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Cada vez más ciudadanos, en especial quienes no tienen descendencia, se plantean qué sucederá con sus bienes cuando ya no estén. Propiedades, ahorros, derechos e incluso deudas forman parte de un escenario legal complejo que conviene conocer con tiempo para prevenir problemas a futuro.

En España, la sucesión no se deja al azar, pues la ley fija un orden muy preciso para repartir la herencia cuando no hay testamento. Comprender estas normas es de suma importancia para poder decidir con criterio y organizar el futuro con mayor seguridad y calma.

Quién recibe la herencia si el fallecido no tiene hijos

La falta de descendencia no significa que el patrimonio carezca de destinatarios. El código civil prevé diversos escenarios y establece una jerarquía definida de herederos.

En primer lugar, heredan los parientes en línea ascendente, tales como padres y abuelos. En ausencia de estos, el siguiente en la jerarquía es el cónyuge viudo, siempre y cuando el vínculo matrimonial siga vigente desde el punto de vista legal.

Cuando una persona sin hijos fallece y deja una herencia: así se reparten todos los bienes según la ley y y quiénes pueden recibirlos (Fuente: Shutterstock).

Si no existen ascendientes ni cónyuge, la herencia se dirige a hermanos y sobrinos. Solo cuando no existe ningún familiar con derecho a heredar, el patrimonio se convierte en propiedad del Estado, que actúa como heredero universal. Este es el orden que se aplica de manera automática en ausencia de testamento por parte de la persona fallecida.

Testamento: límites legales en la libertad de disposición

Elaborar un testamento permite determinar con mayor claridad el destino del patrimonio, aunque ello no conlleva una libertad absoluta. La normativa vigente protege a los herederos forzosos, quienes, por disposición legal, tienen derecho a recibir una porción de la herencia. En ausencia de descendencia, este rol generalmente corresponde a los padres u otros ascendientes.

Cuando una persona sin hijos fallece y deja una herencia: así se reparten todos los bienes según la ley y y quiénes pueden recibirlos. (Fuente: Shutterstock).

La herencia se distribuye en tres partes iguales. La legítima se asigna obligatoriamente a los herederos forzosos. El tercio de mejora también se encuentra reservado para ellos; sin embargo, el testador cuenta con la facultad de decidir su distribución.

El último tercio, destinado a la libre disposición, otorga la posibilidad de asignar bienes a cualquier persona o entidad, independientemente de la existencia de un vínculo familiar.

Anticipar y planificar la herencia contribuye a evitar situaciones de conflicto y asegura que la distribución refleje la voluntad del testador dentro de las limitaciones legales.