Una intervención arqueológica en las costas de Marbella, en la provincia española de Málaga, buscará confirmar si un buque hundido en esa zona es una embarcación italiana que en 1887 viajaba desde Marsella hacia Buenos Aires con un cargamento de materiales de construcción. Así lo informó la Junta de Andalucía.
Las investigaciones realizadas hasta ahora localizaron en la prensa histórica noticias sobre el naufragio, ocurrido en noviembre de 1887, de un bricbarca —un buque de tres o más palos— italiano que las fuentes citan como Garegliano o Gagliano.
Una hipótesis todavía en estudio
La identificación del pecio, ubicado en la zona marbellí de Cabopino, con esa embarcación italiana no puede considerarse definitiva. Sin embargo, la coincidencia entre los datos históricos y las evidencias arqueológicas abre una hipótesis que los especialistas esperan poder confirmar en las próximas semanas.
Para eso, se analizará el yacimiento, que fue cuantificado inicialmente en 39 metros de longitud y 15 metros de ancho, y que todavía conserva parte de su cargamento original.
El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), a través de su Centro de Arqueología Subacuática (CAS), llevará adelante esta actuación entre el 15 y el 30 de septiembre. El trabajo permitirá avanzar en el estudio de las técnicas constructivas navales y de las redes de comercio transoceánico del siglo XIX, un período clave en la conexión comercial entre Europa y América.
Qué dicen las autoridades
La consejera de Cultura, Patrimonio Histórico y Deporte de Andalucía, Patricia Del Pozo, explicó que el estudio es posible porque el buque aún conserva una parte significativa de su estructura y de las mercancías que transportaba al momento del naufragio.
Según Del Pozo, esto constituye “un testimonio material de primer nivel sobre la historia marítima contemporánea”.
El equipo generará además un modelo en tres dimensiones de los restos conservados, lo que permitirá estudiar el pecio sin necesidad de intervenir físicamente sobre ciertos elementos. Esas imágenes también funcionarán como material de divulgación para el público general, mediante reconstrucciones virtuales.
Los primeros hallazgos
El centro arqueológico había intervenido por primera vez en este punto en 2022, con una inspección inicial que confirmó la existencia de un yacimiento arqueológico de notable entidad sobre un fondo arenoso, a una profundidad media de seis metros.
En aquel momento, las características constructivas observadas ya apuntaban a una embarcación de tradición naval mediterránea, encuadrada de forma preliminar dentro de la época contemporánea.
Los especialistas advirtieron además que la dinámica del litoral fue dejando progresivamente al descubierto nuevos elementos, por lo que no se descarta que bajo el sedimento permanezcan otras partes de la embarcación, de su carga y de objetos vinculados a la vida a bordo.
Qué transportaba el buque
Entre los elementos documentados hasta el momento se encuentran componentes de la arquitectura del barco, como partes de la cobertura interior y exterior, cuadernas y piezas longitudinales de la estructura, además de un revestimiento metálico para proteger el casco y clavos fabricados en aleación de cobre.
Uno de los principales valores arqueológicos del hallazgo es que buena parte del cargamento permanece todavía dispuesto sobre la estructura del barco. Entre los materiales identificados aparecen barriles con restos de madera —en algunos casos, con el contenido solidificado tras la desaparición del recipiente original— y numerosos elementos cerámicos para la construcción, principalmente tejas y baldosas de fabricación francesa.
Esas piezas llevan marcas comerciales de Marsella activas entre las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del XX. El análisis conjunto de todos estos elementos permitirá reconstruir cómo funcionaban las redes marítimas que conectaban a los grandes centros productores del Mediterráneo con los mercados del otro lado del Atlántico, entre ellos, el puerto de Buenos Aires.
Con información de EFE.