Aunque los países occidentales siguen enfrentando graves desafíos por parte del terrorismo islámico internacional, los orígenes y la naturaleza de las amenazas de la actualidad son muy diferentes a las que existían 10 años atrás.
Por un lado, lo que a menudo se describe como el grupo básico de Al Qaeda, fundado por Osama bin Laden que opera desde las zonas tribales de Pakistán y Afganistán ha quedado seriamente dañado por el esfuerzo aliado de los últimos años.
Por otro lado, en los últimos años se han desarrollado grupos, a los que con frecuencia se describe como las franquicias de Al Qaeda, que operan desde diversas áreas en Medio Oriente y el norte de frica.
Estos grupos no están muy conectados entre sí, y es probable que sean incapaces de organizar y concretar un ataque espectacular del tipo de los del 11-S.
Sin embargo, las agencias de inteligencia de los países occidentales han advertido que no debe subestimarse su capacidad de realizar actos terroristas en el mundo.
En lo alto de la lista de extremistas islámicos que preocupan a los gobiernos occidentales está la Al Qaeda de la Península Arábiga, un movimiento que opera desde Yemen.
En ese país, el individuo cuyas actividades causan más preocupación es Anwar al-Awlaki, un clérigo nacido en EE.UU. que fue el que estuvo detrás del intento de destruir con una bomba un avión que se dirigía a la ciudad estadounidense de Detroit, el día de Navidad de 2009.
También habría organizado el despacho de paquetes bomba escondidos en un avión de carga destinado a volar desde Yemen a la ciudad de Chicago, en octubre de 2010.
