En 1950 el uruguayo Obdulio Varela enmudeció al estadio Maracaná en la final del Mundial que su equipo ganó frente a los brasileños. La fiesta estaba preparada para el local, pero fue para los “charrúas . Uruguay perdía y dio vuelta el partido. Varela, artífice del “maracanazo , se sintió con culpa a pesar de convertirse en un héroe para su país, y pasó esa noche bebiendo cerveza abrazado a los hinchas vencidos en los bares de Río de Janeiro, pero nadie lo reconoció.

Esta historia, y otras más, curiosa, heroica y sorprendente la cuenta otro uruguayo, Eduardo Galeano, en su célebre y clásico libro “El fútbol a sol y sombra (Siglo XXI, 1995), que fue reeditado oportunamente a poco de que la pelota empiece a rodar en Sudáfrica.

Se trata de un homenaje a la celebración del buen juego, a patear una pelota porque sí, por el sólo disfrute de la diversión misma; también es una denuncia implacable contra aquellos que organizan el fútbol para evitar que se juegue contra viento y marea.

“La tecnocracia del deporte profesional -escribe el autor- ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía .

Además, la historia del fútbol propuesta por Galeano -autor también de “Las venas abiertas de América latina y “El libro de los abrazos , entre otras obras-se tiñe de política, historia y de fina ironía. Antes de contar qué pasó en cada Mundial recuerda distintos sucesos a modo de contexto.

También el autor entrega definiciones. Dice que el gol “es el orgasmo del fútbol , que el árbitro es “arbitrario por definición y que el fanático es “el hincha en el manicomio . Todo lo que rodea al fútbol es analizado por Galeano. Según él, un buen jugador que hacía goles fabulosos en los campitos de su país, pero mientras dormía.