La historia de amor entre los inversores individuales japoneses y los activos brasileños ha sido intensa en los últimos dos años y medio, y produjo una acumulación de inversiones por casi 8 billones de yenes (u$s 100.000 millones) en fondos comunes vinculados a la mayor economía de América latina, según cifras de la firma Lipper.
Pero ahora se plantean dudas sobre la longevidad de esa relación, ya que estos fondos japoneses han sufrido dos golpes: por el reciente pico de aversión al riesgo hubo tendencia vendedora en activos de mercados emergentes pero, además, se produjeron el auge del yen que alcanzó nuevas marcas que fueron récord de posguerra contra el dólar estadounidense y la caída del real.
Los analistas opinan que es probable que muchos inversores japoneses enfrenten pérdidas no realizadas por sus inversiones en emergentes.
La atracción de los fondos brasileños para los japoneses es clara. La promesa de una economía de rápido crecimiento, que se beneficiará cuando el país sea anfitrión del Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos, resulta seductora para los japoneses, que recuerdan la historia de crecimiento de su propio país, en los años 60. El diferencial de tasa de interés entre ambos países (0-0,1%, en Japón, y 12,5%, en Brasil) hacía las inversiones aún más interesantes.
Sin embargo, entre el fin de junio y el 12 de agosto, los inversores japoneses han visto disminuir los valores netos de sus activos en los 111 fondos vinculados a Brasil, a excepción de seis, informó Lipper.
Los japoneses han tendido a salir de las acciones brasileñas en los últimos meses y se volcaron a los fondos en que los activos subyacentes usualmente no están denominados en reales, sino que se trata de commodities, propiedad inmobiliaria o bonos de alto rendimiento, pero con denominación en dólar.
Esto no indica desconfianza en Brasil. Si los inversores estuvieran preocupados por el país, estarían vendiendo los bonos soberanos. Y esto no ocurre, opinó Masatsugu Yamamoto, administrador de fondos senior de Diam Asset Management.
Tal vez los pequeños inversores japoneses ingresen a una fase más estable de su relación con Brasil, pero podría haber obstáculos en el trayecto.
