A partir de la propuesta del gobernador del Banco Central de la República Popular China, Zhou Xiaochuan, quedó reinstalado el tema del uso de una nueva moneda de reserva mundial en lugar del dólar.
Lo primero que cabe señalar es que dicha nueva moneda de reserva ya existe: los Derechos Especiales de Giro (DEG).
Los DEG fueron creados en 1969 para hacer frente a una dificultad que presentaba el sistema de Bretton Woods. En efecto, paradójicamente, dicho sistema basado en tipos de cambio fijos no previó un mecanismo para el crecimiento de las reservas internacionales que se requieren para sostener aquéllas. En la práctica, dicho rol fue desempeñado en la inmediata posguerra por el déficit del balance de pagos de los Estados Unidos. Este país se beneficiaba con las ganancias de señoreaje y con la posibilidad de financiar desequilibrios externos mediante la emisión de su propia moneda.
La insuficiencia de la oferta internacional de los dos activos de reserva fundamentales -el oro y el dólar de EE.UU. llevaron a crear en 1969 los DEG. En los trabajos del antiguo Grupo de los 20 (distinto del G-20 actual que fue creado recién en 1999) se proponía convertir los DEG en el activo central del sistema monetario internacional y proceder a la eliminación gradual del oro y las monedas de reserva. Por tanto, ya entonces (circa 1980) estaba planteada la eliminación del dólar como moneda de reserva. Los DEG estaban llamados a reemplazarlo.
Sin embargo, el derrumbe en los ‘70 del sistema de Bretton Woods, con la desaparición del sistema de paridades fijas, junto con el crecimiento de los mercados internacionales de capital -a los que pasaron a recurrir los gobiernos en busca de financiamiento- fueron dos fenómenos que pusieron en segundo plano el papel de los DEG.
En la actualidad, la importancia del DEG como activo de reserva es limitada y su principal función es la de servir como unidad de cuenta del FMI y de otros organismos internacionales. Sin embargo, su potencialidad para actuar como moneda de reserva permanece intacta. Como hemos dicho, en el antiguo grupo de los 20 existía consenso en cuanto a convertir a los DEG en el principal activo de reserva del futuro sistema monetario internacional. Menos consenso había respecto a su distribución.
Mientras los países desarrollados se aferraban al criterio actualmente vigente de asignarlos a los países miembros en proporción a sus cuotas, los países en desarrollo objetaban que ello llevaría a adjudicar la mayor parte de los mismos justamente a los países que menos los necesitan.
Alternativamente, se propuso que su distribución se llevara a cabo asignando una mayor parte a los países emergentes. Este planteo tiene hoy estricta vigencia. Más que discutir acerca de cuál debe ser el futuro activo de reserva, los países emergentes deberían centrar su esfuerzo en asegurarse la mayor participación en su distribución.
Las tenencias oficiales de monedas de reserva se canjearían por DEGs a la cotización del momento. Pero se llevaría a cabo una emisión adicional por un monto a determinar que se asignaría exclusivamente entre los países en desarrollo en base a ciertos indicadores socio-económicos a determinar.
De este modo la creación de DEG proveería de la necesaria liquidez internacional y, al mismo tiempo, serían un instrumento de promoción del crecimiento económico.