El Gobierno busca fuentes alternativas de recursos para tener un inicio de año menos apremiante. Entre las opciones, la más probable es el alza de cinco puntos en las retenciones a los principales cultivos, que reportaría 3.000 millones de pesos al Fisco, casi el 40% del superávit financiero previsto para el año próximo. Además, estiman que ayudará a controlar el alza de los alimentos y a reducir el pago de compensaciones a los proveedores del mercado interno.

El viento de cola internacional impulsó el precio de los granos y volvió atractiva la suba de presión tributaria al agro, uno de los sectores con mayor capacidad contributiva. Las condiciones externas favorables para el sector primario dieron impulso a la decisión de subir cinco puntos porcentuales las retenciones a las exportaciones de soja, trigo, maíz y girasol, que en la actualidad pagan alícuotas diferentes. El grano de soja tributa 27,5%, el aceite y el pellet de soja 24%, el girasol 23,5% y el maíz y el trigo 20%. Las nuevas tasas serían entonces 32,5%, 29%, 28,5% y 25% respectivamente, de avanzar con la resolución que hasta el momento tiene más peso en el seno del Gobierno.

Los defensores de la medida sostienen que el incremento previsto es incluso moderado, ya que para equiparar los precios que el productor recibía en 2002, cuando se impusieron las retenciones para compensar la ganancia de rentabilidad ocasionada por la devaluación, haría falta un aumento de quince puntos porcentuales en lugar de cinco. El argumento oficial es que también se espera para el próximo ejercicio un alza en el tipo de cambio nominal (presupuestado en 3,21 pesos por dólar), que beneficiará a los productores primarios y los pondría en condición de pagar más impuestos.

La suba del precio internacional por la demanda externa y el dólar alto contribuyeron a elevar la rentabilidad del sector. Los analistas y los mercados de futuro prevén que la tonelada de soja se mantendrá en torno a los $ 800 en Rosario, mientras que el trigo y el girasol seguirían en niveles récord.

En este marco, el Gobierno buscará una mejora en las alicaídas cuentas públicas y obtener recursos adicionales por $ 3.000 millones anuales, 37,5% del superávit financiero previsto para el próximo ejercicio. Asimismo, las arcas públicas se engrosarán al verse el Fisco más aliviado de otorgar compensaciones por la diferencia entre precios internos y paridad de exportación.

Sólo las retenciones a la soja reportaron en promedio $ 700.000 al mes con el actual sistema de retenciones (en el conjunto de aceites, porotos y harina), convirtiendose en una fuente de ingresos clave. De mantenerse los precios actuales, cada punto adicional de incremento en las retenciones exclusivamente para la soja aportaría $ 500 millones al año de recaudación, por lo que los cinco puntos adicionales contribuirían con $ 2.500 millones. El resto de los cultivos gravados reportará $ 500 millones extra.

No será ésta la primera suba de las retenciones. A comienzos de año se elevó la presión sobre las ventas de oleaginosas para financiar el esquema de subsidios y evitar incremento des precios en alimentos. Con una nueva suba de retenciones el Gobierno intentará blindar las arcas del Estado de futuros vaivenes en los mercados internacionales y proveer de fortaleza a una eventual administración de Cristina Fernández, que tiene como uno de sus puntos prioritarios sellar un Pacto Social con trabajadores y empresarios.