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Un increíble hallazgo en el distrito de Havelland, Brandeburgo, en Alemania, promete reescribir la historia sobre los inicios del cristianismo en Europa.

Una arqueóloga encontró una cruz de bronce de más de 1000 años que encaja perfectamente en un molde descubierto hace más de 40 años en las ruinas de un fuerte eslavo medieval en Berlín-Spandau.

Este emparejamiento tan inusual podría alterar lo que se sabe sobre la cristianización en Europa oriental, según explicó Manja Schüle, ministra de Cultura del Estado de Brandeburgo.

Un increíble hallazgo tras 40 años de investigación

“Este descubrimiento es espectacular por varios motivos. El hecho de que encaje exactamente en un molde hallado hace más de 40 años es único para un objeto arqueológico de esta época”, señaló la funcionaria, según reporta National Geographic.

El hallazgo revela mucho más que una simple coincidencia arqueológica.

Según Matthias Wemhoff, arqueólogo estatal y director del museo berlinés, el herrero que fabricó el molde de Spandau lo hizo para abastecer un mercado amplio y probablemente muy móvil, lo que sugiere que los símbolos cristianos estaban ya bastante extendidos pese a las resistencias eslavas.

El contexto histórico que lo cambia todo

La cruz fue fabricada en el siglo X u XI, justo cuando el cristianismo ya había llegado a la zona germánica del Este, pero todavía chocaba con la oposición firme de los pueblos eslavos.

La región de Brandenburgo, entonces poblada principalmente por tribus eslavas no cristianas, cayó bajo dominio del Reino Franco Oriental, precursor del Sacro Imperio Romano Germánico. Con ellos llegó una nueva religión que no fue bienvenida.

En el año 983, las tribus eslavas lideraron la llamada Revuelta Luticiana contra el imperio, rompiendo la influencia del cristianismo extranjero y recuperando su autonomía durante siglo y medio. Mientras tanto, el cristianismo tuvo que replegarse.

Producción local: la clave del misterio

El hallazgo obliga a repensar cómo se difundió el cristianismo en Europa oriental. Muchas narrativas partían de un esquema centro-periferia, con símbolos religiosos viajando desde áreas consolidadas hacia territorios considerados marginales.

Sin embargo, este descubrimiento demuestra algo diferente: los símbolos cristianos no solo llegaban desde centros externos, sino que también se fabricaban localmente.

Esta evidencia material sugiere una transformación cultural más profunda y compleja de lo que los textos históricos revelan.