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Se cree que el amor y la felicidad van de la mano y que se puede acceder a ambas en cualquier momento de la vida. Pero también se puede perder la oportunidad de disfrutar de esos sentimientos si se aguarda hasta que llegue el momento adecuado, porque la espera muchas veces es paralizante.

Epicuro, el filósofo griego que mejor entendió la felicidad como experiencia cotidiana y no como algo abstracto, dejó escrita la frase que desmonta ambas trampas: “Que nadie posponga el amor y la sabiduría cuando es joven, ni se canse de ello cuando es viejo”.

La sentencia apunta directamente a las dos excusas más comunes para no disfrutar de la vida o buscar la felicidad: ser demasiado joven todavía, o ya demasiado viejo.

Pero la frase también apunta al extremo contrario: el cansancio vital de quien cree que ya no vale la pena cambiar. Para Epicuro, mientras hay vida hay posibilidad de placer, entendido no como exceso sino como ausencia de dolor físico (aponía) y tranquilidad del alma (ataraxia).

La búsqueda de la felicidad según Epicuro.Wikipedia

Nunca es demasiado tarde o temprano para ser feliz

La frase pertenece a la Carta a Meneceo, uno de los últimos escritos de Epicuro. Es breve, clara y sorprendentemente actual: una guía práctica para vivir sin angustia, donde el filósofo aborda el placer, el miedo a la muerte, el deseo y la amistad.

Desmontar una excusa muy común es el primer movimiento de la carta: la de quienes creen que la reflexión, el amor o el cuidado de la vida interior pueden esperar.

“Filosofar no tiene edad”, sostiene Epicuro, porque no se trata de acumular conocimientos sino de aprender a vivir bien. Postergar el amor o la sabiduría es, en el fondo, postergar la felicidad, y eso para el filósofo griego no tiene ningún sentido.

En la misma carta escribió que “el placer es el principio y el fin de la vida feliz”, una idea que suele malinterpretarse hoy pero que en su filosofía se asocia más con la calma que con el desenfreno.

Epicuro, filósofo griego.Wikipedia

Por qué la reflexión de Epicuro resulta tan actual casi 2.300 años después

Rodear la existencia de estímulos, expectativas y ansiedad, y posponer la felicidad hasta que todo encaje (el trabajo ideal, la estabilidad emocional, el éxito) es exactamente lo que Epicuro proponía evitar.

Su receta era la contraria: reducir los deseos, distinguir entre lo necesario y lo superfluo, y cultivar aquello que siempre está al alcance, como el pensamiento crítico, el disfrute de lo simple y el afecto recíproco con quien se tiene cerca.

No es casual que también escribiera que “de todas las cosas que la sabiduría procura para la felicidad de la vida entera, la mayor con mucho es la amistad”.