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Científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) encendieron las alarmas sobre cambios en el volcán El Chichón, ubicado en el norte de Chiapas.

El cráter alberga un lago que alcanza temperaturas extremas y muestra señales preocupantes que demandan mayor vigilancia, especialmente por el flujo constante de visitantes que ignoran las advertencias oficiales.

Las mediciones detectaron temperaturas de hasta 118 °C y la presencia de azufre fundido en el lecho del cráter, un fenómeno poco común que confirma la intensa interacción entre gases volcánicos. UNAM

Un caldero natural a 118 grados que esconde azufre fundido

El lago cratérico del volcán El Chichón constituye un sistema hidrotermal extremo y altamente dinámico, muy distinto a un cuerpo de agua lacustre convencional.

Las mediciones geotérmicas realizadas en su columna de agua y en los sedimentos del fondo registrados temperaturas que alcanzan hasta los 118 grados, un valor que supera ampliamente el punto de ebullición del agua a presión atmosférica.

Estas condiciones extremas son posibles debido a la elevada presión hidrostática y a la continua inyección de calor proveniente de un sistema magmático somero.

Además, en el fondo del lago se desarrolla un ambiente geoquímico dominado por azufre elemental, donde este elemento se mantiene en estado líquido gracias a las altas temperaturas.

La presencia de este azufre fundido es evidenciada por uno de los fenómenos más singulares del lago: la formación de esferas huecas de azufre nativo. Estas estructuras se originan cuando gases volcánicos ricos en compuestos sulfurados (principalmente H₂S y SO₂) ascienden desde el sistema hidrotermal profundo y burbujean a través de una poza de azufre líquido ubicada en el lecho del cráter.

Durante este proceso, el azufre líquido recubre las burbujas gaseosas, solidificándose parcialmente por entrar en contacto con capas de agua ligeramente más frías, lo que da lugar a esferas de paredes delgadas y estructura hueca. Debido a su baja densidad relativa, estas esferas ascienden hasta la superficie del lago, donde flotan de manera efímera antes de colapsar o fragmentarse por enfriamiento, disolución parcial o liberación del gas interno.

Este comportamiento físico-químico constituye una evidencia directa de la existencia de un depósito activo de azufre líquido en el fondo del cráter, así como de una intensa interacción entre fluidos magmáticos, gases volcánicos y el sistema lacustre.

Del verde al blanco: cambios químicos que reflejan un volcán vivo

Los análisis realizados durante dos décadas muestran transformaciones notables en la composición del lago. El agua pasó de tener una coloración dominada por organismos vivos como las algas a presentar tonalidades blanquecinas por la concentración elevada de sulfatos y sílice.

Estos cambios físico-químicos no son meramente estéticos. Los especialistas identificaron variaciones en los flujos de solutos a través del sistema hidrotermal completo, evidenciando que el volcán mantiene procesos internos activos. Las aguas sulfurosas alcanzan regularmente temperaturas cercanas a los 100 grados, creando un ambiente hostil que refleja la dinámica volcánica continua.

La emisión constante de gases como sulfuro de hidrógeno y dióxido de carbono convierte al cráter en un entorno potencialmente mortal, especialmente para turistas que desoyen las advertencias oficiales.Unicach

Riesgo invisible: gases tóxicos amenazan a turistas imprudentes

Pese a las restricciones oficiales, el cráter del Chichón continúa recibiendo visitantes que se exponen a peligros mortales. De hecho, los expertos advierten sobre emisiones significativas de gases desde el fondo del cráter, incluyendo sulfuro de hidrógeno (H₂S) y dióxido de carbono (CO₂) en concentraciones potencialmente tóxicas.

Aunque estas emanaciones no representan amenaza para las comunidades si se respetan las zonas de exclusión, quienes ingresan al área del cráter se arriesgan a intoxicaciones graves. El suelo alterado, las temperaturas extremas y la atmósfera venenosa convierten el sitio en una trampa mortal para aventureros desprevenidos.

Protección Civil de Chiapas mantiene el semáforo volcánico en fase amarilla (nivel 2) y trabaja con guías turísticos locales para reforzar mensajes de seguridad. Sin embargo, insisten en que se requiere mayor colaboración institucional para fortalecer el monitoreo geoquímico y prevenir tragedias, recordando que la última erupción importante en 1982 causó daños superiores a 117 millones de dólares.