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Cuidar el cerebro se ha convertido en una preocupación cotidiana. Cada vez más personas buscan ejercicios, rutinas y hábitos capaces de mantener la memoria activa, retrasar el deterioro cognitivo y llegar a la vejez con mayor autonomía.

En ese contexto, durante una entrevista con radio COPE en 2024, el neurólogo Javier Camiña puso el foco en una idea muy extendida: hacer sudokus, crucigramas o sopas de letras no alcanza para prevenir las enfermedades neurodegenerativas.

El especialista, vocal de comunicación de la Sociedad Española de Neurología, explicó que esas actividades pueden ser útiles, pero tienen un alcance limitado cuando se repiten siempre del mismo modo.

Los pasatiempos pueden estimular funciones concretas del cerebro, pero los especialistas advierten que no reemplazan hábitos más completos de prevención.Fuente: ShutterstockShutterstock

Por qué los sudokus no bastan para proteger el cerebro de enfermedades como el Alzheimer

La repetición de pasatiempos como los sudokus tiene, según el neurólogo, “un beneficio pequeño a largo plazo”. El problema no está en el juego en sí, sino en la falta de desafío real cuando la actividad se vuelve automática y solitaria.

El especialista sostiene que estos ejercicios entrenan algunas funciones concretas, pero no obligan al cerebro a crear conexiones nuevas con la misma intensidad que otras tareas. Por eso, frente a la pregunta de si los crucigramas o los sudokus protegen contra posibles enfermedades neurodegenerativas, Camiña apunta a otra dirección: actividades más complejas, variadas y con mayor carga de aprendizaje.

El matiz es importante. Resolver pasatiempos puede ser mejor que pasar horas frente a la televisión, una actividad más pasiva. Sin embargo, no conviene convertirlos en la única estrategia de salud cerebral. El cerebro necesita novedad, esfuerzo, toma de decisiones e interacción con el entorno.

Qué actividades ayudan más a prevenir el deterioro cognitivo

Camiña resume la alternativa con una propuesta directa: “Aprender algo que no sepamos”. Un idioma, un instrumento musical o una actividad creativa nueva obligan al cerebro a activar varias áreas al mismo tiempo. Esa exigencia favorece nuevas conexiones neuronales y fortalece la llamada reserva cognitiva.

Aprender piano, por ejemplo, combina lectura, coordinación de manos, percepción auditiva y memoria. Un idioma suma vocabulario, atención, comprensión y, muchas veces, contacto social. Esa combinación pesa más que una rutina cerrada y previsible, porque el cerebro trabaja de forma más amplia.

La Organización Mundial de la Salud recomienda actuar sobre hábitos de vida para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Sus guías incluyen ejercicio regular, control del peso, dieta saludable, evitar el tabaco, reducir el consumo dañino de alcohol y cuidar la presión arterial, el colesterol y la glucosa.

La actividad mental también importa, pero debe entenderse dentro de un conjunto. La evidencia reciente va en esa línea. La Comisión Lancet sobre demencia señaló en 2024 que cerca del 45% de los casos podría prevenirse o retrasarse actuando sobre 14 factores de riesgo modificables a lo largo de la vida.

Cuánto influyen el sueño, el ejercicio y la vida social en la salud cerebral

El neurólogo también insiste en que la prevención de las enfermedades neurodegenerativas no depende solo de lo intelectual. El ejercicio físico regular aparece como uno de los pilares más sólidos. Camiña habla de unos 150 minutos semanales de actividad moderada, una cifra alineada con recomendaciones internacionales para cuidar la salud general y cerebral.

La Sociedad Española de Neurología recuerda que más de 23 millones de personas padecen algún tipo de enfermedad neurológica en España. También estima que la prevención permitiría evitar que más de 100.000 personas murieran o vivieran con discapacidad cada año en el país.

El sueño ocupa otro lugar central. Camiña señala que un buen descanso ronda las 8 horas, con horarios regulares y sensación de reparación al despertar. Dormir mal afecta la atención, el estado de ánimo y la memoria a corto plazo. En adultos mayores, además, los problemas de sueño pueden confundirse con cambios propios de la edad, cuando en realidad merecen atención médica.

La interacción social, el aprendizaje y las actividades compartidas ayudan a mantener el cerebro activo con estímulos más variados.Fuente: ShutterstockShutterstock

La vida social completa el cuadro. Aprender en grupo, conversar, salir de casa y sostener vínculos también activa el cerebro. Camiña advierte que la soledad no deseada se relaciona con enfermedad mental, depresión e ictus. En ese punto, la prevención deja de ser una lista de ejercicios y se convierte en un modo de vida: moverse, dormir bien, comer mejor, aprender algo nuevo y no aislarse.