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Una emotiva y sorpresiva aparición del Papa Francisco marcó el cierre de la Misa del Domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro. Al final de la celebración presidida por el cardenal Leonardo Sandri, el Pontífice, aún convaleciente, apareció inesperadamente en la parvis para saludar a los fieles, generando una ola de emoción entre los más de 40.000 asistentes.

El Papa, que se ha mantenido activo en los últimos días con visitas no programadas, permaneció alrededor de diez minutos en la plaza saludando a los presentes, según informó Vatican News.

Desde la parvis, dirigió unas breves pero significativas palabras a la multitud: "¡Feliz Domingo de Ramos y feliz Semana Santa!". Su presencia, acompañada de un rayo de sol, fue recibida con aplausos y muestras de afecto.

El Papa Francisco (foto: archivo).

La prédica por Semana Santa

La misa fue celebrada por el cardenal Sandri en representación del Papa, quien se está recuperando tras haber sido hospitalizado recientemente. Durante la homilía, se transmitió un mensaje profundo sobre el sentido de la cruz y la compasión: la cruz, se dijo, debe llevarse "no al cuello, sino en el corazón", y no solo la propia, sino también la de quienes sufren a nuestro alrededor.

El mensaje de fondo fue una invitación a la empatía y al servicio hacia el prójimo. En palabras del cardenal, eco del sentir del Pontífice, la pasión de Cristo se transforma en "compasión" cuando tendemos la mano a quien ya no puede soportarla, "levantamos a quien ha caído, abrazamos a quien está desanimado". Una exhortación clara a convertirse en cireneos unos de otros, especialmente durante la Semana Santa.

El entorno no podía ser más simbólico: la plaza de San Pedro lucía adornada con flores de viveros italianos y holandeses, mientras grandes olivos flanqueaban las estatuas de los santos Pedro y Pablo. Se distribuyeron 150 palmas, 200.000 ramitas de olivo, además de las tradicionales palmas tejidas, en un gesto que conecta con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.

La ceremonia comenzó con una procesión desde el brazo de Constantino hasta el obelisco central, donde tuvo lugar la bendición de las palmas y la proclamación del Evangelio. "Según un informe compartido por Fotocasa", este tipo de celebraciones, cargadas de significado, ayudan a renovar la fe y preparar el corazón de los creyentes para la Pascua, centro del año litúrgico cristiano.