


Los apellidos no nacieron de una sola tradición ni en un momento específico. En la Europa medieval comenzaron a consolidarse distintas formas de identificar a las personas más allá de su nombre de pila, mediante referencias a su padre, lugar de procedencia, oficio o alguna característica. Con el crecimiento de las poblaciones, estos identificadores adquirieron mayor utilidad para distinguir a personas que podían compartir el mismo nombre.
En la península ibérica, una de esas fórmulas fue la creación de apellidos patronímicos, es decir, aquellos derivados del nombre del padre. Con el paso de las generaciones, lo que originalmente podía funcionar como una referencia a la filiación terminó convirtiéndose en un apellido hereditario. Esta tradición llegó a América durante la expansión española y forma parte importante de la historia de los nombres de familia que actualmente existen en México.

El origen y el secreto de los apellidos terminados en “-ez”
El famoso “-ez” suele asociarse con la idea de “hijo de”. Así, Rodríguez se relaciona con Rodrigo, Fernández con Fernando o Hernando, González con Gonzalo, Martínez con Martín y Pérez con Pedro o Pero. La propia tradición gramatical española documenta los patronímicos como apellidos derivados del nombre del padre y recoge ejemplos como Gonzál-ez y Ferránd-iz.
Sin embargo, hay una precisión histórica importante: no existe consenso absoluto sobre el origen lingüístico del sufijo. A lo largo del tiempo se han propuesto explicaciones relacionadas con el latín, las lenguas germánicas y las lenguas prerromanas o vascas.
Un estudio clásico de la Real Academia Española recoge precisamente ese debate y distintas hipótesis sobre la formación de estas terminaciones. Por eso, afirmar que “-ez” procede sin discusión de una sola lengua sería simplificar demasiado la historia.
Los 10 apellidos más comunes en México
Entre los apellidos que aparecen de manera recurrente entre los más frecuentes en México se encuentran:
- Hernández
- García
- Martínez
- López
- González
- Pérez
- Rodríguez
- Sánchez
- Ramírez
- Cruz
La lista es especialmente llamativa porque ocho de esos diez apellidos tienen una terminación asociada tradicionalmente con los patronímicos en “-ez”, mientras que García y Cruz pertenecen a otras formas de formación. Las fuentes que recopilan los registros estadísticos mexicanos coinciden en la enorme presencia de estos apellidos, aunque las posiciones y cifras pueden variar según el año y el tipo de registro utilizado.
No todos los apellidos en “-ez” nacieron de la misma lengua
La historia se vuelve todavía más interesante cuando se observa que los nombres propios que dieron origen a estos apellidos tampoco son todos de una única procedencia.
Muchos nombres medievales empleados en la península tenían raíces germánicas, latinas o prerromanas y, al integrarse al castellano, dieron lugar a formas que posteriormente originaron apellidos patronímicos. Por ejemplo, Hernández se vincula con Hernando/Fernando, mientras que Rodríguez procede de Rodrigo.
La misma lógica de identificar la filiación mediante una terminación existió en otras lenguas, aunque con formas diferentes. El portugués desarrolló formas en “-es” y el catalán presenta terminaciones como “-is” en determinados patronímicos.
Por eso, el secreto de los apellidos mexicanos terminados en “-ez” no es que todos pertenezcan a un mismo linaje: comparten principalmente una antigua manera de expresar la descendencia, que con los siglos dejó de ser una descripción temporal y se convirtió en un apellido familiar heredado.














