Un shock de inversiones. Esa es la principal necesidad de los habitantes porteños y el mayor desafío que tendrá quien resulte electo para gobernar la Ciudad de Buenos Aires por los próximos cuatro años, luego del ballottage del próximo domingo 31.

Más líneas de subtes y extensión de las redes actuales, obras para mejorar el tránsito, para evitar las inundaciones, viviendas, mejoras en los hospitales y colegios. Mayor gestión y una correcta administración del presupuesto serán clave, pero la concreción de obras de envergadura dependerán de la posibilidad de obtener financiamiento barato.

La Ciudad hoy puede darse el lujo de cubrir con ingresos propios sus gastos corrientes el superávit operativo ronda los $ 3.000 millones, pero necesita recursos para la realización de obras gastos de capital.

La imposibilidad de acceder a préstamos de los organismos internacionales de crédito por la falta de avales de la Nación es el argumento que expone el gobierno de Mauricio Macri a la hora de explicar los planes incumplidos, por ejemplo, con el plan de obras en los subtes.

La oposición le cuestiona que los u$s 500 millones obtenidos en el mercado tras la colocación de un bono fueron invertidos en títulos públicos en lugar de concretar el plan y la gestión del PRO se defiende al plantear que una parte fue colocada en Lebac ante las demoras en la licitación de la obra, pero el resto está siendo desembolsado en el proyecto de los paso a nivel denominados sapitos para alivianar el tránsito, precisaron fuentes del gobierno porteño.

Si Macri resulta el ganador de la segunda vuelta, la búsqueda de financiamiento sería una prioridad, aunque confían en que mejore el vínculo con el gobierno nacional y, de esa forma, conseguir los avales para poder tomar créditos con el BID, el Banco Mundial o la Corporación Andina de Fomento (CAF). De todas maneras, admiten que las utilidades del Banco Ciudad podrían aportar fondos para obras. El problema de la Ciudad es ése. Más de lo que estamos haciendo para bajar el gasto, no se puede. La otra alternativa es que se pudiera negociar un cambio en la ley de Coparticipación, ya que la Ciudad aporta el 25% de la torta nacional y sólo retira el 1,4% $ 1.500 millones, indicaron las fuentes macristas.

La Ciudad emitirá un nuevo bono para disponer de otros u$s 500 millones, pero sólo u$s 200 millones serán destinados a terminar las obras que se empezaron; el resto se requiere para pagar deuda. Y para construir una línea de subte 10 kilómetros aproximadamente se necesitan de u$s 1.200 millones.

Existe, sin embargo, una oferta de los empresarios chinos para construir una línea transversal (la G) que vaya desde Villa del Parque hasta Retiro, que sería financiada por un banco del gigante asiático en un 85% a una baja tasa.

Perforaron 400 metros de subtes y dicen que inauguraron más porque son las obras que venían de antes. Es imperdonable teniendo los recursos, indicó un miembro de los equipos del candidato a jefe de gobierno porteño por el kirchnerismo, Daniel Filmus.

Aprovechó para plantear que hay que avanzar en una autopista ribereña y realizar obras para descongestionar el tránsito e incentivar el medio de transporte público y remarcar además que hay que administrar correctamente el Presupuesto, ya que en 2010 la ejecución en lo que respecta a obras en vivienda, salud y educación fue del 27,5%, 75% y 33% respectivamente.

Pero el integrante del equipo K admitió que para las grandes obras se necesitan estructuras financieras y que es razonable el endeudamiento para este fin, siempre y cuando sean proyectos claros y ejecutables.

Mientras que desde la gestión macrista admiten que las obras deben realizarse con financiamiento porque ya no hay margen para subir más impuestos ni bajar más el gasto, referentes de la oposición admiten que aún puede haber ajustes.

El referente económico de Pino Solanas, Claudio Lozano, aseguró que por el lado de los ingresos, hay que replantear la carga impositiva, bajando la presión sobre Ingresos Brutos y aumentando la que pesa sobre los impuestos Inmobiliario y Automotor (Patentes), mientras en lo que respecta al gasto, hay que bajar el peso de la redeterminación de precios con los contratistas.