

Una pareja de turistas sudafricana compró terrenos degradados junto al Parque Nacional Chirripó para recuperar un bosque nuboso. Más de dos décadas después, el proyecto permitió restaurar parte del ecosistema y favorecer el regreso de aves, felinos y otras especies silvestres.
En 2002 los turistas sudafricanos Genevieve e Ian Giddy compraron una antigua explotación agrícola junto al Parque Nacional Chirripó, en Costa Rica, con el objetivo de recuperar un bosque afectado por la deforestación.
La iniciativa, que comenzó después de un viaje de la pareja al país centroamericano, dio origen a la reserva natural Cloudbridge
Tras 24 años de trabajos de conservación, el proyecto acumula alrededor de 50.000 árboles cultivados gracias a los turistas colaboradores y ha contribuido al regreso de numerosas especies animales a un territorio que anteriormente estaba destinado a la ganadería y la agricultura.

La historia comenzó en 2001, cuando los Giddy viajaron a Costa Rica para escalar el monte Chirripó, cuya cumbre alcanza los 3821 metros de altitud. Durante el descenso, observaron el contraste entre los bosques protegidos de las zonas altas y los terrenos deforestados que se extendían hacia las comunidades rurales.
Al año siguiente regresaron para adquirir su primera propiedad. Con el paso del tiempo, compraron otras seis explotaciones hasta reunir 283 hectáreas, que destinaron a la recuperación del bosque nuboso de transición, un ecosistema situado entre los 1500 y los 2500 metros de altitud.
Sin embargo, los primeros intentos de reforestación demostraron que plantar árboles no era suficiente para recuperar un entorno natural complejo.
¿Cómo consiguieron plantar 50.000 árboles y recuperar un bosque de Costa Rica?
Los primeros años del proyecto estuvieron marcados por dificultades. Según explicó Tom Gode, presidente de la Cloud Forest Conservation Alliance (CFCA), organización responsable de la gestión de la reserva, cerca del 90% de los árboles plantados inicialmente no sobrevivió.
El problema se debía, en parte, a que los ejemplares adquiridos en viveros comerciales no estaban adaptados a las condiciones del bosque nuboso de montaña. Además, las características del suelo y la exposición al sol dificultaban el crecimiento de las nuevas plantaciones.
En 2006, los responsables del proyecto modificaron su estrategia y comenzaron a recolectar semillas directamente de los bosques naturales situados a una altitud similar. También incorporaron técnicas para mejorar las condiciones del suelo, como el uso de cartón para conservar la humedad y de micorrizas, asociaciones entre hongos y raíces que favorecen el desarrollo de las plantas.
Los cambios permitieron aumentar progresivamente la supervivencia de los árboles hasta alcanzar el 90%. Otra de las técnicas utilizadas fue la denominada “plantación en isla”, que consiste en colocar árboles resistentes en terrenos degradados para atraer aves que transportan semillas y favorecen la aparición de nueva vegetación.
De acuerdo con la información publicada por Mongabay la plantación de 50.000 árboles tuvo como resultado recuperar gran parte de los terrenos de la reserva. El proyecto también permitió restablecer condiciones ambientales más favorables para numerosas especies que habían desaparecido de la zona que volvieron años después.

¿Qué animales regresaron al bosque de Costa Rica después de la reforestación?
La recuperación de la vegetación estuvo acompañada por el regreso de la fauna silvestre. En los primeros años de Cloudbridge, la presencia de animales era reducida debido a la degradación del entorno y a la desaparición de buena parte de su hábitat natural.
Sin embargo, los registros de la reserva publicados en 2023 revelaron que se habían identificado 305 especies de aves, una cifra aproximadamente 60 veces superior a la registrada durante las primeras etapas del proyecto. Entre ellas destaca el quetzal resplandeciente (Pharomachrus mocinno), una de las aves características de los bosques nubosos de Centroamérica.
Los investigadores también confirmaron la presencia de las seis especies de felinos silvestres que habitan Costa Rica: la oncilla, el tigrillo, el yaguarundi, el ocelote, el puma y el jaguar. Algunos de estos animales utilizan la reserva como parte de sus desplazamientos entre el Parque Nacional Chirripó y los terrenos situados a menor altitud.
Uno de los descubrimientos más relevantes fue la presencia de una hembra de puma que consiguió criar a sus cachorros dentro de Cloudbridge. Para los responsables de la reserva, este hecho constituye una señal de que el bosque recuperado dispone de recursos suficientes para albergar a grandes depredadores.
Pese a los avances, la recuperación del ecosistema todavía enfrenta desafíos. El aumento de las temperaturas, la reducción de la humedad y la fragmentación de los hábitats amenazan la supervivencia de las especies de montaña.
Por ese motivo, los responsables del proyecto plantearon ampliar las acciones de conservación mediante acuerdos con propietarios de terrenos cercanos y la creación de corredores naturales que permitan el desplazamiento de los animales.
La experiencia de Cloudbridge demuestra que la recuperación de un bosque degradado requiere décadas de trabajo y la adaptación de las técnicas de reforestación a las condiciones naturales de cada territorio.
Aunque los especialistas advierten que un bosque completamente maduro puede tardar siglos en formarse, el regreso de cientos de especies evidencia los avances alcanzados desde que dos turistas decidieron recuperar aquel paisaje de Costa Rica.

















