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El renovado interés de Donald Trump por Groenlandia volvió a centrar la atención en un aspecto clave del debate: los metales y minerales estratégicos que concentra la isla.

Lejos de tratarse de un país rico en términos económicos tradicionales, el valor de Groenlandia reside en su subsuelo y en su proyección futura.

Tierras raras, cobre, grafito, oro y otros minerales críticos explican por qué el presidente estadounidense insiste desde hace años en que la isla debería quedar bajo la órbita de Washington.

En un mundo atravesado por la transición energética y la competencia tecnológica, estos recursos se transformaron en activos geopolíticos de primer orden.

Groenlandia no tiene grandes reservas financieras ni un peso económico comparable al de las grandes potencias. Su economía se apoya principalmente en la pesca, el turismo y una minería aún incipiente.

Sin embargo, el potencial mineral de su territorio, gran parte todavía inexplorado por el hielo, la convierte en una de las regiones más codiciadas del Ártico.

Ese contraste entre una economía modesta y un subsuelo estratégico explica por qué Trump habla de la isla en términos de “protección nacional” y no como una simple inversión comercial.

Lo que está en juego no es la riqueza actual, sino el control de recursos esenciales para las próximas décadas.

¿Cuáles son los metales que busca Trump en Groenlandia?

El principal atractivo de Groenlandia son las llamadas tierras raras, un grupo de 17 elementos fundamentales para la fabricación de tecnologías clave.

En Níjar y Dalías se han identificado elementos como lantano, cerio y neodimio, claves para la industria tecnológica. (Foto: archivo)

Entre ellas se destacan el neodimio y el praseodimio, utilizados en imanes de alto rendimiento para motores de autos eléctricos, turbinas eólicas y equipamiento militar.

Estudios geológicos estiman que la isla podría concentrar hasta el 25% de los recursos mundiales de tierras raras, lo que equivale a cerca de 1,5 millones de toneladas de estos materiales.

A precios de mercado, su valor potencial asciende a cientos de miles de millones de dólares, aunque la cifra exacta depende de la viabilidad de extracción y del procesamiento industrial.

Además, Groenlandia posee importantes depósitos de cobre, grafito, niobio, titanio y rodio, todos considerados minerales críticos para la transición energética.

A esto se suman reservas de oro y posibles yacimientos de petróleo y gas en sus plataformas marítimas, aún poco explotados debido a las duras condiciones climáticas.

¿Cuánto valen estos recursos y por qué son tan codiciados?

El valor de estos metales no se mide solo en precios internacionales, sino en su papel dentro de las cadenas globales de producción.

Foto: ChatGPT imagen ilustrativa.

Las tierras raras, por ejemplo, se volvieron indispensables para sostener el desarrollo de energías limpias y de sistemas de defensa avanzados, en un contexto de demanda creciente.

Actualmente, China domina cerca del 60% de la extracción mundial y alrededor del 85% del procesamiento de tierras raras, una posición que le otorga una enorme influencia económica y política.

Para Estados Unidos, acceder a fuentes alternativas como Groenlandia resulta clave para reducir esa dependencia estratégica.

El cobre y el grafito, esenciales para baterías y redes eléctricas, también ganaron peso en los mercados internacionales. Su escasez relativa y el aumento sostenido de la demanda explican por qué las grandes potencias compiten por asegurar su suministro a largo plazo.

¿Qué dimensión geopolítica se esconde detrás del interés de Trump?

Más allá de los metales, el interés de Trump por Groenlandia responde a una lógica geopolítica más amplia. El Ártico se transformó en un espacio central para el comercio futuro, con rutas marítimas más cortas entre América, Europa y Asia gracias al deshielo progresivo.

Controlar Groenlandia permitiría a Estados Unidos reforzar su presencia militar y estratégica en la región, donde ya opera la base espacial Pituffik, antes conocida como base aérea de Thule. Desde allí se monitorean misiles balísticos y se garantiza una posición clave en el hemisferio norte.

Las ambiciones estadounidenses, sin embargo, chocan con límites políticos y sociales. Groenlandia es un territorio autónomo de Dinamarca, con una fuerte conciencia ambiental que llevó, por ejemplo, a prohibir la minería de uranio.

A esto se suma la competencia de otros actores globales, como China, que también busca ampliar su influencia en el Ártico.

Así, los metales que Trump quiere sacar de Groenlandia no solo representan una oportunidad económica futura, sino el símbolo de una disputa mayor por el poder, los recursos y el control estratégico de una de las regiones más sensibles del planeta.