Con los mercados externos cerrados para el país, el Gobierno se vería obligado a elevar el superávit fiscal hasta 5,1% del Producto Interno Bruto (PIB) para cancelar los vencimientos de los servicios de la deuda. Sin la billetera de Hugo Chávez para socorrerlo, como ocurrió este año, el ajuste en el gasto resultaría inevitable de no avanzar el proyecto de estatización de los fondos previsionales. Los nuevos ingresos de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSeS) sumados a la disparada del dólar a 3,40 pesos y su impacto en los ingresos por retenciones reducen el esfuerzo del Fisco a 3% del PIB.
Según el proyecto oficial de reforma previsional, el Gobierno contará con un financiamiento potencial de u$s 7290 millones por año de fondos provenientes de ANSeS. Pero como el Tesoro tiene necesidades de financiamiento por u$s 21.298 millones en promedio anual entre 2009 y 2011 (pagos de capital e intereses de la deuda), el superávit primario que requerirá para hacer frente a los compromisos se reduce a u$s 10.306 millones en promedio anual, según precisó la consultora RSH Macroeconómica.
En términos del Producto, el esfuerzo fiscal disminuirá así de casi 5% del PIB a 2,8% del PBI (promedio anual). Si además el Gobierno decidiera utilizar parte de los activos líquidos en su poder para financiar las cuentas públicas, el superávit primario necesario caería a 2,4% del PIB.
“La nacionalización del sistema previsional relajó la restricción de liquidez fiscal, ya que partiendo de un superávit primario estimado en 3,7% del PIB para este año, la actual administración no sólo tendrá el financiamiento necesario para hacer frente a sus compromisos sino que también logró aliviar la restricción financiera y podrá expandir el gasto público , explicó RSH.
De esta forma, con un crecimiento de sólo 2% el año próximo, una de las estimaciones más moderadas del mercado, y una inflación cercana al 20% (con su correlato en la recaudación fiscal), el Gobierno podría financiar una expansión del gasto primario del 30%.
Esto le permitiría al Gobierno asegurarse una buena cuota de apoyo político de cara a las elecciones legislativas de octubre próximo. A pesar del debate que hay con las provincias acerca del destino de los fondos previsionales, la proporción de los ingresos que maneja el Ejecutivo en forma discrecional se elevaría. Del total de recursos, más del 75% quedará en manos de la Nación y apenas 25% para las provincias.
Por otro lado, la devaluación del peso no trajo sólo malas nuevas para la caja de los Kirchner. La suba del dólar permitirá elevar los ingresos por derechos de exportación que quedaron maltrechos en los últimos meses por el derrumbe en el precio de los commodities. También permitirá recuperar la competitividad perdida en la industria por la inflación de los últimos tres años. De hecho, el tipo de cambio real se ubicó por debajo de los 2 pesos por dólar poniendo en jaque la rentabilidad de sectores exportadores.
En tanto que la disparada del riesgo país que sacó a la Argentina definitivamente de los mercados tuvo lugar antes de que explotara la burbuja de la crisis hipotecaria. La decisión de Venezuela de vender los bonos locales fue el punto de inflexión que hirió la confianza de los inversores sobre el país. Sin ajuste fiscal en marcha, los ingresos de la estatización del sistema previsional fue la alternativa que eligió el oficialismo para conseguir el dinero que el mercado le niega.