El estilo bodegón es el más argentino de todos. Bien sabemos que nuestra cultura se hizo con los retazos de la inmigración de fines del siglo XIX, la herencia colonial hispana y algunos apenas insinuados matices indígenas. Pero, básicamente, nuestra gastronomía tiene poderosas raíces ítalo-españolas. De ellas surgen estos espacios con algo de trattoría, tasca, fonda, cantina y, para no desmerecer nuestra gauderia tradición del asado pampeano, también parrilla. Espacios que se han ganado su merecida fama.
El deslinde
El tema es poder llegar. Lo que antes era una ruta lisa y llana, ahora se ha complicado por el corte de puentes, el mal estado de las calles y otras ignominias. Pero en cuanto uno arriba, el trato cordial, el buen humor, el excelente servicio y una cocina de primera habrán compensado la aventura del viaje. Este lugar mítico fue fundado en 1956 por Félix Estrada, como una fonda que alimentó a la clase obrera de las fábricas circundantes, hasta que fue modificando su propuesta gastronómica para incluir platos más sofisticados en base a pescado, pulpo y mariscos elaborados según la tradición española. El boca a boca, la excelencia del menú y la oferta de vinos y licores de todo el mundo, modificó el target de la clientela. Así, pintores, escritores, políticos y empresarios, empezaron a frecuentar el bodegón. Ahora, Félix ya no está. En su lugar queda un personal altamente calificado, que se formó con él.
El punto del arroz es perfecto y, sin contar la paella, se oferta de doce maneras diferentes (de $ 6 a $ 35). Pero pescados y mariscos son el fuerte del lugar, como el abadejo o la brótola a la plancha, ligeros y sabrosos ($ 15). Hay anguilas españolas ($ 80) y merece probarse la centolla con salsa de la casa ($ 32). Langostas, langostinos, rabas, ostiones y ranas, sean a la provenzal, a la calabresa o a la portuguesa, son parte esencial del menú. Los postres son simples y previsibles: buenas las castañas en almíbar ($ 6) o el clásico flan con crema o dulce de leche ($ 6). La carta de vinos oscila entre un Etchart Privado ($ 10) a un Angélica Zapata ($ 200). Pero también se puede pedir el emblemático blanco francés Pouilly-Fumé ($ 95) y, luego de opípara comida, la deliciosa grapa de orujo gallega ($ 10). El lugar, tranquilo y discreto, es ideal para una comida de negocios o una reunión privada. Curiosa la colección de bebidas añejas de todo el mundo que ya han quedado como un recordatorio de épocas más jolgoriosas. Una comida con buen vino, oscila entre $ 30 a $ 50.
Félix
Lunes a viernes de
12 a 16 y de martes
a sábados de 21
al cierre
J.M.Freire 794,
Avellaneda
Reservas: 4228-5874
Antigua pulpería
Allí mismo, durante la Colonia y aún después, hubo una pulpería donde arrieros y carreteros se detenían a recobrar fuerzas antes de emprender los largos viajes. Ahora es una especie de loft monumental decorado con damajuanas, barriles, botas y botellas de vino, donde los espacios de duplican como en un cuadro de Escher. La parrilla y el despiece de reses están a la vista, para fascinación de extranjeros, que llegan en busca de emociones fuertes. Hay un sector de artesanías, platería y cuchillería en venta. Entre las entradas, conviene la bandeja de jamón crudo ($ 8). El lechón al asador ($ 13,80), es lo que más sale. La parrillada de la casa, con guarnición, alcanza para 3 personas ($ 31,50). También son populares la tira de asado ($ 11,30), el pollo al limón ($ 6,30), las empanadas de carne a cuchillo ($ 1,40) y el locro, infaltable en las fechas patrias. Hay platos de la cocina más complejos, con salsa de vino, como el ojo de bife al merlot ($ 15,90) o el blanco de pollo relleno al torrontés ($ 14,90). Hay budín de pan casero ($ 4,60) o zapallo en almíbar ($ 4,80), postres bien locales. También se puede optar por la oferta de la barra (plato y vino por copa, $ 10) o el menú del mediodía, que incluye principal y postre por la misma suma. Buenos vinos por copa, como el syrah de Finca La Linda ($ 5) o el Bianchi chablis ($ 3,40). Para una comida, con vino, hay que desembolsar desde $ 30.
La Vinería de Monserrat
Salta 490
Reservas: 4381-2920
En los aledaños del Abasto
Así como, en París, la zona de Les Halles era un hervidero de restaurantes, bistrots y tugurios donde podían comer desde el más encumbrado personaje hasta el último de los changadores, el Mercado de Abasto también supo rodearse de restaurantes que hicieron época. De ellos todavía quedan en la zona algunos lugares únicos, como Don Carlos. Fundado hace 60 años por un inmigrante italiano, el restaurante está ampliado y totalmente remozado. Por él pasaron infinidad de personajes de la política, el fútbol, el cine y la TV. Desde Tania a Carmen Sevilla y desde Verónica Castro a Carlos Monzón, todos fueron clientes.
La cocina abundante, casera y de rancia estirpe porteña, aúna toda la herencia de ancestros italianos y españoles. Multiplicidad de platos que, desde el abadejo al ajillo ($ 20) o la cazuela de mariscos (para tres, $ 55), pasando por los excelentes langostinos a la plancha ($ 36), recorren el amplio abanico de una cocina sencilla. No faltan las pastas, las supremas, las milanesas, ni el filet de merluza a la romana ($ 10). Todos los 29 se festeja el Día del Ñoqui: las mujeres reciben un ñoqui de plata y algún personaje de renombre es condecorado ese día con uno de oro. Los ñoquis de papa, harina, ricotta y nuez moscada, son la especialidad y, de acuerdo a la salsa, van de $ 16 a $ 22. Hay una buena oferta de vinos como el Trumpeter (cabernet- sauvignon, malbec, merlot y chardonnay, $ 30), o el novedoso Viento Sur de Freixenet (syrah o malbec, $ 16). También de Freixenet tienen el Cava Cordón Negro Brut ($ 35). Una comida completa cuesta $ 40.
Don Carlos
Todos los días de 12 a 16 y
de 20 a 1
Billinghurst 450
Reservas: 4864-5208/3162