La administración Obama está pidiendo al Congreso, como parte del proyecto de reforma migratoria que se está tratando ahora en el Senado, que amplíe la cantidad de países cuyos ciudadanos puedan visitar Estados Unidos sin visa.

Las cláusulas, que forman parte de una estrategia para fomentar el gasto en turismo en la economía norteamericana, eclipsó cambios más profundos a los requisitos para la residencia permanente, las visas para los trabajadores altamente calificados y la seguridad fronteriza.

El proyecto de ley va camino a ser aprobado esta semana por el Senado, que el lunes acordó una nueva enmienda para la seguridad fronteriza en respuesta a la preocupación de algunos republicanos y para garantizar su apoyo a la legislación en general. Sin embargo, el proyecto enfrenta un trayecto mucho más sinuoso cuando pase por la Cámara de Representantes, que está liderada por los republicanos.

Chile es el país que más recientemente obtuvo una nominación al Programa de Exención de Visa, que permite a los ciudadanos ingresar a Estados Unidos por placer o negocios durante un plazo no mayor a noventa días sin necesidad de sacar visa.

Sin embargo, los esfuerzos de ampliar el programa se detuvieron por completo debido a que los requisitos son difíciles de cumplir para los países emergentes de ingresos medios.

La administración claramente está priorizando el Programa de Exención de Visa y está haciendo todo lo legalmente posible para ampliarlo, explicó Ted Alden, experto en inmigración del Consejo de Relaciones Exteriores. Pero tuvimos que recurrir al frente legislativo para promocionarlo aún más.

Los beneficios de esa iniciativa son enormes para la economía local, aseguran en la industria de turismo. Las tasas de ingreso de visitantes provenientes de los países recientemente admitidos en general se duplican durante su primer año en el programa, con un gasto promedio por pasajero cercano a u$s 4.500 en hoteles, aéreos, compras y entretenimiento.

Según la US Travel Association, un grupo de lobby norteamericano, se crea un puesto de trabajo en el país por cada 33 extranjeros que visitan Estados Unidos, y uno de cada ocho trabajos norteamericanos ahora depende de la industria de viajes y turismo.