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“Fue muy audaz José Luis”, dice Silvia Tenazinha, CEO de Salesforce Argentina. Lo que hizo José Luis Perna fue escribirle directamente por LinkedIn para preguntarle si él, siendo un comerciante tradicional, podía usar el CRM de la empresa. La florería que su suegro había fundado en zona sur tenía 64 años de historia y un problema nuevo: había crecido en internet pero no sabía qué hacer con los clientes que ya tenía.

Cómo una florería de barrio llegó a vender a todo el mundo

Flores Avenida arrancó su canal digital en 2018. Perna ya tenía algunos conocimientos de marketing online, pero lo que siguió fue un proceso de aprendizaje autodidacta: posicionamiento orgánico, branding sostenido, gestión de reseñas para que clientes potenciales pudieran tomar decisiones con más información.

“Aprendimos que era necesario responder siempre a las expectativas de nuestros clientes para fidelizarlos y solicitarles reseñas online”, cuenta Perna en diálogo con El Cronista. El objetivo era claro desde el arranque: llegar a clientes más allá de la proximidad del local físico, hacia un público que podía estar en cualquier parte del mundo pero quería hacer un envío de flores en Buenos Aires o el Gran Buenos Aires.

Cuando llegó la pandemia, el negocio tomó la decisión que lo define. “La necesidad de relacionarse de las personas, ya sea por cumpleaños, aniversarios e incluso por condolencias, era imparable”, apunta Perna. Mientras miles de comercios cerraban o se contraían, Flores Avenida intensificó su presencia online para llegar a quienes querían enviar flores a domicilio sin salir de sus casas.

“Unimos personas desde todas partes del mundo que querían demostrar su amor a sus seres queridos en Buenos Aires”, describe. La apuesta funcionó y dejó una lección que el negocio no olvidó: en los momentos en que el mercado se achica, la visibilidad online puede ser la diferencia.

El problema que lo llevó a buscar un CRM

El límite apareció más tarde y en un lugar inesperado. En 2025, Perna se dio cuenta de que el negocio estaba obsesionado con conseguir clientes nuevos y prácticamente ignoraba a los que ya había ganado. “Nos estábamos enfocando casi exclusivamente en adquirir clientes nuevos y no prestando la debida atención a los que ya habían confiado en nosotros”, reconoce. Lo que necesitaba era una herramienta que le permitiera conocer preferencias, fechas importantes, hábitos de compra: construir una relación duradera con cada cliente en lugar de empezar de cero cada vez.

Silvia Tenazinha, CEO de Salesforce Argentina: "Fue muy audaz José Luis al contactarme directamente por LinkedIn para preguntarme si podía usar Salesforce".

“Podemos anticiparnos a una fecha importante para nuestro cliente y recordarle que Flores Avenida es su mejor opción para transmitir su amor a sus seres queridos”, explica sobre lo que cambió con el CRM de Salesforce. Fue ese diagnóstico el que lo llevó a buscar la herramienta, y ese camino lo llevó a LinkedIn.

Tenazinha recibió el mensaje y vio algo concreto: un espíritu emprendedor que no se conformaba con lo de siempre. “Sus ganas de crecer, de ir por más”, resume la CEO. La principal barrera que encuentra en otros comercios pequeños no es el precio. Es la falta de visión estratégica sobre lo que la tecnología puede hacer por el negocio, combinada con el miedo a la complejidad y a la curva de aprendizaje. “Muchos pequeños comercios aún no llegan a ver el potencial”, afirma.

En un contexto económico como el argentino, con ciclos de crisis e incertidumbre, esa resistencia tiene lógica: la tecnología aparece primero como un costo, no como una palanca. Lo que el caso de Flores Avenida demuestra, según Tenazinha, es que el orden puede ser al revés.

El negocio que Perna recibió tenía 64 años de historia y una clientela de barrio. El que construyó encima entrega hoy el mismo día en cualquier punto de la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, con pedidos que entran desde cualquier parte del mundo, ya implementa herramientas de inteligencia artificial para ganar agilidad en la respuesta al cliente y, según él mismo, no tiene techo. “Hoy no tenemos techo”, cierra.