La estructura interna de la Tierra alberga un núcleo externo compuesto principalmente por hierro y níquel en estado líquido. La dinámica convectiva de este fluido metálico, impulsada por gradientes térmicos y la rotación planetaria, da origen al geodinamo terrestre, el mecanismo responsable de la generación del campo magnético global. Este campo actúa como una barrera fundamental frente a la radiación cósmica y el viento solar, preservando tanto la atmósfera como las condiciones necesarias para la vida.
Sin embargo, el campo magnético terrestre no es un sistema rígido ni permanente. El polo norte magnético, definido como el punto donde las líneas del campo magnético ingresan perpendicularmente a la superficie del planeta, experimenta un desplazamiento continúo debido a variaciones en los flujos del núcleo externo. En las últimas décadas, este movimiento se aceleró de forma significativa, alterando los modelos geomagnéticos utilizados para la navegación.
Este comportamiento anómalo obligó a la comunidad científica a actualizar con mayor frecuencia el Modelo Magnético Mundial (WMM), una herramienta clave para sistemas de posicionamiento, navegación aérea y marítima, satélites, aplicaciones de geolocalización y sensores integrados en dispositivos móviles. No obstante, un nuevo descubrimiento podría cambiarlo todo otra vez.
Un viaje de 2.200 kilómetros desde el Ártico canadiense hasta Siberia
Desde que fue localizado por primera vez en 1831 en territorio canadiense, el polo norte magnético emprendió un largo viaje a través del Ártico. Durante décadas, su desplazamiento fue relativamente pausado y predecible, pero a finales del siglo XX algo cambió. Comenzó a acelerar su marcha de manera dramática, alcanzando velocidades de hasta 60 kilómetros por año, diez veces más rápido que su ritmo histórico. Esta aceleración obligó a los científicos a realizar actualizaciones más frecuentes de los modelos magnéticos.
Ahora, en un giro inesperado, el polo norte magnético redujo su velocidad a aproximadamente 35 kilómetros anuales, lo que representa la mayor desaceleración jamás registrada. Este cambio de comportamiento capturó la atención de la comunidad científica internacional, que trabaja para comprender los procesos dinámicos en el núcleo terrestre que provocan estas variaciones.
Actualmente, el polo magnético se encuentra más cerca de Siberia que de su posición original en el archipiélago ártico canadiense, habiendo recorrido más de 2.200 kilómetros en casi dos siglos de observación.
El Modelo Magnético Mundial 2025: la actualización que mantiene funcionando la tecnología moderna
Para mantener la precisión de los sistemas de navegación, científicos de la NOAA estadounidense y del British Geological Survey desarrollan cada cinco años el World Magnetic Model (WMM), una representación matemática del campo magnético terrestre que se convirtió en la columna vertebral de la navegación moderna. La versión 2025, lanzada a finales de 2024, incorpora una innovación crucial: el modelo de alta resolución WMMHR2025, que multiplica por diez la precisión en las zonas ecuatoriales.
Esta actualización no es un mero ejercicio académico. Gobiernos, fuerzas armadas, aerolíneas comerciales, flotas marítimas y fabricantes de tecnología en todo el mundo dependen de este modelo para calibrar sus sistemas. Desde la OTAN hasta la Organización Hidrográfica Internacional, pasando por empresas que producen millones de teléfonos móviles y vehículos cada año, todos deben incorporar estos nuevos datos. Sin esta actualización, los errores de navegación podrían acumularse hasta alcanzar decenas de kilómetros en rutas largas, con consecuencias potencialmente graves para la seguridad aérea y marítima.
Zonas críticas: cuando las brújulas pierden el norte en los polos
El WMM2025 también actualiza información crucial sobre las llamadas “zonas de apagones magnéticos”, regiones cercanas a los polos donde el campo magnético terrestre se comporta de manera errática. En estas áreas, las líneas del campo magnético se vuelven casi verticales y extremadamente inestables, lo que provoca que las brújulas tradicionales y algunos sistemas de navegación pierdan confiabilidad.
Para la aviación polar, que experimentó un aumento significativo en las últimas décadas debido a la apertura de rutas más cortas entre continentes, esta información es vital. Los pilotos y sistemas de navegación deben saber exactamente dónde se encuentran estas zonas problemáticas para ajustar sus procedimientos y depender de sistemas alternativos como la navegación inercial o satelital. Las expediciones científicas al Ártico y la Antártida también dependen críticamente de estos datos actualizados.
Mientras que para el ciudadano común el impacto en su trayecto diario al trabajo o en el uso cotidiano del GPS del móvil es prácticamente imperceptible, en contextos donde la precisión es crítica —navegación oceánica, vuelos transcontinentales, operaciones militares o exploración polar— un modelo desactualizado puede ser la diferencia entre llegar al destino correcto o desviarse peligrosamente de la ruta.