En el caribe colombiano la música local suena en todos los pueblos durante el día y la noche. La infinidad de ritmos no son fáciles de distinguir para el visitante desprevenido. Fandangos, porros, champetas, cumbias, chalupas y vallenatos se suceden sin cesar bajo el calor abrasador. Y todos invitan a mover el esqueleto.
Después de un tiempo, entre tanto intérprete, asoma lo diferente. Y es fácil reconocer la voz aguda e imponente de Petrona Martínez, "la reina del bullerengue", quién a los 71 años sigue lavando la ropa a mano, cocina y cuida sus plantas de mandioca en Palenquito, el lugar donde vive, canta y nacen los versos de sus canciones.
En los CDS Bonito que canta y Las penas alegres, Petrona Martínez despliega todo su repertorio de ritmos que aprendió de chica gracias a sus padres y abuelos, una música de herencia africana e influencia indígena con fuerte presencia de la percusión.
Martínez nació en un hogar de cantadoras y aprendió por medio de la tradición oral distintas variantes del denominado ‘baile cantao‘, en el cual los tambores y las palmas acompañan los versos y melodías que improvisan las cantadoras, dotados de espontaneidad, alegría y doble sentido.
"Tierra Santa"- junto a Totó La Monposina, otra referente del género-, "Mi mamá ábreme la puerta" y "Un niño que llora en los montes de María" son los bullerengues más célebres que interpreta en Bonito que canta, disco ganador del Grammy latino en el 2003.
Sin instrumentos de cuerdas, con una voz potente de timbres agudos, a veces melancólica, a veces más festiva, Petrona Martínez se convirtió en una marca registrada de la música popular colombiana. Bonito que canta junto a Las penas alegres son ideales para adentrarse en el mundo de esta cantadora, que actuó con mucho éxito el mes pasado en Buenos Aires.