumpe, entusiasmado) Sí: de nuevo en donde debería estar.

¿Cuánto espera que crezca? ¿Cuál debería ser su tamaño ideal?

La Argentina siempre debería ser top-10. Esa es mi primera expectativa. Significa que, cada año, Scania Argentina necesita estar en 2500 camiones y hacia arriba. Veo un mercado creciendo. Siempre estuvo a los tumbos. Ahora, lo veo creciente, con inversiones a partir del crecimiento de PBI. Si tienes un PBI razonable, hay necesidades de transporte, lo que significa más camiones o camiones más eficientes, como los nuestros. Con un mercado total como el del año pasado, en 18.000 unidades, no estaría sorprendido si en un par de años lo vemos en 20.000 y me pondría contento si está en 25.000. Nuestra ambición es seguir creciendo en ese mercado. Si, en ese camino, no llegamos a vender 5000 camiones, estaría muy decepcionado. Pero lo merecemos. Tenemos una red fantástica. Uno puede desear market share. Pero el market share se merece. Porque significa que haces un buen trabajo para los clientes, les haces ganar más dinero.

Levin, en la sede de Scania Argentina, durante su visita al paísSilvio Serber 2026

¿Cómo?

Con el producto pero, también, con el servicio local. Manteniéndolo actualizado. Asegurándote de que tus técnicos estén disponibles. Es muy importante. Si el mercado total crece, y esa es nuestra proyección, vamos a crecer en la Argentina. Siempre se habla de la inversión industrial. Pero, si queremos incrementar presencia, debemos invertir en cada ciudad de este país. Porque necesitamos tener una red densa: uno nunca sabe dónde se romperá un camión ni puede esperar tres horas a un técnico. Tomo a Francia como un gran ejemplo.

¿Por qué?

En junio, me veré con el Presidente Macron. Cada año, invita a los CEO top para discutir inversiones. Tenemos una fábrica allá. Él quiere saber cuándo haremos más baterías para camiones, cuándo invertiremos. Y le digo que la mayor inversión que hacemos en Francia es la que hacemos en cada ciudad, en nuestra red de servicio. Eso crea empleo local y calificado, además: ser mecánico de camiones, en estos días, no es un trabajo cualquiera. Eso también ocurrirá en la Argentina.

Mencionó que se verá con Macron. ¿Le gustaría conocer a Milei?

Nunca lo conocí. Me encantaría. Me gustaría escuchar directamente de él lo que está pensando.

¿Qué piensa sobre él?

Es muy difícil verlo desde Europa. Uno recibe la visión de sus colegas europeos, que miran demasiado a su estilo y muy poco a lo que está haciendo. Ellos tratan de hacer muchos paralelos con Trump. Creo que eso es algo totalmente equivocado.

¿Por qué?

Porque no es un proteccionista. Trump trata de construir al mundo alrededor de los Estados Unidos. Milei está intentando hacer lo opuesto. Trata de integrar a la Argentina a la economía global, lo que hará a la Argentina más fuerte. Por supuesto, es muy bueno que la Argentina tenga el apoyo de los Estados Unidos. Eso, espero, continuará. Pero veo puntos diferentes. Aquí hay una discusión embrionaria de sustentabilidad, está en el mapa de Milei. No lo está en el de Trump. Hay muchas diferencias. Creo que tenemos la visión un poco equivocada en Europa.

¿Qué es lo que más lo atrae de Milei?

Pese a que soy mayormente ingeniero, estudié Economía. Siempre es interesante encontrar a alguien para intercambiar ideas. Lo que tienen aquí es un desafío tremendo. Muchos han intentado arreglar la inflación, el peso, todo lo que hace que la vida sea muy desafiante en la Argentina y que ese potencial del país nunca se realice. Y, ahora, parece que tienen a un tipo que, realmente, será exitoso. Esa es mi suposición. Y eso lo hace muy interesante.

“Tienen un desafío enorme en la Argentina. Muchos han intentado arreglar todo lo que hace que el potencial del país nunca se alcance. Y, ahora, aparece un ‘tipo’ que, realmente, será exitoso. Esa es mi suposición. Y eso (a Milei) lo hace muy interesante”.

Antes dijo que una clave para la economía argentina es crear confianza. ¿Qué se necesita todavía para eso?

No soy la persona para aconsejar al Gobierno. Pero lo que nos gusta a las empresas industriales es la previsibilidad. Nos gusta el entorno estable, las tasas de cambio que, de alguna manera, sean previsibles. No nos gustan algunas restricciones a los flujos de capitales. Cualquier cosa que vaya en la dirección de darnos previsibilidad, decirnos qué ocurrirá, es lo que queremos ver.

¿Lo ve?

Nuestra percepción es que eso es lo que empezamos a ver ahora. Empezamos a ver eso. Sé que ustedes, en este país, tienen un montón de temas estructurales de los que necesitan ocuparse. Y ese será un largo viaje. Pero estoy seguro de que, si ese viaje está hecho, habrá un crecimiento fantástico y exponencial. Como lo hemos visto con los Tigres del Sudeste asiático o lo empezamos a ver en ciertos mercados de Europa del Este. O en países más cercanos.

¿Cuáles?

Vean lo que ocurrió en un país como Chile en los últimos 20 años. Ha sido muy claro: tomó el camino del libre comercio. Más liberalización. Brasil y la Argentina tomaron un sendero de más protección. Es muy fácil ver quién fue el ganador. Brasil se las arregla porque es muy grande, como los Estados Unidos o China. Tienen tanto negocio interno que no necesitan tanto al mundo. En cambio, un país mediano o pequeño es mucho más dependiente.

¿La Argentina?

La Argentina está atrapada en el medio. Comparada con muchos países europeos, es grande. Sería el cuarto o quinto país de Europa por población. Ahora vemos signos de que va hacia la apertura. Eso atraerá inversiones. Ya lo está haciendo. Y es realmente bueno.

¿Cómo ve que será la adopción de los camiones eléctricos en América latina?

En países como Chile, la electrificación ocurrirá muy rápido. Tiene mucha energía renovable, está invirtiendo en infraestructura de carga y hay voluntad política. Vengo de Brasil: ahí tomará mucho tiempo. Es un hecho. ¿Por qué? Tiene electricidad verde; mucho más que Chile. Pero no tiene red y la superficie es enorme. Nuestras inversiones allí serán buenas para los biocombustibles. Eso podrá cerrar la brecha por 10 años, más o menos, hasta que se desarrolle la infraestructura.

¿Cómo piensa que irá en la Argentina?

Veo muchas similitudes con Brasil. Pero lo que ustedes tienen, y ellos no, es un sistema de distribución de gas. Pueden usarlo y mejorarlo. Si, además, se mezcla con el biogás que podría producir el agro, sería una solución súper buena. Y la electrificación dará pasos en los sectores en los que tiene sentido: transporte urbano, recolección de basura…Son actividades de distancias cortas. Como la última milla, en transporte de alimentos o e-commerce.

¿Cuán rápido ve la adopción por parte de los clientes?

Muy lentamente.

¿De qué depende?

De lo mismo que en Europa: del negocio del cliente. Los camiones eléctricos son más caros, incluso, si se compran los más pequeños y baratos. Hay que amortizar eso con energía barata, ¿no? Porque ahí es donde se recupera el dinero. También depende de la flexibilidad. Muchos clientes tienen contratos de un año con sus clientes. No creen que valga la pena comprar un eléctrico si pierden ese contrato y necesitan el camión para otro tipo de transporte. Y el tercer punto es la infraestructura de cara. Si puedes cargar en tu depósito, si sabes que tu camión volverá siempre a la base, es mucho más fácil. Incluso, puede hacer uno la inversión en infraestructura de carga. No es lo mismo que si hay que atravesar muchos kilómetros.

¿Entonces?

Creo que veremos dos velocidades diferentes en América latina. Algunos mercados irán más a los biocombustibles (Brasil, la Argentina, México). Y otros, más pequeños, irán al eléctrico. Pero, a largo plazo, todos terminarán ahí. ¿Por qué? Simple: el eléctrico tiene 90% de eficiencia. Incluso con nuestro mejor motor diésel, que es el mejor del mundo, puedes tener el 52% de inversión; 60%, en las investigaciones que hacemos con distintas universidades. Pero nunca alcanzarás el 90.