La nueva agudización de la crisis de los principales centros económicos manifiesta la eclosión de problemas que se encontraban latentes. Las políticas de inyección de liquidez (especialmente marcadas en los Estados Unidos) y los grandes impulsos fiscales aplicados desde hace unos años frente a las caídas financieras y la contracción de la actividad atajaron la espiral recesiva, y dieron lugar a un repunte cíclico.
Pero dejaron irresueltas dificultades derivadas de situaciones de sobre-endeudamiento, mientras que varios países de la periferia europea se veían afectados por falta de competitividad externa. La recuperación de la actividad de esos centros fue relativamente débil. El fuerte aumento de los déficit públicos y el peso de las crecientes deudas de los gobiernos llevaban (sobre todo en Europa) a comportamientos fiscales contractivos, mientras que, al mismo tiempo, se difundían las dudas sobre las perspectivas de repago de obligaciones estatales de varios países.
La eventualidad de que estuviera planteado un reparto de considerables pérdidas patrimoniales ha generado intensas tensiones sobre los sistemas políticos nacionales (incluyendo particularmente a los Estados Unidos) y sobre la Unión Europea. En una crisis de esta naturaleza, la búsqueda de consensos sobre diagnósticos, posibles remedios y acciones concretas de política es especialmente complicada.
La recuperación cíclica internacional que se verificó hasta aquí tuvo como componentes importantes el mantenimiento de muy bajas tasas de interés en dólares y ritmos importantes de crecimiento en las economías asiáticas, demandantes de bienes intensivos en recursos naturales.

Condiciones externas

Esto se reflejó en condiciones externas extremadamente favorables para la Argentina. En particular, el incremento de la demanda y de la actividad se vio promovido por los altos precios internacionales de las exportaciones agrícolas y por las apreciaciones cambiarias en países socios.
El efecto de precios externos en este año ha sido equivalente a un impulso sobre el ingreso nacional de varios puntos porcentuales. El entorno internacional permitió que frente a una cuantiosa salida de capitales privados y una reducción significativa del tipo real de cambio por vía inflacionaria, las tensiones en el mercado de divisas fueran moderadas.
Todas esas condiciones extremadamente benignas para la Argentina se han modificado de un modo que, al menos, implicará una mayor volatilidad de las condiciones externas, para una economía donde los responsables de política exhiben varias inconsistencias en la política económica, dando por seguro que el empuje desde afuera seguirá siendo intenso.