Verlos volar es como estar adentro de una película. En menos de un minuto parecen perderse en el cielo, lo que los pone en un umbral que roza el límite con la seguridad del espacio privado. En la Argentina, ya existen emprendedores que están haciendo de la industria de los drones una realidad. La diferencia que existe entre ellos es que los hay de uso para aficionados o profesional. Los orientados a fines recreativos cuentan con plataformas cerradas open source, como Arduino, son fáciles de usar y se pueden conseguir por un valor que oscila entre los u$s 300 hasta los u$s 800. Una de sus desventajas: vienen con un software no modificable; capacidad de memoria limitada de 8 MB; y no se basa en RTOS, es decir, un sistema operativo que actúa en tiempo real.
Por el otro lado, los de uso profesional se pueden diseñar a medida y su diseño está orientado a la carga, con un costo que puede llegar hasta los u$s 20.000. Los emprendedores más destacados del segmento contaron a IT Business cómo se iniciaron en el este nuevo universo IT.Y ¿Vuela?Fascinado por las películas de ficción como Terminator y sus primeros conocimientos con aeromodelismo en el secundario, Ramiro Saiz comenzó mediante los foros de Internet. Lo bueno es que los modelos que se producen son de código abierto y se comparte cada experiencia, cuenta.
Según destaca, al iniciarse, lo principal era tener la placa controladora, con motor eléctrico, que se usan en los aviones de aeromodelismo. Así para sus primeros prototipos invirtió, de ahorros propios, u$s 500 con los cuales pudo obtener el dispositivo y los radiocontroles. Sin embargo, luego, el desafío fue lograr que vuelen. El primero lo construí en madera y se estrelló al poco tiempo. Es muy difícil lograr estabilizarlos. Esta tarea, requirió unos cuantos meses más. Con un nuevo prototipo, ya de fibra de carbón y materiales más sofisticados Saiz lo empezó a ofrecer como servicio de mapeos en el campo. Desde la computadora, uno puede ver el drone como si estuviera volando junto a el, recuerda sin olvidar destacar que, hoy, suele ser difícil conseguir las partes por las dificultades en las importaciones. Por otro lado, recuerda que cada equipo tiene su finalidad. Por ejemplo, un equipo de rescate puede cargar hasta seis kilos de peso.
Entre los principales problemas, que aún enfrentan los desarrolladores esta la capacidad de la batería. En promedio, el tiempo estimado de vuelo de estas unidades oscila entre los 25 y 30 minuto.
Otra de las consideraciones es la seguridad. Si no lo sabés volar pueden ser muy peligrosos, incluso sus hélices pueden llegar a cortar. Ni hablar si se le cae encima a alguien. explica.Mil horas de vuelosLa primera vez que los volé. Tenía 1.000 horas de vuelo con un simulador, cuenta Iván Insausti, emprendedor que, sobre esta nueva rama de hardware, logró armar su porpio negocio: desde su marca Hexacoptero, ofrece servicios de filmación.
Yo trabajaba en cine y había tomas que con un helicóptero común no lo podía lograr. Me enteré que existían los drones y quise incorporarlos", dice. Lo laboral se transformó en un hobby, en el que lleva invertido más de $ 350.000. El entrepreneur, realizó trabajos en el Cosquín Rock, Personal Fest, en el video de Illya Kuryaki and the Valderramas y está por grabar en la secuela de El Rati Horror Show. Sin embargo, el trabajo que le presentó más dificultad fue el que realizó en el glaciar Perito Moreno. Se tiene que trabajar con un viento menor a dos kilómetros por hora para que el drone se pueda mantener estable, cuenta.Uso municipalOtro de los usos que se le está dando a estos equipos es el de prevención de delitos y asistencia en siniestros climáticos, como es el caso del Municipio de Tigre. Generalmente, en un allanamiento se usan entre tres o cuatro minutos para brindar un panorama de la situación, cuenta Diego Santillán, secretario de Protección Ciudadana de Tigre. Además, comenta que son altamente efectivos para llegar antes que cualquier asistencia. Hasta el momento, el Municipio tiene dos drones de un valor de $ 100.000 cada uno, provenientes de Holanda. Para comenzar a utilizarlo dispusimos de un equipo de ocho personas con perfil tecnológico y realizamos capacitaciones, que tuvieron una duración de entre tres y seis meses para poder manejarlos, contó. Los drones pesan 3,1 kilos cada uno, tienen ocho motores y miden 76 centímetros, están equipados con una cámara de alta definición y una que puede tomar imágenes infrarrojas. Además, la batería es de Litio Ion 16,8V.El ADN de las fotosDestinados a un uso más técnico, Hernán Alvaredo, Licenciado en Publicidad, con un posgrado en imágenes criminalísticas de la Policía Federal, se comenzó a interesar en la tecnología que ofrecían los drones. Usarlos es como hacer un ADN de las fotos, dice.
Reconoce que una de las contras que poseen estos equipos es que no tienen mucha capacidad de vuelo autónomo y todo depende de la experiencia del piloto que lo maneja. Alvaredo recuerda que, al comenzar, invirtió entre u$s 15 y u$s 20.000, pero que no se arrepiente porque cada vez le encuentra mayores usos, como por ejemplo, hacerlo volar alrededor de una torre, con una secuencia determinada y sacarle fotos, con esto obtener un plano 3D y tener una maqueta del edificio. Otro de los usos son las ortofotos, que es el mapeo de un terreno en 3D, con una calidad similar a las que podría llegar a ofrecer una cámara de un satélite. "Al comienzo había muchas personas que lo usaban. El problema es que no todos invierten en telemetría, que sirve para saber donde está volando, su plan de vuelo", cuenta Hernán.Fines académicosAlan Kharsansky, ingeniero Electrónico por la Universidad de Buenos Aires, especializado Sistemas Embebidos, fue uno de los ganadores del Premio Innovar, en la edición 2013, que entrega el Ministerio de Ciencia y Tecnología e Innovación Productiva de la Nación. A la hora de realizar la tesis, lo hice en base a los drones. Empecé con un quadrator (N.d.R.: un drone que funciona como un helicóptero de cuatro rotores) para poder implementar los algoritmos de control, que es lo que se usa para hacerlos volar", comenta.
Como no había en el mercado, Alan tuvo que diseñar una computadora, programando los algoritmos para que el drone vuele, con la ayuda de Ariel Luttemberg, director del laboratorio de Sistemas de Embebidos de la UBA. "En las universidades de afuera, ya existen los drones para poder ir creciendo en complejidad, pero acá no teníamos nada, dice Kharsansky y cuenta que comenzaron haciendo una PC, diseñada en el país pero con los componentes traídos desde afuera.
Las primeras pruebas fueron medias catastróficas. Al primer drone lo hicimos volar en una plaza, se nos fue para arriba, perdió la conexión y nunca más volvió, dice y señala que hay que tener mucho cuidado porque pueden llegar a tener 700 watt de potencia, concentrado en un kilo setenta sin carga. Llegan a romper paredes - aclara- Lo bueno es que las computadoras que usamos, con un micro de 32 bit, se pueden adaptar a las necesidades, con el drone tratamos de hacer que la gente se interese en el área de control de los sistemas embebidos".
El objetivo de Kharsansky fue diseñar una computadora de vuelo capaz de implementar el control del drone. El modelo elegido fue el F450, de 282 gramos, con un motor de 22 x 12 mm, de estructura rígida y simétrica, programado en C y pythom. Ahora, estamos buscando poder reducir los costos, dice el Ingeniero que invirtió inicialmente u$s 5.000 de sus ahorros personales y una vez que ganó el premio Innovar, la Facultad de Ingeniería de UBA le proporcionó fondos para poder adquirir tres quadracopteros más. Ya sea para fin académico como para hobbies, los drones parece ser una industria que tiene mucho que aportar.