El crecimiento de los barrios privados y countries en los últimos años, le permitió a la firma Los Laureles de Areco, dedicada a la venta de artículos rurales, encontrar un nuevo nicho de negocios: la construcción de canchas de polo.
Comenzaron hace tres años gracias a un pedido especial. “Vendíamos insumos para el polo como palenques, alambres o tablas para las empalizadas. Hasta que en 2005, un cliente nos pidió que directamente le armáramos la cancha. Lo hicimos, quedó muy buena y el dato empezó a pasar de boca en boca , cuenta Nicolás Fabris, propietario de la empresa junto a su padre Marcelo.
“Trabajamos mucho, principalmente en la zona de Pilar hasta Cañuelas, que es el cordón fuerte del polo. En el último tiempo muchos barrios privados quisieron darle más categoría al lugar armando una cancha. Generalmente nos piden armar canchas iguales a las que ya vieron en otro country o club de polo. Es un ambiente muy tradicional , agrega Fabris.
Desde 2006 hasta ahora llevan construidas más de 40 canchas. Y este año proyectan armar otras 25 más. En 2008 cerraron con una facturación de $ 1 millón y para este año planean un crecimiento del 20 por ciento.
El crecimiento de la demanda hizo que la familia Fabris decidiera separar los negocios: este año crearon la firma Polo Made, dedicada exclusivamente a las canchas de polo.
“Hay una explosión de canchas en todo el país. Tenemos pedidos en Rosario, Salta, Mendoza y Uruguay. Hay más interés alrededor del tema del polo y se está generando una industria con proveedores especializados , asegura Fabris.
La construcción de una cancha demanda una inversión de u$s 45.000 a u$s 70.000. De este total, la mayor parte corresponde al movimiento del suelo y el resto al armado de anexos y accesorios: el entablado que viste la cancha. empalizadas, alambrados, palenques y boxes. “El movimiento el suelo lo tercerizamos. Y nosotros armamos todo el resto, lo que viste a la cancha, siempre con materiales de primer nivel. Nuestra parte puede costar unos $ 30.000 , detalla Fabris, quien se enorgullece del cuidado de los detalles. “Es algo flexible, se puede hacer lo que el cliente quiera, siempre dentro de las medidas reglamentarias , advierte.
Pero atento a que en algún momento, después que pase el boom, la construcción de canchas puede comenzar a frenarse, Fabris ya tiene pensado un nuevo foco para su negocio: “Tenemos que imaginar cosas nuevas para ofrecer cuando toda la estructura ya está hecha. El próximo paso es ofrecer servicios como mantenimiento y mejoras de las canchas .