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La Unión Argentina de Rugby (UAR) es una de las asociaciones del deporte argentino más rentables en términos económicos. ¿Y a qué se debe? En parte, al modelo de negocio transversal a las gestiones de sus dirigentes.

Esta forma de ver el negocio sitúa a la UAR entre las uniones más rentables en su deporte, según la World Rugby, la entidad madre -equivalente a la FIFA en el fútbol- que posiciona la gestión argentina solo por detrás de países históricamente arraigados a la ovalada: Nueva Zelanda, Inglaterra y Francia.

Lógicamente, los logros económicos en la gestión —con ganancias anuales que oscilan los u$s 10.000.000— no necesariamente son un reflejo de los logros deportivos de Los Pumas, expresión máxima del trabajo realizado por la UAR.

Una pieza clave del modelo deportivo es la del trabajo de Francisco “Pancho” Rubio, gerente de Alto Rendimiento de la Unión Argentina, encargado de acercar, junto a un equipo de trabajo federal, a los potenciales talentos de todo el país al profesionalismo.

Cuando nosotros armamos el Super Rugby América –que lo armamos junto a Sudamérica Rugby–, básicamente la idea era no solo desarrollar a nuestros jugadores, sino desarrollar los jugadores de los otros (Peñarol de Uruguay; Cobras de Brasil; Yacare XV de Paraguay y Selknam de Chile). Si queremos desarrollar a nuestros jugadores, necesitamos equipos competitivos del otro lado, porque uno mejora cuando el otro también mejora”, destaca Rubio “a riesgo de parecer redundante”, para dar muestra del trabajo en las sombras del staff argentino.

El modelo de draft que utiliza la UAR para llevar a Los Pumas a la élite

Hoy en día, en Argentina hay 587 clubes amateurs esparcidos entre la Patagonia y el NOA. Solo cuatro equipos profesionales concentran a los jugadores de todas las regiones del país: Pampas (Buenos Aires); Dogos XV (Córdoba); Tarucas (Tucumán y Santiago del Estero) y la más reciente, Capibaras XV (Santa Fe, Rosario y Entre Ríos).

Para elegir qué jugadores están preparados para el siguiente nivel, la Unión Argentina elige uno por uno a los chicos: “Llegado el fin de año, nosotros hacemos el drafteo entre los entrenadores de la UAR y después los entrenadores de las franquicias para seleccionar y diseñar el camino para saber qué nos conviene más”, devela Rubio.

Este mecanismo, parecido al del draft de la NBA, en el que cada franquicia elige un jugador que se adapte a las necesidades del equipo, ya sea por jerarquía, posición en el campo de juego o cercanía entre su lugar de origen y el del equipo, es el que emplea el equipo de trabajo de la UAR pensando en el futuro de Los Pumas.

En ese sentido, Rubio explica que la arista en la que ponen más atención es la del arraigo: “Lo primero que buscamos es la regionalidad. Ponemos hincapié ahí porque en un punto, el sentido de pertenencia, el reconocimiento de la gente, es lo más importante y para que esto funcione tiene que haber una afinidad”.

Sin embargo, hay casos donde no se puede lograr esa sintonía y chicos de Buenos Aires pasan a jugar a Tarucas en el norte del país, puesto que es la mejor plataforma de desarrollo: “Tenemos el caso de Simón Benítez Cruz, que era un jugador que considerábamos que tenía un talento importante, pero a su vez en Pampas estaban Mateo Albanese y Eliseo Morales; entonces, al momento de proyectar y ver cuántos partidos iba a jugar Simón, le ofrecimos ir a Tarucas, con su consentimiento, y hoy es un jugador de Los Pumas”.

Reuters

Otro ejemplo del que se sirve Rubio es el de los pilares derechos Pedro Delgado y Francisco Moreno, de Santiago del Estero y Tucumán, respectivamente.

“Vos tenés el caso de Francisco Moreno, que juega en Tarucas, pilar derecho, y a Delgado, que estaba jugando en Dogos, pero es de Santiago del Estero. Por proximidad, a Delgado también le tocaba jugar en Tarucas, pero eran jugadores que Andrés Bordoy -entrenador de scrum de Los Pumas- quería que tuvieran minutos. Si los poníamos en el mismo equipo, uno iba a jugar menos que el otro”, esgrimió para explicar cuál es el criterio que prima por sobre todo lo demás.

Esta cohesión no es producto del mero azar, explica el formador, sino de un consenso entre cada una de las partes que compone la unión: “En este proyecto, el staff Pumas está muy involucrado. Ellos, semana a semana, van a una franquicia diferente y las desarrollan a todas por igual. Después, Esteban Meneses, encargado de la parte de entrenamiento de entrenadores, va a bajar la línea técnica de Pumas a los coaches”.

Por último, Pancho fue tajante al afirmar que “este modelo es muy único” y “no es fácil trasladarlo a otros deportes o países”, porque, considera él, “la forma en la que se vive el rúgby en Argentina no tiene comparación”. ¿Será esa pasión tan única la que algún día lleve a Los Pumas a gritar “campeón” en un Mundial?