- De Buenos Aires a Galicia: por qué decidió emigrar a España
- Llegó a España y tuvo que empezar de cero
- Cuánto puede ganar un plomero argentino en España
- “Puedo llegar a ganar 3.000 euros” trabajando entre seis y ocho horas
- La gran diferencia con Argentina no está solo en el sueldo
- El cambio que más sintió fue la tranquilidad
- El lado B de emigrar: la nostalgia por Argentina
Daniel Sebastián Lage Pelosi tiene 40 años, nació en la Ciudad de Buenos Aires y hace tres años tomó una decisión que durante mucho tiempo había imaginado: emigrar a España junto a su mujer y su hija Luana. Hoy vive en Pontevedra, Galicia, y trabaja como plomero, oficio que ejerce desde que era adolescente.
En diálogo con El Cronista, contó cómo fue empezar nuevamente en otro país, cuánto puede ganar trabajando por cuenta propia, qué cambió en su economía y por qué, a pesar de sentirse más tranquilo en España, todavía se pregunta si volvería a tomar la misma decisión.
De Buenos Aires a Galicia: por qué decidió emigrar a España
Daniel tenía una vida estable en Argentina. Había logrado comprar su propia casa, tenía trabajo, amigos y familia. La posibilidad de emigrar, sin embargo, siempre estuvo presente debido a sus raíces españolas: sus abuelos paternos eran españoles y él obtuvo la ciudadanía desde joven.
La decisión definitiva llegó principalmente por su hija. Cuando emigraron, Luana tenía 7 años. Daniel quería que pudiera crecer con otra perspectiva y en un entorno que él percibía como más tranquilo y seguro. “Si fuese mi mujer y yo solos, nos quedábamos ya con la vida medianamente hecha”, explicó.
La elección de Galicia tuvo además un fuerte componente familiar. Su abuelo nació en Pontevedra, muy cerca de donde actualmente vive. Por eso, instalarse allí representó para Daniel una especie de regreso a sus orígenes. “Todo empezó acá y yo termino acá cien años después”, contó.
Llegó a España y tuvo que empezar de cero
Daniel trabaja en plomería desde hace más de 20 años. Aprendió el oficio junto a su tío cuando tenía apenas 15 años y, con el tiempo, logró trabajar por cuenta propia en Argentina y construir una importante cartera de clientes.
Al llegar a España decidió no intentar continuar inmediatamente de la misma manera. Primero ingresó a una empresa para conocer las diferencias entre trabajar como plomero en Argentina y hacerlo en España. “Necesitaba hacer un poquito de escuela, ver cómo se trabaja”, explicó.
Después de tres años asegura que consiguió hacerse conocido en la zona y, hace aproximadamente tres meses, volvió a trabajar por su cuenta.
Cuánto puede ganar un plomero argentino en España
Su situación económica cambió al convertirse nuevamente en trabajador independiente. Daniel aclara que todavía lleva poco tiempo en esta etapa y que sus ingresos pueden variar de un mes a otro.
Después de pagar impuestos y los diferentes costos asociados a su actividad, calcula que puede llegar a quedarse con entre 2.500 y 3.000 euros mensuales, aunque también puede tener meses en los que la cifra sea cercana a los 2.000 euros.
“Es difícil sacar cuentas, pero tengo que andar ahí, a grosso modo, entre 2.500 y 3.000”, explicó. Cuando trabajaba para una empresa, en cambio, tenía un ingreso mucho más estable de aproximadamente 1.500 euros mensuales.
El argentino remarca que trabajar por cuenta propia implica afrontar impuestos y otros gastos, por lo que los 3.000 euros no representan un salario fijo ni garantizado todos los meses.
“Puedo llegar a ganar 3.000 euros” trabajando entre seis y ocho horas
Daniel sostiene que una jornada laboral habitual puede extenderse entre seis y ocho horas, aunque los ingresos dependen de la cantidad y el tipo de trabajos que realice.
Además, mantiene contacto con la empresa en la que trabajó cuando llegó a España. Cuando tienen exceso de trabajo, pueden derivarle algunos servicios, lo que le permite sumar actividad.
Para él, el valor de los oficios aumentó tanto en Argentina como en España porque cada vez hay menos personas capacitadas para realizar determinadas tareas. “Las pocas personas que hay tienen muchísimo trabajo, están desbordadas”, afirmó.
La gran diferencia con Argentina no está solo en el sueldo
Daniel no considera que su principal ventaja en España sea necesariamente ganar mucho más dinero. De hecho, asegura que económicamente ambos países tienen similitudes cuando se analiza una familia que necesita dos ingresos.
Para él, la diferencia más importante está en la estabilidad y en la posibilidad de conservar el fruto del trabajo. Durante sus últimos años en Argentina sentía que la inflación hacía que trabajar más no necesariamente significara tener más capacidad de compra. “Más trabajaba, menos tenía”, recordó.
En España, en cambio, asegura que encontró una mayor previsibilidad de los precios. Según su experiencia, puede ir al supermercado y saber aproximadamente cuánto va a gastar, algo que le permite planificar.
También destaca que el ahorro tiene un papel mucho más importante. En lugar de tener que gastar rápidamente el dinero para evitar que pierda valor, puede guardarlo y utilizarlo más adelante.
El cambio que más sintió fue la tranquilidad
Más allá de la cuestión económica, Daniel asegura que el mayor cambio fue emocional. “Gané muchísimo en tranquilidad, gané muchísimo en salud y paz mental”, contó.
En Buenos Aires pasaba gran parte del tiempo en la calle y sentía que estaba permanentemente expuesto al tránsito, la inseguridad y situaciones de tensión.
Incluso asegura que ese cambio repercutió físicamente. Cuando llegó a España pesaba aproximadamente 93 kilos y, sin modificar intencionalmente su alimentación o su rutina, bajó unos 13 kilos durante los primeros meses. Desde entonces, afirma que se mantiene cerca de los 80 kilos.
El lado B de emigrar: la nostalgia por Argentina
Sin embargo, la nueva vida también tiene un lado B. Daniel reconoce que, aunque logró adaptarse rápidamente y construir una nueva rutina en Pontevedra, vivir lejos de Argentina implica atravesar momentos de nostalgia y replantearse decisiones.
Desde que llegó, hizo nuevos amigos, se integró a través del pádel y construyó una red de contactos que le permitió sentirse cada vez más cómodo en Galicia. Pero asegura que emigrar significa también dejar atrás vínculos, costumbres y una vida que llevó durante décadas.
A tres años de haber dejado Buenos Aires, todavía considera que necesita más tiempo para evaluar definitivamente si emigrar fue la decisión correcta. Por ahora, el balance incluye mayor tranquilidad, una nueva etapa profesional y estabilidad, pero también el desafío de construir una vida lejos del país donde pasó gran parte de su historia.