

El avance de la borrasca Ingrid encendió las alarmas en la cadena de suministro de alimentos en España. Las restricciones al tráfico pesado impuestas por la Dirección General de Tráfico comenzaron a impactar de lleno en el abastecimiento de productos esenciales, en especial en las zonas más castigadas por el temporal, como Galicia.
Las empresas del gran consumo y las patronales del transporte coinciden en que las medidas preventivas, si se prolongan sin alternativas, pueden generar faltantes en supermercados y grandes superficies en un plazo de 24 a 48 horas, con consecuencias directas para consumidores y trabajadores.
La asociación Aecoc advirtió que una parte crítica de las flotas se encuentra detenida, lo que compromete el traslado de alimentos perecederos y bienes de primera necesidad.
El sector reclama decisiones dinámicas, ajustadas a la evolución real del temporal y siempre bajo criterios de seguridad vial.
¿Por qué el gran consumo reclama medidas “proporcionadas”?
Desde Aecoc sostienen que la restricción a camiones de más de 7500 kilos, aplicada de forma amplia, está provocando un cuello de botella logístico difícil de sostener.
Según la entidad, la interrupción del transporte no solo afecta a las empresas, sino que pone en riesgo el abastecimiento diario de miles de hogares.

Las principales cadenas de distribución alertaron que, de mantenerse el bloqueo, los productos frescos podrían comenzar a escasear en cuestión de horas en determinadas zonas.
El problema se agrava por la naturaleza perecedera de muchos alimentos y por la imposibilidad de redirigir rápidamente las rutas.
Ante este escenario, el sector propuso soluciones intermedias, como la habilitación de convoyes escoltados por quitanieves, ventanas horarias de circulación en tramos estratégicos y prioridad de paso para camiones con carga esencial, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan.
¿Qué advierten los transportistas sobre el impacto de las restricciones?
La Federación Nacional de Asociaciones de Transporte de España, a través de su presidente Carlos Folchi, alertó que el desabastecimiento puede sentirse en los lineales comerciales en un plazo de 24 a 48 horas si no se habilitan vías alternativas.
Desde el sector califican la situación como de “riesgo importante” si se extiende en el tiempo.
Folchi recordó que cerca del 90% de las mercancías en España se mueve por carretera, lo que da cuenta de la magnitud del problema.

Más allá del impacto económico, subrayó la situación de miles de conductores que permanecen varados, muchos de ellos a las puertas del fin de semana y lejos de sus hogares.
Otras patronales, como la Confederación Española de Transporte de Mercancías y la Asociación del Transporte Internacional por Carretera, cuestionaron el carácter preventivo de las medidas, al considerar que en varias zonas las condiciones reales de las vías no justificaban un cierre total.
En ese contexto, reclaman una coordinación más fina entre administraciones, basada en la realidad del terreno y no solo en previsiones, para evitar una parálisis innecesaria de la cadena de suministro.









