En esta noticia

La Argentina vive un momento de modernización militar con pocos precedentes desde el retorno de la democracia. Después de décadas de presupuestos magros, equipamiento obsoleto y capacidades operativas en declinación, el país comenzó a recomponer su postura defensiva con adquisiciones concretas en tres dominios: el aire, el mar y la tierra.

El proceso se inscribe en un giro geopolítico claro hacia Washington, porque las tres compras más importantes de los últimos años provienen de Estados Unidos o de aliados europeos de la OTAN, y en todos los casos contaron con la anuencia o el respaldo activo del Pentágono. No es un detalle menor: implica interoperabilidad, doctrina compartida y una señal política hacia el mundo sobre el alineamiento de Buenos Aires.

El impulso adquirió un nuevo vigor esta semana, cuando el presidente Javier Milei firmó el Decreto 314/2026 que pone en marcha el Plan de Adecuación y Reequipamiento Militar Argentino (ARMA). La medida establece que el 10% de los ingresos provenientes de ventas, alquileres o privatizaciones de bienes del Estado se destinará al reequipamiento y modernización de las Fuerzas Armadas; cifra que sube al 70% cuando se trate de bienes propios de las fuerzas.

Con este nuevo esquema de financiamiento ‒complementario al preexistente Fondo Nacional de la Defensa (FONDEF)‒ el Gobierno busca garantizar cierta previsibilidad para los programas en curso y futuros. Pero el reequipamiento ya había arrancado: los primeros pasos los dieron los F-16 en el aire, los P-3C Orion en el mar y los blindados Stryker en tierra.

Dominio del aire: el regreso del poder supersónico con el F-16 Fighting Falcon

Uno de los aviones F-16 de la Fuerza Aérea Argentina.

Durante diez años, la Argentina careció de aviones de combate supersónicos. El retiro en 2015 de los veteranos Mirage III ‒que habían prestado servicio durante 43 años‒ dejó a la Fuerza Aérea Argentina (FAA) sin un medio de caza capaz de interceptar amenazas a alta velocidad. Ese vacío estratégico comenzó a cerrarse el 26 de marzo de 2024, cuando el entonces ministro de Defensa Luis Petri viajó a Copenhague y firmó con su par danés Troels Lund Poulsen el contrato para la adquisición de 24 cazas F-16 A/B Block 15 MLU, modernizados al estándar “Tape 6.5”.

El F-16 Fighting Falcon es una aeronave monomotor de cuarta generación diseñada originalmente por General Dynamics en los años setenta y en servicio desde 1978, que hoy opera más de 25 países en todo el mundo. Sin embargo, hoy el fabricante es Lockheed Martin, que adquirió la división aeronáutica de General Dynamics en 1993.

En tanto, los ejemplares adquiridos por la Argentina corresponden a las variantes F-16AM (monoplaza) y F-16BM (biplaza de entrenamiento): en total, 16 monoplazas y 8 biplazas.

Dinamarca los había incorporado desde 1980 y los mantuvo en servicio con actualizaciones continuas; los decidió dar de baja para transicionar a los nuevos F-35. Los aviones están equipados con un cañón de 20 milímetros, radar multimodo (aire-aire y aire-tierra) capaces de detectar blancos en todas las condiciones meteorológicas y a baja altura, y pueden llevar misiles aire-aire AMRAAM y Sidewinder, además de bombas guiadas y otros tipos de armamento aire-tierra. El contrato también incluyó cuatro simuladores de vuelo, ocho motores de repuesto y garantía de partes por cinco años.

Cuánto salieron los F-16 que compró el Gobierno y cuando llegan todos a la Argentina

El precio pactado fue de 301,2 millones de dólares a pagar en cinco cuotas anuales sin interés, según la Decisión Administrativa 252/2024. A esa cifra se suma un aporte de 40 millones de dólares otorgado por Estados Unidos a través del programa de Financiamiento Militar Extranjero (FMF) para respaldar la operación, más unos 300 millones adicionales por el paquete de armamento gestionado a través del gobierno norteamericano ‒lo que eleva el costo total estimado del sistema completo a cifras cercanas a los 600 millones o más‒. Adicionalmente, el Estado destinó fondos en pesos para obras de infraestructura en el Área Material Río Cuarto (Córdoba) y en la VI Brigada Aérea de Tandil, donde operarán definitivamente los cazas.

La entrega se está realizando de forma escalonada: en diciembre de 2024 llegó el primer avión ‒una unidad de entrenamiento en tierra‒, que fue un Full Scale Aerial Target (FSAT), es decir, una réplica estática para instrucción en tierra, no un avión de vuelo.

En diciembre de 2025 arribó el primer lote operativo de seis aeronaves (cuatro F-16BM y dos F-16AM), que sobrevolaron la Ciudad de Buenos Aires antes de ser presentadas por Milei en Córdoba.

Según el cronograma oficial, en 2026 llegarán otros seis monoplazas, en 2027 otros seis, y en 2028 los últimos seis, completando las 24 unidades contratadas. En abril de 2026 trascendió que el gobierno evalúa adelantar la segunda tanda, ya que Dinamarca tiene los aviones listos. Faltan por recibir, entonces, al menos 18 aeronaves. Para la capacitación de pilotos, en febrero de 2026 se firmó un contrato por 33 millones de dólares con la empresa estadounidense Top Aces Corp. para entrenar instructores en territorio argentino hasta 2029.

Control del mar: el P-3C Orion devuelve los ojos sobre el Atlántico Sur

El avión de patrulla marítima P-3C Orion de la Armada.

Argentina posee una Zona Económica Exclusiva de casi 1 millón de kilómetros cuadrados en el Atlántico Sur ‒una de las más extensas del mundo‒ junto a derechos sobre la plataforma continental extendida. Vigilar ese inmenso espacio marítimo exige aeronaves de patrullaje de largo alcance, una capacidad que el país había perdido prácticamente por completo con el deterioro y la baja de sus antiguos P-3B Orion.

La solución llegó desde Noruega: en octubre de 2023, el entonces ministro Jorge Taiana firmó con la Agencia Noruega de Material de Defensa (NDMA) el contrato para adquirir cuatro aviones Lockheed Martin P-3 Orion que el país escandinavo había dado de baja.

El P-3C Orion es un cuatrimotor turbohélice de exploración marítima de largo alcance diseñado para misiones de vigilancia, patrullaje antisubmarino y antisuperficie. Los ejemplares noruegos fueron sometidos entre 2009 y 2016 a un programa de extensión de vida útil (ASLEP) que incluyó el reemplazo de alas y estabilizadores con nuevas aleaciones y la modernización de todos los sistemas de misión, dejándolos con un remanente operativo garantizado de 17.000 horas de vuelo, equivalente a más de 15 años de servicio.

Los aviones incorporados por la Argentina cuentan con radar de apertura sintética Raytheon AN/APS-137B, cámaras infrarrojas, sensores electroópticos, sistema de identificación automática de buques (AIS), detector de anomalías magnéticas y sistemas de guerra antisubmarina. Su alcance supera los 2.780 kilómetros y su autonomía llega a hasta 12 horas de vuelo continuo, lo que les permite operar sobre el litoral atlántico, la plataforma continental y el entorno antártico.

La compra de las cuatro unidades ‒tres P-3C para vigilancia marítima y lucha antisubmarina, y un P-3N orientado a búsqueda y rescate (SAR)‒ tuvo un costo total de 108,4 millones de dólares, aunque las fuentes iniciales del Ministerio de Defensa habían referenciado la parte noruega del contrato en torno a los 60 millones de dólares, con costos adicionales asociados al mantenimiento y puesta a punto de cada aeronave en instalaciones estadounidenses a cargo de la empresa MHD Rockland.

A la fecha, la Argentina ha recibido dos de los cuatro aviones contratados: el primero llegó en septiembre de 2024 y fue presentado oficialmente en Aeroparque; el segundo arribó en octubre de 2025 y fue incorporado formalmente en noviembre de ese año. Las autoridades señalaron que ambos aviones ya generaron cambios de comportamiento entre pesqueros ilegales en la ZEE, que saben que pueden ser detectados en tiempo real.

El tercer P-3C está en proceso de mantenimiento mayor en Estados Unidos financiado con un pago de 18 millones de dólares efectuado en febrero de 2026, y su arribo está previsto para mediados de 2026. El cuarto ejemplar, la versión P-3N para búsqueda y rescate, llegará en 2027.

Despliegue rápido: el blindado Stryker moderniza la fuerza terrestre

Uno de los nuevos blindados Stryker del Ejército.

El Ejército Argentino venía arrastrando desde hacía dos décadas la necesidad de incorporar un Vehículo de Combate Blindado a Rueda (VCBR) moderno. Distintos proyectos se sucedieron sin concreción: el brasileño Guaraní, el chino VN-1, el europeo Pandur II. Fue, finalmente, el M1126 Stryker de General Dynamics Land Systems, de fabricación estadounidense, el elegido. En julio de 2025 se firmó la Carta de Aceptación de Oferta (LOA) para la adquisición de los primeros blindados dentro del programa de Foreign Military Sales (FMS) de los Estados Unidos.

El M1126 Stryker es un vehículo blindado de ocho ruedas (configuración 8×8) propulsado por un motor diésel de 350 HP con transmisión automática. Puede transportar hasta 9 soldados de infantería además de conductor y copiloto, alcanza velocidades superiores a 100 km/h y tiene una autonomía de 500 kilómetros. Su blindaje modular resiste impactos de armas portátiles, ametralladoras de hasta 14,5 mm y minas. Cuenta con visión térmica y periscopios que permiten operar al personal sin exposición directa.

El sistema está diseñado bajo la doctrina de movilidad estratégica con protección media: las unidades estadounidenses lo organizan en “Stryker Brigade Combat Teams”, brigadas ligeras de alta movilidad y rápido despliegue. Los ejemplares adquiridos por la Argentina llegan con Estación de Armas Remota (RWS) M151 Protector CROWS, compatible con la ametralladora Browning M2 de 12,7 mm ya en dotación del Ejército, y serán equipados con radios de la empresa israelí Elbit Systems, compatibles con el sistema de gestión de batalla SITEA y con los tanques TAM 2C modernizados.

El valor unitario de cada Stryker ronda los 2 millones de dólares, y el plan total contempla la adquisición de más de 200 unidades para conformar una Brigada Mecanizada a Rueda. La primera LOA, correspondiente a una primera etapa, cubrió 8 unidades con un desembolso inicial de 5 millones de dólares. Los primeros cuatro blindados llegaron al país a fines de 2025 y fueron descargados en el Puerto de Zárate; los otros cuatro de esa primera tanda habrían llegado entre diciembre de 2025 y los primeros meses de 2026. En total, el programa completo de más de 200 Stryker representaría una inversión superior a los 400 millones de dólares.

Un país que busca recuperar su defensa

Las tres adquisiciones comparten una lógica común: cubrir brechas de capacidad que se habían vuelto insostenibles. La Argentina es un país con más de 3,6 millones de km² de superficie continental, una extensísima ZEE marítima, fronteras con cinco países y responsabilidad sobre el Atlántico Sur y la Antártida. Operar sin aviones de combate supersónicos, sin vigilancia marítima de largo alcance y con vehículos blindados de los años setenta era un déficit estratégico que no pasaba inadvertido.

Ya con el Plan ARMA en marcha, el desafío que resta es de magnitud: sostener el ritmo de adquisiciones, formar el personal necesario para operar sistemas cada vez más complejos y garantizar la operatividad y el mantenimiento de los nuevos equipos.