La conservación de la biodiversidad dejó de ser una causa exclusiva de organizaciones ambientales para convertirse en un desafío compartido con el sector privado. En un contexto donde los efectos del cambio climático y la pérdida de especies ocupan cada vez más espacio en la agenda global, las empresas también comenzaron a asumir un papel más activo. En ese escenario, Fundación Temaikèn busca consolidarse como un socio estratégico para aquellas organizaciones que buscan transformar sus compromisos de sustentabilidad en proyectos con impacto medible.
Con más de dos décadas de trabajo en conservación, rescate y rehabilitación de fauna silvestre, la organización atraviesa una nueva etapa de crecimiento. El objetivo ya no es solo fortalecer sus programas científicos, sino también construir alianzas capaces de ampliar el alcance de esas iniciativas.
Al frente de ese proceso se encuentra Sergio Guerra, Director General (CEO) de Fundación Temaikèn. Economista graduado de la Universidad de Buenos Aires (UBA), con un MBA en la Universidad de San Andrés y formación ejecutiva en el IAE Business School y Kellogg (Chicago), cuenta con cerca de tres décadas de trayectoria en compañías como Quilmes, Molinos, Pecom y Grupo Omint. A fines de 2024 asumió la conducción de Fundación Temaikèn con el desafío de potenciar su modelo de gestión, ampliar el alcance de sus programas de conservación y fortalecer el vínculo de la organización con el sector privado.
“Las necesidades ambientales son infinitas, pero los recursos son finitos”, resume Sergio Guerra al explicar uno de los principales desafíos que enfrenta la institución.
Mucho más que un bioparque
Para buena parte del público, Temaikèn continúa siendo sinónimo de bioparque. Sin embargo, detrás de esa experiencia conviven múltiples proyectos dedicados a la conservación de especies y ecosistemas en distintos puntos del país.
La organización gestiona el Centro de Recuperación de Especies Temaikèn (CRET), donde ingresaron más de 20.000 animales para su rehabilitación; desarrolla programas de conservación en Misiones y en la Patagonia; participa en proyectos científicos para recuperar especies amenazadas y trabaja junto a organismos públicos frente a emergencias ambientales y decomisos de fauna silvestre. Durante el último año, 468 animales fueron rehabilitados y 487 lograron ser reinsertados en su hábitat natural.
Sostener esa estructura requiere un modelo de financiamiento diversificado. Actualmente, alrededor del 70% de los ingresos proviene de la actividad del Bioparque, mientras que el resto se compone de donaciones, eventos, propuestas gastronómicas y aportes de empresas. Para Guerra, ampliar esa matriz no solo garantiza la continuidad de los programas de conservación, sino que también permite proyectar nuevas iniciativas de investigación, rescate y restauración de la biodiversidad.
“Si no corto tickets, no tengo ingresos. Y si no tengo ingresos, no podría rescatar al cóndor”, explica al describir por qué la organización busca reducir su dependencia de la actividad del parque.
El sector privado como aliado de la conservación
Lejos de plantear una relación basada únicamente en aportes económicos, Temaikèn propone construir proyectos conjuntos con el mundo empresarial. La premisa consiste en desarrollar iniciativas de triple impacto, donde la conservación de la biodiversidad conviva con beneficios para las compañías y para las comunidades donde operan.
“Trabajemos conjuntamente para hacer proyectos de triple impacto, que le sirvan a la empresa, al medioambiente y a nosotros”, sostiene Guerra.
Ese enfoque también se traduce en una propuesta pensada para que las organizaciones encuentren en el Bioparque un espacio donde combinar propósito, cultura y desarrollo de equipos. Fundación Temaikèn impulsa alianzas que incluyen jornadas de voluntariado corporativo, actividades de team building, encuentros institucionales y experiencias diseñadas para acercar a los colaboradores a los desafíos de la conservación de la biodiversidad.
A su vez, el predio ofrece la posibilidad de realizar eventos empresariales en un entorno natural, con formatos que van desde reuniones y cócteles hasta propuestas gastronómicas, conciertos y experiencias exclusivas. La idea, explica Guerra, es que las empresas no solo acompañen económicamente los proyectos de la Fundación, sino que también conviertan esos espacios en oportunidades para fortalecer el compromiso de sus equipos con una agenda ambiental cada vez más relevante para empleados, clientes e inversores.
El planteo responde también a una transformación que atraviesa al propio sector corporativo. Según el CEO, la sustentabilidad dejó de ser un diferencial para convertirse en una condición necesaria.
“Pensar hoy la economía sin sustentabilidad es un disparate”, afirma. Y agrega que empleados, clientes, inversores y otros grupos de interés ya exigen conocer qué acciones concretas llevan adelante las compañías para reducir su impacto ambiental.
Además del propósito ambiental, Fundación Temaikèn ofrece capacidad técnica, seguimiento de proyectos e indicadores de resultados, aspectos cada vez más valorados por las empresas al momento de desarrollar programas de sustentabilidad.
“No se trata solamente de hacer un aporte económico; las empresas necesitan trazabilidad, seriedad y resultados concretos. Eso es parte de lo que ofrecemos”, resume Guerra.
Actualmente, la organización trabaja junto a compañías como Techint, Banco Galicia y Pan American Energy, entre otras, en diferentes iniciativas vinculadas con la conservación.
Innovación para acercar la conservación a más personas
La estrategia de crecimiento también incluye una renovación profunda de la experiencia del visitante. Durante el último año, Fundación Temaikèn impulsó nuevos espacios que buscan acercar al público al trabajo científico que se desarrolla detrás de escena y fortalecer el vínculo entre las personas y la biodiversidad. Entre ellos se destacan el territorio dedicado al aguará guazú, futuras propuestas centradas en especies como el huemul y un laboratorio abierto donde los visitantes podrán interactuar con investigadores y conocer programas de conservación que, hasta hace poco, permanecían fuera de la vista del público.
La principal incorporación es Planeta Vida, una experiencia inmersiva y sensorial que representa uno de los proyectos más ambiciosos de la nueva etapa de Fundación Temaikèn. Más que una sala de proyección, se trata de un recorrido diseñado para despertar emociones, generar conciencia y acercar al visitante a la importancia de conservar la biodiversidad a través de recursos tecnológicos de última generación.
La propuesta comienza con un pre-show que introduce al público en los desafíos que enfrenta el planeta y lo prepara para la experiencia central. Luego, en una sala inmersiva con tecnología Ultra 12K y proyección en 360°, imagen, sonido y narrativa se combinan para construir un relato que busca conectar emocionalmente a los visitantes con la naturaleza. El recorrido concluye con un post-show que traslada esa experiencia a la acción, invitando a reflexionar sobre el rol que cada persona puede asumir en la conservación del ambiente.
Para Guerra, el objetivo es que quienes visitan el Bioparque comprendan que la conservación no ocurre únicamente en los espacios naturales o en los laboratorios, sino que también comienza con un cambio en la forma de mirar y relacionarse con el entorno. En ese sentido, Planeta Vida busca convertirse en la puerta de entrada a esa transformación, combinando conocimiento, innovación y emoción para inspirar un compromiso activo con el cuidado del planeta.
El objetivo, explica Guerra, es que quienes recorren el parque comprendan que su visita financia mucho más que una experiencia recreativa.
“Queremos que la gente conozca todo el trabajo enorme que hace Temaikèn. Sí, queremos que se divierta, pero también que entienda todo lo que está haciendo posible con su entrada”, señala.
Un reconocimiento que abrió nuevas oportunidades
La proyección internacional de Fundación Temaikèn también se fortaleció recientemente con la obtención del WAZA Conservation Award, el máximo reconocimiento otorgado por la World Association of Zoos and Aquariums (WAZA) en materia de conservación de la biodiversidad. El premio distinguió el trabajo sostenido durante más de dos décadas para preservar la flora endémica del Teyú Cuaré, en Misiones, y convirtió a la organización en la primera institución latinoamericana en recibir esa distinción.
Más allá del reconocimiento, Guerra destaca que este tipo de logros no solo valida el trabajo científico desarrollado por la Fundación, sino que también fortalece su posicionamiento frente a organismos internacionales, potenciales donantes y empresas interesadas en impulsar proyectos ambientales de largo plazo. En ese sentido, considera que contar con una institución respaldada por estándares internacionales aporta confianza a la hora de construir alianzas con el sector privado y desarrollar iniciativas con impacto medible.
Conservación con impacto compartido
Para el CEO de Fundación Temaikèn, el desafío de preservar la biodiversidad excede la capacidad de cualquier organización individual. Requiere construir alianzas, sumar conocimiento y generar compromisos de largo plazo.
Esa convicción atraviesa la nueva etapa de la Fundación. La estrategia combina ciencia, educación, innovación y una mayor articulación con el mundo corporativo para ampliar el alcance de los proyectos de conservación. La propuesta apunta a que las empresas no solo contribuyan con recursos, sino que encuentren en Temaikèn un socio capaz de diseñar iniciativas con resultados concretos, trazabilidad y beneficios compartidos para el ambiente y la sociedad.
En un contexto en el que la sustentabilidad pasó a ocupar un lugar central en la agenda empresarial, Fundación Temaikèn busca consolidar un modelo de trabajo basado en alianzas estratégicas, donde la conservación de la biodiversidad se convierta en una responsabilidad compartida entre organizaciones, empresas y ciudadanos.
“La biodiversidad necesita más socios. Nosotros tenemos mucho para ofrecer y las empresas tienen mucho para aportar. Ahí hay un ganar-ganar que todavía tiene un enorme potencial”, concluye Guerra.