Sólo quiso estar rodeada de sus familiares. Por eso apenas hubo un puñado de colaboradores, quienes no accedieron a la Presidenta, y los profesionales que la operaron y asisten en el segundo piso del Hospital Austral. Así fue el primer día de Cristina Kirchner tras su operación, cuyas primeras horas después de la anestesia las transcurrió molesta y de mal humor.

Era algo lógico que la mandataria mire seriamente y con caras de pocos amigos a los enfermeros y profesionales después de las tres horas y media que duro la intervención. En ese lapso, CFK no podía hablar. Con el correr de las horas, Cristina recuperó el buen humor. Al final del día, y en las pocas palabras que pudo decir, hasta bromeó con los médicos. Tampoco pudo maquillarse debido a la cicatriz de la intervención, pero se entretuvo retocándose las uñas.

A la habitación 217, en la que se aloja CFK, solo accedieron ayer sus hijos Máximo y Florencia. También la madre Ofelia Wilhem, su cuñada y ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, y Giselle, la hermana.

Además están reservadas dos más la mitad de la segunda planta para el uso de los acompañantes presidenciales. Los únicos que no pertenecen al círculo familiar que se movieron entre esas habitaciones extras fueron el secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, y el vocero Alfredo Scoccimarro. Entrada la tarde también ingreso el diputado electo Andrés el Cuervo Larroque, quien charló con Máximo.