

El anuncio de Donald Trump de que Estados Unidos impondrá un arancel de 50% a autos, autopartes y acero canadienses a partir del 1 de enero de 2027 ofrece aparentes ventajas para México, pero expertos han advertido que esta guerra arancelaria tendría un impacto negativo para México.
Este lunes (24 de agosto), Trump dijo que ante el fracaso de las negociaciones sobre la renovación del T-MEC con Canadá, EE.UU. incrementará los aranceles a productos canadienses.
En Truth Social, Trump posteo que “Canadá ya no será tratada como un Estado” y le recordó a las armadoras que si fabrican en EE.UU. “habrá CERO TARIFAS”.
El pronunciamiento de Trump se dio luego de que las negociaciones entre Ottawa y Washington sobre nuevas tarifas fracasaron el fin de semana.
Cuando todo parecía llegar a buen puerto sobre una canasta de productos de más de u$s 20,000 millones que Canadá exporta a su vecino del sur, desde Ottawa se produjeron quejas en el sentido de que EE.UU. buscaba impedir que el país de la hoja de maple realizara negociaciones en paralelo con otros mercados.
Los días pasados, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, se había congratulado de los, hasta entonces pronosticados, acuerdos entre EE.UU. y Canadá y manifestó que México esperaba alcanzar acuerdos similares dentro del marco del T-MEC.
“México ha planteado muchos elementos ya y yo pensaría que estamos cerca de acuerdos muy sustantivos”, dijo Ebrard en el marco del InnovaFest en Querétaro. “Hay muchos avances y tengo una expectativa razonable, optimista, también me da gusto que Canadá esté integrada ya a estos diálogos y seguramente vamos a tener una mejor situación pronto, de la que teníamos, sobre acero aluminio, sobre vehículos, etcétera”.
El secretario afirmo también que dentro de las rondas de negociaciones para dar continuidad al acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, cada parte tiene su estrategia.
“Habrá que valorar al final del día que los dos países logramos, cada quien, por su camino, logramos que haya un acuerdo en América del Norte. Nosotros vemos con simpatía que Canadá esté dialogando y tenga avances”, dijo Ebrard.
Asimismo, enfatizó que México no veía los acuerdos que buscaban EE.UU. y Canadá (previo al anuncio de Trump) como una competencia.
Asimetría jurídica
Sin embargo, expertos en comercio exterior aseguran que llevar las negociaciones del T-MEC a un marco de pláticas bilaterales solo acentuarán las relaciones asimétricas entre el jugador más poderoso en la ecuación tripartita.
La bilaterización de las pláticas, un fenómeno impuesto por Washington y aceptado por Ciudad de México y Ottawa, juega como un handicap a favor de Estados Unidos y, por lo menos en México, se ha aceptado negociar así.
“En cada caso (de disputas comerciales con Estados Unidos) hemos planteado lo que México considera y hemos utilizado todas las herramientas que tenemos para poder acercarnos a ese acuerdo”, dijo Ebrard.
Un estudio publicado en la revista científica Logistics expone la asimetría estructural y las dinámicas unilaterales que colocan a las partes más vulnerables del T-MEC en una posición de extremo riesgo frente a Estados Unidos.
Los autores del estudio, Laura Bocanegra, Cuauhtémoc Sánchez y Jorge Luis García (del Tecnológico Nacional de México y la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez), afirman que el caso de México es el más extremo pues exporta más del 87% de los vehículos que ensambla a EE.UU.
“La vulnerabilidad del sector se observa en su alta concentración en un solo mercado de exportación, lo cual restringe la adaptabilidad de la producción en México y debilita su capacidad de responder con efectividad a las disrupciones en la cadena de suministro”, afirman los académicos.
Asimismo, documentan cómo Washington aplica o amenaza con aplicar políticas comerciales de manera unilateral, ignorando las reglas o preferencias acordadas en el T-MEC.
La evidencia, refieren es el uso de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, y la Sección 232 (de seguridad nacional) para aplicar tarifas de 25% a México y Canadá (acero y aluminio) de forma discrecional.
En cuanto a las cadenas de suministro, los expertos hacen hincapié en la dificultad estructural de México y Canadá de moverlas fuera de la influencia de EE.UU. o redirigir exportaciones hacia otros mercados, lo cual requiere inversiones y años de ajuste y reconfiguración organizativa.
En conclusión, el estudio advierte que en cualquier “negociación bilateral” dentro del marco del T-MEC, la simetría es solo jurídica, no económica. La extrema dependencia operativa le da a Estados Unidos un poder de coerción unilateral que invalida temporalmente las garantías del tratado, dejando a México (y por extensión a Canadá) con un costo de adaptación (switching cost) sumamente elevado a corto y mediano plazo.
















