En su visita a Israel y territorios palestinos esta semana, Barack Obama sin duda notará que para el gobierno israelí hay un tema por sobre todos los demás: la necesidad de convencerlo de que asuma el firme compromiso de emprender acciones militares si las negociaciones para reducir las ambiciones nucleares de Irán finalmente fracasan.
El presidente Obama señaló hace poco que cree que a Irán le falta al menos un año para conseguir un arma nuclear. Pero Benjamin Netanyahu, el primer ministro israelí, todavía está buscando de la Casa Blanca un fuerte compromiso a actuar en el caso de que los iraníes lleven su capacidad nuclear más allá de un determinado punto.
No queda nada claro si las diferencias entre Norteamérica e Israel se limarán durante este viaje. Si bien asegura que Irán no debe obtener un arma nuclear, la administración estadounidense definitivamente se toma el cronograma del programa iraní en forma más relajada que los israelíes.
Sin embargo, un acontecimiento podría sumar tensión esta semana: las últimas noticias provenientes de las conversaciones entre Irán y seis potencias para acordar medidas tendientes a calmar el temor de Occidente a que los iraníes realmente quieran la bomba.
La última serie de conversaciones en Almaty, Kazakhstán, el mes pasado tuvo un buen resultado. Irán dijo que fue positiva una oferta revisada que había recibido por parte de EE.UU. y otras potencias, conforme a la cual se revertirían algunas sanciones a cambio de un compromiso de Teherán de reducir el enriquecimiento de uranio. Pero altos diplomáticos occidentales sostienen que el lunes se llevó a cabo otra ronda de discusiones técnicas y que esa no fue para nada positiva.
Según un funcionario occidental, el encuentro de Estambul terminó mal y está la sensación de que todo el proceso no está llevando a nada. Ese mismo oficial contó que las seis potencias están ofreciendo un acuerdo que, entre otras cosas, exigen a Irán detener la producción de uranio altamente enriquecido. Pero Irán llegó a la reunión de Estambul asegurando que, a cambio de eso, quiere concesiones mucho mayores de las que la comunidad internacional está ofreciendo para revertir las actuales sanciones.
No deberíamos exagerar el pesimismo. Habrá una nueva ronda de conversaciones en Almaty a principios de abril y sabremos si se puede llegar al acuerdo. Aún entonces, muchos dirían que hay más posibilidades de negociar porque Irán no está cerca de probar un arma.
Pero lo que deberían reflexionar Obama y Netanyahu esta semana es qué pasará en el otoño boreal si todo el proceso diplomático fracasa e Irán sigue enriqueciendo uranio. Dentro de Israel, los pedidos de algún tipo de acción para detener a los iraníes comenzarán a subir de tono nuevamente.
